• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

De la murga al joropo con alpargatas (1)

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Se acabó el show, ya se apagó la Cumbre, cada presidente salió con su portafolio medio vacío de buenas esperanzas y regresan a las realidades de sus respectivos países a enfrentar los problemas en un escenario con  menos candilejas y más oscuridad. El nuestro, para la ocasión, se puso un traje anticolonialista muy colorado, pretendiendo con ello ser protagonista, que de poca o ninguna ayuda le servirá para salir de la crisis que, provocada por sus funestas decisiones, asfixia al país. Antes de emprender el viaje, alborotó el avispero con una campaña multimillonaria para recoger firmas a punta de métodos dictatoriales, no sabemos cuántas, con este gobierno nunca se sabe, porque aun cuando recoja mil dirá que son millones, firmas que no envió pero hizo certificar por el CNE, despertando muchas malas sospechas, como bien lo denuncia el editorial de El Nacional del sábado 11 de este mes. Lo que quedó realmente demostrado es que el gobierno venezolano fue a esa cumbre sin propuestas sobre el tema principal y con el único propósito de agitar, junto a sus socios, una cayapa contra Obama, pero eso es ya más que historia pequeña, historia de intrigas y chismorreo  que en  nada contribuye y a nadie beneficia.

Ahora de la murga panameña, de los sancochos de gallina a la leña con mucho cilantro, de  los pico de gallo, de la guachafita turística de las barras venezolanas exhibiendo sus franelas emblemáticas pasamos a este joropo con alpargatas que nos regalan los disparates cometidos por un gobierno que no supo aplicar a lo largo de  su larguísima gestión el abecé del sentido común, tal y como lo aplican los buenos cocineros en su afán de dispensar una buena comida. Si, usted leyó bien, dije y escribí cocineros, unos oficiantes que están en la necesidad de satisfacer a un conglomerado de comensales con gustos diversos, culturas gastronómicas distintas y caprichosas papilas gustativas que igual cantan goce, como decepción. Por eso el cocinero, así como el gobernante está en la obligación de pensar y pensar bien, lo cual significa pasearse por todas las posibilidades a su alcance para lograr el mayor consenso gustativo. En nuestro caso este gobierno se aferró a un pensamiento único, escogió los ingredientes según la propia conveniencia, apostó por el populismo, a la autocracia, y al militarismo desechando y condenando todo aquello que lo contradijera y por lo tanto  sus acciones  han tenido un rechazo  que cada día crece y no precisamente como la espuma.

Este gobierno no miró el panorama completo, sino que se conformó con mirar y seleccionar solo la carestía y olvidar la totalidad de la despensa. Al no pensar y no mirar la totalidad de la despensa, tampoco olió todos los aromas que impregnaban los espacios seleccionando solo aquellos que servían a la confección de un plato para ese momento desconocido por todos, lo cual constituye un engaño con premeditación y alevosía que siempre arroja resultados desagradables, porque el ciudadano, como el comensal, requieren y exigen transparencia. Al no pensar, ni mirar, ni oler, también olvidó tocar la totalidad de la realidad y se aferró a manipular los bajos instintos de una sociedad que no estaba conforme con lo que hasta ese momento había recibido y comenzó a aumentar la dosis de hierbas tóxicas como el resentimiento social, la desigualdad y la pobreza, introducidas en una salsa con sabores agradables llamadas dádivas para que el pueblo permaneciera ardido por una parte, pero satisfecho a medias por otro.

En esas circunstancia los cocineros saben que tienen que utilizar el cuchillo para cortar lo que sobra y dejar la pieza con una pulcritud visual atractiva, sin embargo, en nuestro caso los cortes fueron salvajemente hechos, y con un cálculo muy preciso cortaron en un primer momento los brazos financieros de la oposición, los cuales después de una gran lucha los proveía el Estado según los méritos de cada agrupación, le entraron a palos al aparato productivo nacional, confiscaron y expropiaron fundos, empresas y bancos y fondos financieros, con calculada  premeditación hasta llegar a este desnivel en el que no hay forma de corregir el mal sabor sin una rectificación a fondo que no se ve ni siquiera en la intención. Lo peor del caso es que ha cortado tanto y tan mal que ya no tiene de dónde sacar algo comible, y es que hay cocineros que además de malos piensa que su mejor negocio es intoxicar a sus comensales para que no vuelvan nunca más a decir cómo se hace un plato. 

Todo cocinero deficiente en su oficio, soberbio y mal intencionado, por lo general, no selecciona adecuadamente los métodos de cocción, no  suele servir el alimento sin que haya habido una prueba con rectificación incluida, y es precisamente lo que hace toda autocracia y mucho más la militar, acostumbrada a meterle el rancho a la tropa por la boca sin admitir quejas. Así han hecho estos malos gobernantes con el país y lo han dejado en la inopia y ya sin plato que mejorar. Los cocineros que no pronuncian debidamente los verbos fundamentales del sentido común, como  los gobernantes con igual comportamiento, no tienen, ni sienten la necesidad de analizar, examinar, estudiar, si algo está malo o por qué. Para ellos basta decir que la culpa de todo la tiene su abuela, o el vecino, o el proveedor, o alguien que pasó y le quiso sabotear el palto, lo mismo que hacen y han hecho los autócratas de todo el mundo y los de aquí no son la excepción. Por eso van de cumbre en cumbre con una chilladera desafinada acusando de sus propios errores a mucha gente que ni siquiera tuvieron vela en ese entierro.

De aquí en adelante y después de la alharaca que formaron en Panamá hay que llamarlos a que dejen las excusas y se pongan a conjugar los verbos del sentido común antes de que sea tarde y se abran o se cierren según la visión de cada uno, las puertas de la inseguridad, del desabastecimiento, del costo de la vida, de la falta de dólares, de la corrupción, se acelere la muerte de nuestro aparato productivo y termine por abrir las puertas de eso que llaman los corralitos que son la fase incurable y terminal del cáncer en una crisis como la nuestra, según lo han advertido los más serios analistas de la materia ante el anuncio del llamado cadivazo con el que se recortan drásticamente las cantidades de dólares para viajes y otros usos que tienen algunos pocos venezolanos. Es bueno recordarle al gobierno aquel dicho popular según el cual el que da y quita, el diablo lo visita.