• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

El legado moribundo

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Aun cuando usted no lo crea y así le parezca que este régimen que no pierde oportunidad para mostrar los dientes de la represión, que persigue, amenaza, que viola a diario la Constitución, agrede a la oposición y es duro de matar, en la voluntad y el sentir popular, está muriendo. Lo del 6-D fue solo un preaviso. Él mismito se ha ido matando a punta de tanto engaño, despilfarro, incompetencia y corrupción. ¿Que patalea? Claro que patalea, como han pataleado todos los de su especie antes de caer. Lo único que tenemos que hacer es voltear un poco los ojos hacia la historia más reciente para darnos cuenta cabal de que este régimen, engendrado y nacido de una mentira, es el protagonista de un final tan lamentable como macabro, porque no se puede calificar de otra manera el final de esta amarga aventura chavista que comenzó con las proclamas y promesas de un líder populista y carismático, montado en  los errores de una dirigencia democrática que generaron desencanto en el pueblo, anunciando convertirnos en una gran potencia mundial en medio de una bonanza petrolera como nunca más conoceremos, para terminar empobrecidos y arruinados, sin agua, sin luz, con un desabastecimiento que anuncia hambrunas, una moneda destruida y, lo que es peor, un país dividido, vapuleado, saqueado y un gobierno que anda por el mundo mendigando los recursos que dilapidó en nombre de una vaina que a alguien se le ocurrió llamar revolución y que nunca existió. Ese es en pocas palabras el grueso del legado “revolucionario” del que se fue.

Recorrer estos diecisiete años con una mirada limpia de prejuicios es un amargo y doloroso paseo por la irracionalidad, por el engaño y la desesperanza, es introducirse en una burla continuada que no tiene fondo, es cabalgar por una geografía infectada por el odio y el resentimiento sin que podamos ver causa que la justifique, es andar por la esterilidad de ideas que perdieron su razón de ser desde hace mucho más de un siglo.

Basta escuchar el repetitivo discurso en el que ya nadie cree, basta ver su vaciedad y mirar los resultados para entender que, en toda la historia de Venezuela, y me atrevo a decir que de nuestro continente, no hay fracaso que lo iguale desde cualquier punto de vista. Usted puede tomar cualquiera de los rubros que sirven para visualizar los avances de un país y solo encontrará decepción y pésimos resultados.

La economía no ha podido caer en peores manos y derrumbarse de peor manera, el debate político no pudo ser arrastrado a bajeza mayor, la inseguridad con su saldo trágico medido en muertes y sus nuevos protagonistas manejados por el pranato de la delincuencia no encuentra parangón en el continente y el mundo, el colapso del sistema de salud no ha hecho sino demostrar que para esta revolución la salud del pueblo carece de importancia, los atropellos a la educación, comenzando con la ideologización de la misma y terminando con el ahogamiento al que tienen sometidas a nuestras universidades, ha sido brutal, la incompetencia, la falta de planificación y el funcionariado escogido para conducir el país se exhiben sin ningún pudor, el llamado hombre nuevo que con tanta dispendiosidad y retórica de la peor especie se promocionó, resultó ser un individuo menos que mediocre, aprovechador, chantajeable, pendenciero a veces y adulante a toda hora, peor imposible, por no hablar de la corrupción que en estos diecisiete años desbordó todas las marcas imaginables. Ni siquiera se salvan las llamadas misiones que, como un instrumento de proselitismo y chantaje, tan solícitamente les montara Fidel, aguantan la más benévola auditoría social.

Después de diecisiete años los autores de este intento de patricidio han comenzado a recoger las furias que sembraron sus propias tempestades y el pueblo ya sin vendas en los ojos, ni propaganda que le nuble los sentidos, ha comenzado a decirles NO, hasta ahora con el voto silencioso como sucedió el 6-D, hecho que les dejó una profunda herida que sangra, y sangra mucho, que tratan de tapar con la única vía que conoce su propia naturaleza autocrática y golpista, con la arbitrariedad y el atropello a las instituciones.

De aquel largo y costoso culto a la personalidad representado en una procesión permanente organizada a nivel nacional e internacional, que consumió cifras incuantificables, reverencias obsecuentes de los sectores más variados, solo quedan algunos pendones rasgados como banderas vencidas prematuramente por el tiempo, las cintas y planchas que recogen sus discursos cada vez menos citables, pero siempre prontos para ser editados a manera de un recordatorio que ya surte muy poco efecto y un sarcófago solitario visitado por sus “herederos” cuando la circunstancia política lo requiere para decir las mismas mentiras que ya dejaron de tener efecto y nada más.

La idea de colocar al responsable mayor de todo este desmadre en un altar a la par y misma altura de Cristo, según los más fanáticos, o de Evita según otros, ha fracasado y aun en las filas de sus fervientes seguidores advierten que su pretendida santidad entró en picada arrastrada como ha sido por una crisis que nació y se desarrolló con él en loca carrera y que terminó por alcanzar a ese pueblo al que siempre, como excelso populista, asustó y aduló.

Quienes, mientras vivió, fueron parte de su séquito más cercano, que hoy no esconden sus temores y sus fobias, por el poder contralor de la nueva AN y el terror creciente a las investigaciones que por narcotráfico y corrupción se anuncian como reclamo de un pueblo que quiere saber la verdad, que fueron en exceso adulantes vergonzosos por sus niveles de obsecuencias, que hasta en sueños le temieron a su voz, y fueron cómplices por acción u omisión de todos sus actos para imponer su voluntad, hoy, en su nombre hablan de su legado y amenazan, reprimen, persiguen, emboscan, encarcelan a los opositores, y reducen a todo un país a esta especie de pichaque rodeado de escombros por todas partes, mientras recurren a los peores expedientes de la mentira y la calumnia para satanizar a todo aquel que se atreva a rechazar la forma y el fondo del castro-comunismo escogido para conducir a una nación que aprendió, desde hace tiempo, la lección de la libertad. Toda esa gente que hoy vive y se protege en la impunidad que le otorga un mal poder, las pagará cuando el pueblo todo termine de darle la espalda, y ese proceso ya comenzó.