• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

El miedo es libre y peligroso

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Este régimen ya convertido en dictadura, sabe que moralmente ha sido  revocado gracias a sus desaciertos y atrocidades, no obstante    pretende exhibir una fortaleza que no tiene,  sin percatarse que lo que realmente exhiben, es un miedo que le sale hasta por los poros. Lo hace Maduro cuando habla, amenaza, acusa sin pruebas, y le exige al TSJ que prohíba todo aquello que de acuerdo a la Constitución puede y debe hacer la oposición.  Lo hace Cabello cuando exhibe sus herramientas de dictador de facto y toma el micrófono para amenazar y anunciar que el revocatorio no se efectuará ni en el dieciséis, ni en el diecisiete y que hasta dentro de treinta años no habrá una elección que no gane un chavista;  lo hace Jorge  Rodríguez cuando abandona sus funciones como alcalde, siempre lo ha hecho, para convertirse de facto en el presidente del CNE y desde allí instrumentar un discurso con el que pretende desmoralizar a ocho millones de votante y   poner en estado de  shock a toda una sociedad, lo hace Jaua, uno de los mayores guarimberos que conoció la llamada cuarta república,  cuando declara que sus intervenciones le causan terror a la oposición, y de manera muy particular lo declara continuamente Padrino cuando habla desde su profunda ignorancia constitucional de una doctrina falsa por los cuatro costados y de paso anuncia las falsas maniobras de quinientos mil hombres en la calle, que según él están para adiestrarse en lo que deben hacer a la hora de una invasión o de un golpe, cuando la verdad es que como las OLP están en la calle para amedrentar a un pueblo que cada día los repudia más.

La  cierto es que Maduro y compañía están en el atolladero que representa el repudio popular y para combatirlo solo tienen el camino de la violencia y la represión  sintetizado en blanco  y negros en los decretos más recientes en los que con la ambigüedad que le es característica a las redacciones de los regímenes totalitarios, se inhabilitan todos los derechos ciudadanos y se les deja expuestos a la violencia criminal que es corriente en los colectivos violentos mejor llamados paramilitares que el régimen creó, armó y protegió con la impunidad.

Ni a Maduro, ni a los seis socios fundamentales que tiene dentro de la llamada cúpula, ni a los hermanos Castro les interesa un diálogo, elecciones regionales  y menos aun un revocatorio. Por eso la línea de conducta que siguen es el de la confrontación permanente, el hostigamiento y la provocación, todo ello manejado con un cinismo fuera de todo límite, invocando la palabra paz.

 

A este régimen no le importa  la sangre que se pueda derramar a la hora de un conflicto, más bien pareciera que su estrategia de provocación y represión lo desea, no le importa  si la familia venezolana se ahoga en penurias inmerecidas, si el hambre las acosa y las liquida, solo les importa retener el poder porque es desde allí que pueden reforzar el manto de impunidad que los ha cubierto desde hace diecisiete años.  Lo que piensen gobiernos, líderes democráticos, sedes arbitrales como la OEA, la ONU, la UE, los tiene sin cuidado, para ellos solo cuentan la arbitrariedad, el abuso de poder, el aniquilamiento de la oposición sin importar el método,  aun cuando el mismo implique  la muerte de la Constitución. 

Todas sus ejecutorias desde el 6-D para acá están signadas por la desesperación y el miedo lo cual nos lleva a advertir que el peligro para la paz nacional aumenta a niveles impensados y que  el régimen actúa con falsa arrogancia desde la profundidad de ese miedo por saberse derrotado y rechazado  por un pueblo que se cansó de tanta mentira y abuso, y es desde esa fatal circunstancia, que  los seis o siete de la cúpula, decidieron lanzarse por el callejón de la ruptura constitucional con un decreto de emergencia y un estado de excepción que,  tal como lo señalan los más destacados juristas del foro nacional e internacional, criminaliza el derecho ciudadano de denunciar, protestar y oponerse a los abusos de poder; suspende la libertad de asociación, reunión, expresión, información, manifestación pacífica; promueve mecanismos ilegales para el control del orden público al darle funciones de vigilancia y control a grupos de filiación político partidista; desconoce pactos y tratados internacionales; atribuye facultades arbitrarias al Presidente de la República; prohíbe la cooperación internacional para labores calificadas como de “fines políticos” o “desestabilización de la República”, Impide el trabajo de las ONG independientes; militariza la cadena de producción, comercialización y distribución de alimentos y hasta deja bajo su férreo control las fuentes de agua, los bosques y todo aquello que pueda tener vida propia”.

Es decir, todo un compendio de fascismo extremo  y por lo tanto totalitario con el que el régimen pretende castrar toda protesta y toda resistencia promovido desde el miedo.  El poder los obnubiló y les hizo perder la razón. Es solo cuestión de revisar su  lenguaje desde su aparición hasta nuestros días, y comparar giros y tesituras, siempre en involución,  desde aquella adulancia al pueblo utilizando las peores herramientas de un populismo salvaje e irresponsable, a la actual conjugación de las amenazas y las represiones que sobre salen en cada discurso.

Ya no solo molestan al régimen las actuaciones de la oposición, ni la conducta legislativa a favor del pueblo que ejecutan los diputados de la oposición en la AN, sino que ha pasado a molestarlo profundamente el propio pueblo, (el 82%  de los venezolanos quieren un cambio ya), sometido como está a las penurias que el régimen sordo, mudo y militarmente obtuso y bruto, le causa. Finalmente el pueblo se dio cuenta de todo y al régimen no le tocó otra que dejar el disimulo y declararse dictador.

Falta mucho por ver y la oposición,  ante la avalancha ya anunciada de una feroz represión, no las tiene fácil, porque tiene urgencias que resolver ya y para ello necesita, una unidad perfecta  sin jugadores en posición adelantada, mucha imaginación, una alianza real y efectiva con todo el pueblo descontento, actores y discursos capaces  de conformar un gran frente de unidad nacional  y, sobre todo,  temple para presionar desde la calle sin caer en las provocaciones de violencia que un régimen forajido le tiende todos los días para emboscarla  y acusarla de cada muerte que ocurra en algún indeseado enfrentamiento. Escenario complejo, nada fácil que requiere sabiduría, determinación y una inteligencia política capaz de arrinconar el monstruo y hacerlo entender que en política,  como en la vida, a veces también se pierde.