• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

¿Ha muerto Platón?

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El papa, los mandatarios democráticos del mundo, la OEA, la ONU, la Unión Europea, una buena porción de venezolanos conscientes de que por el camino que vamos solo nos espera el desastre, queremos diálogo; sin embargo, el régimen no lo quiere y ha preferido desconocer la voluntad popular expresada el 6-D y tomar la ruta del hostigamiento, la confrontación, el entorpecimiento de la vida ciudadana y de la represión. Conductas propias de las tiranías cuando el destino les marca el repudio colectivo y la impopularidad los alcanza. Camino terriblemente perturbador porque nos aleja de cualquier solución real a la grave crisis moral, política, económica y social que sacude, con intenciones de exterminio, a nuestra ya suficientemente herida república.

Este régimen insaturado, ¡qué paradoja!, con las herramienta de la democracia, que ha logrado burlarse del pueblo como le da la gana aplicando los chantajes que se derivan de un populismo salvaje, utilizó el voto hasta la saciedad, pero desconociéndolo cada vez que le fue adverso como lo demuestran; solo para citar algunos casos, el plebiscito sobre la enmienda constitucional, cuyo resultado desquició al ya desquiciado caudillo, al punto de hacerlo pronunciar aquella escatológica respuesta según la cual se trataba de una victoria de m…; el caso Capriles en Miranda que lo llevó a crear una “corporación” con presupuesto propio y con ello castrar los programas del gobernador electo; el caso Ledezma en el Distrito Capital donde aplicó la misma irresponsable e inconstitucional conducta, y ahora lo que hace para invalidar y destruir a la actual AN, en manos de la oposición apoyado, única y exclusivamente, por una cúpula militar con sus muy oscuros intereses, un CNE que, aun desprestigiado, perturba toda iniciativa de cambio, y un TSJ formado en su totalidad por jueces, militantes unos y mercenarios otros, con libreto y sentencias escritas por la dictadura, convirtiéndose en el vil instrumento que el régimen utiliza para desconocer la voluntad popular.

Quienes crean que el resultado del 6-D le cayó al régimen y a la dictadura cubana de sorpresa, quienes crean que el régimen con la ayuda de todos sus aliados no estudió con detenimiento la respuesta a dar bajo esa circunstancias, quienes no entiendan que todas sus acciones obedecen a un plan rigurosamente estructurado por expertos, propios y foráneos, en tácticas dilatorias unas y otras de confrontación, no entendieron que este camino, bastante avanzado por cierto, ha sido dirigido y actualizados sus métodos por los cerebros de un régimen que tiene más de cincuenta años en el poder y que decidió también meter a Venezuela en la agenda de los Castro en sus conversaciones con Obama cuando apenas horas antes del encuentro, condecoró a Maduro con la orden José Martí, como diciendo, Obama te presento a nuestro hombre en Venezuela.

La ecuación hasta ahora les había resultado bastante sencilla con todos los poderes en sus manos y con victorias logradas por un caudillo mentiroso y carismático y un barril de petróleo a más de cien dólares, pero mire usted que el muy dudoso triunfo de Maduro en las presidenciales encendió la alerta roja de una cúpula que entendió que había llegado el momento de encender todos los motores de la radicalización sin importar las consecuencias, radicalización que con la derrota sufrida el 6-D pasó a ser expresada por la cúpula gobernante con gritos y amenazas de guerra a muerte.

En circunstancias como las actuales para un régimen que ha insistido en conductas propias de un Estado forajido, diálogo y procesos electorales de ningún tipo no solo no son concebibles, sino indeseables porque además de desnudarlos en su totalidad, en el caso del diálogo, los llevaría a pactos y soluciones de consenso que derrumbarían los cambios hechos con premeditación y alevosía en el actual sistema de injusticia, los métodos de sumisión al pueblo, las coacciones y chantajes para doblegar la voluntad de los más necesitados, saben, además, que con un diálogo a fondo que indague sobre los recursos extraordinarios que ingresaron a la nación durante más de una década podrían quedar al descubierto muchos de los casos de corrupción que llevaron a Venezuela a un estado de ruina sin precedentes, podría también poner al descubierto y darle un duro golpe a las estructuras paramilitares creadas, al crimen organizado y al narcotráfico y a esa asociación, que va en progreso, entre las bandas criminales diseminadas en todo el país, que han logrado amedrentar a la sociedad venezolana y, aunque usted no lo crea, generar mucha inquietud en las propias filas del autoritarismo, como suele suceder en la vida diaria de los Estados, que por alguna razón, toman la forma y el fondo de los Estados forajidos. En el caso electoral sabe el régimen que llegaría su fin con castigo incluido.

Un régimen que amenaza, que tiene presos políticos, que se niega a reconocer sus propios errores, que pone trabas a las investigaciones de corrupción, que sistemáticamente atropella la voluntad popular y manipula la verdad de los hechos con el apoyo de “instituciones” desprestigiadas y heridas en su esencia, que ha sido descubierto por el pueblo en sus engaños y fechorías, no ve en el diálogo y en unas elecciones a un enemigo mortal, de allí las conductas fraudulentas del CNE en su intento de impedir el revocatorio, intento que no cesará, del TSJ torciendo a diario la voluntad popular en su afán de destruir a la AN, afán que no cesará, y de la de una cúpula militar que guiada por sus propios intereses ha terminado por ser uno de los mayores protagonistas de este golpe de Estado permanente.

Cuando Maduro dice: “De ganar la oposición, no entregaremos nada”, y escuchamos que esto se repite como un estribillo en las voces desafinadas de Cabello, Padrino y otros exponentes del autoritarismo, puede jurar que esa expresión es el producto más genuino del miedo que tienen a perder el poder. A estas alturas del juego no resulta descabellado pensar que siendo para la cúpula que impera tanto el diálogo como la medición electoral, un peligro y un estorbo, estén pensando en la vieja consigna “Primero patria, socialismo y muerte” que reconocer el fracaso rotundo de un régimen que dijo hacer una revolución, cuando en verdad lo que hacía era destruir al país más promisor del continente por órdenes de una tiranía que logró penetrar nuestra soberanía. Estamos en presencia de una estrategia comunista clásica vigente en Cuba y distribuida con carácter de ley de obligatorio cumplimiento en su colonia. Sugeriría a la oposición no cantar victoria por la entrega de las planillas para el revocatorio y recordarle que la calle es el mejor escenario para la lucha democrática.