• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Las ovejas descarriadas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El señor Maduro ha perdido una oportunidad, aunque adversamente dramática, trascendente, de darle una lección moral al país, haciéndole frente a la situación de dos miembros de su más íntimo entorno familiar hoy detenidos en el estado de NY acusados de narcotráfico. Una lección necesaria para un país donde esa institución milenaria conocida como Familia, pasa por una crisis muy profunda que amenaza con desintegrarla. Una lección, además, que alguien que se dice revolucionario tiene y debe dar por razones éticas, porque se supone que una revolución que proclama la promoción del hombre nuevo está obligada a condenar toda conducta que se aleje de la legalidad y mucho más si esa conducta implica un daño a toda una población. En este caso aquello del fin justifica los medios, no es válido.

Por desgracia, el señor Maduro pareciera haber olvidado que un cúmulo de circunstancias lo pusieron en ese lugar en el que privilegios, ética y responsabilidades marchan juntos como una trinidad indivisible, como es ser presidente de una nación y que por esa sola condición tenía que hacerle frente a la conducta delictiva de unos jóvenes descarriados crecidos y educados en el seno de su propia familia que, de acuerdo con las informaciones no desmentidas, construyeron una fortuna con métodos no permitidos.

Ovejas descarriadas las ha habido, las hay y las seguirá habiendo en el seno de todas las familias y en todos los niveles sociales; también ha habido, hay y seguirá habiendo familias que le hacen frente a esa adversidad, como hay otras que dejan hacer, dejan pasar y terminan por adherirse a los nefastos encantos que eventualmente pueden producir esas conductas. Las tentaciones son muchas y en estos tiempos, como en ningún otro, la lujuria y el gusto por el dinero fácil han crecido como un verdadero tsunami destructor de toda estructura moral, al punto de haberse convertido en metas para nada dignas, pero metas al fin, de tantas ovejas descarriadas que pretenden actuar con absoluta impunidad. El presidente Maduro tendría que haberse preguntado como jefe de familia cuál era la procedencia de la fortuna exhibida por esos jóvenes, exigirle explicaciones y cerciorase de su origen, si no lo hizo, falló como jefe de familia con el agravante de no tener justificación por contar como jefe del Estado con una estructura de investigación capaz de entrar en el último agujero de los hechos.  

Si han sido de naturaleza política y electoral  las razones que llevaron a la familia presidencial para en vez de hacerle frente al problema, valerse de la hegemonía comunicacional para tratar de ocultar el hecho tal y como ha sucedido, estaríamos frente a un error descomunal porque esa conducta da pie para pensar que todo cuanto se teje acerca del llamado narcoestado y la participación de altos funcionarios y oficiales de la FA en ese sucio negocio, no es un trapo rojo, ni una invención de los laboratorios de guerra sucia.

Silenciar un hecho público y notorio o, lo que es peor, acusar de secuestro, de “olla bien montada”, como lo afirmara el presidente de la AN, una  noticia universalmente difundida que da cuenta de dos miembros de la familia presidencial presos y sometidos a juicio en NY por haber sido sorprendidos en una operación encubierta de la DEA en Haití, haber exhibido pasaportes diplomáticos sin ser funcionarios de la Cancillería, que en una primera instancia alegaron inmunidad diplomática, más que un error es un exabrupto que lleva a las imaginaciones más encendidas a pensar todo lo no imaginable. Qué distinto hubiese sido que el primer mandatario, cumpliendo con su deber ético como presidente y como el revolucionario que dice ser, hubiese aparecido en cadena nacional refiriéndose al hecho, alegando lo que a bien hubiese podido y exigiendo abrir una investigación encomendada a una comisión de la verdad en la que no hubiese ningún personaje del oficialismo, ni de la oposición, para llegar al fondo del asunto. Estoy seguro de que sus niveles de rechazo que todos los días crece gracias a sus errores habrían sufrido una alteración a su favor. Por desgracia, no fue así y no sabemos si por decisión propia o impuesta por una entidad mayor que los venezolanos desconocemos, aun cuando hechos como estos les abre las puertas a la sospechas, a las conjeturas e incluso a los más extraviados malos pensamientos.

Como lo he hecho en muchas ocasiones, a  raíz de la noticia he observado con detenimiento la acción de ese coro siempre dispuesto a defender lo indefendible, a negar lo innegable, a inventar lo que no existe, a llevar al paredón a la mismísima inocencia, que opera desde la AN en ocasiones muchas con criminal vehemencia cada vez que se le cae una teja al techo, me he puesto a pensar cómo habrían sido las letanías injuriosas de ese coro si las ovejas descarriadas hubiesen sido miembros del entorno íntimo de alguno de los líderes de la oposición. Con seguridad, la leña en el fuego en los medios de comunicación secuestrados por el régimen habría sido suficiente para aniquilar a la más oculta de las disidencias. Acusar y calumniar sin pruebas es un delito que viola los derechos humanos. Exigir explicaciones convincentes es en cambio un ejercicio democrático consagrado en el derecho del ciudadano y deber ineludible del gobernante, según lo expresa con claridad la carta magna que tantas veces el régimen se empeña en violar.