• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

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Rubén Osorio Canales

De la incertidumbre al despertar

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¿Qué va a pasar? Habrá un cambio ¿qué, cómo y cuándo sucederá? Son la preguntas que en las colas humillantes del día a día y en todas partes, nos formulamos los venezolanos, ante la cruda realidad de estar al borde del abismo, ahora en condiciones muy lamentables, porque después de dieciséis años la mal llamada revolución bonita, logró  convertir al país con las reservas probadas de petróleos más grande del mundo, en un país paupérrimo que poco o nada produce, que es más dependiente que nunca antes, que todo lo importa incluyendo las malas costumbres.  Las preguntas que nos hacemos, tienen respuestas casi todas negativas y ninguna complaciente,  todo lo cual genera un estado de depresión colectiva aparentemente sin cura. 

Estamos en un túnel profundamente oscuro.  A diario tropezamos con nuevas piedras o caemos en huecos cada vez más grandes. El desconcierto está allí acompañado por una sensación como de alma sitiada y sin posibilidad de escape. La inercia pareciera ser el único motor que nos mueve y eso es lo más parecido a la rendición del espíritu. ¿Se puede concebir mayor tragedia? Estar atrapados en medio de la adversidad sin tener como enfrentarla,   supera la tragedia de Sísifo porque no hay piedra que levantar en medio del caos que significa  una avalancha continua de insensateces.      

La incertidumbre es un peso que paraliza y resta capacidad en el discernimiento. No saber o no poder imaginar con cual escollo nos vamos a encontrar, es una desventaja casi insalvable, no tener claridad sobre el cómo, el qué y el cuándo nos coloca en una situación de alto peligro. Por fortuna hay algo que  al parecer nos une y  es el rechazo general, por indigesto, injusto y ruin al gobierno, incluidos muchísimos de los hasta ayer nomás,  afectos al  discurso siempre delirante ofrecido por el caudillo que ya no está. 

En semejante circunstancias, nadie  en su sano juicio puede dudar que el gobierno, experto en sistemas de coacción y amedrentamiento,  va a insistir hasta el hartazgo en esta nueva farsa anti imperialista,  animado por el coro de esa izquierda recalcitrante, decadente y chillona de América Latina  al grito de yanquis go home,  proyectado a los cuatro vientos por las redes de la hegemonía comunicacional que a punta de petrodólares y arbitrariedades han construido.  Esa parranda,  como todas las que aplica el desgobierno,  tiene un diseño de larga duración copiado del libreto cubano de Fidel, que todavía dura, y que podría caminar aparentemente con muy pocos  obstáculos, si esta  oposición de nuestros tormentos no deja sus pleitos de tocador y se decide de una vez por todas a tomar las riendas del combate político para poner de nuevo sobre la mesa las verdaderas razones de la inmensa crisis política, social y económica que tiene al país al borde del abismo, porque la verdad verdadera, esa   que el gobierno con todas sus argucias no puede tapar, es que  el ochenta por ciento de los venezolanos estamos convencidos de estar frente a un pésimo gobierno que en dieciséis  años, logró lo que parecía imposible: empobrecer a Venezuela. Cómo será el asunto que en las encuestas más recientes se revela que la gran mayoría de quienes se dicen afectos al llamado chavismo, quiere un cambio y un cuarenta y seis  por ciento de ellos,  quieren el cambio ya mediante renuncia del presidente.

Ante ese hecho tan evidente, vociferar contra las sanciones del imperio, hacer la pantomima de prepararnos para la guerra y a enfrentar una invasión que  nunca vendrá, no pasa de ser la burla obscena, cínica y cruel,   de un mago que perdió, si es que la tuvo alguna vez, toda la magia,

Esas sanciones que con tanta alharaca y desenfreno rechaza el gobierno han movido el gobierno, son la consecuencia de malas conductas demasiado evidentes como son las violaciones de los derechos humanos, la existencia de los presos políticos, la corrupción galopante hace tiempo descubierta, el lenguaje insultante y soez utilizado a diario, hechos todos  que han logrado el  rechazo de los parlamentos de todo el mundo que han hecho reclamos y observaciones críticas a un desgobierno que anda y se comporta muy mal con su propia gente.

A estas alturas del juego al gobierno solo le queda el recurso de internarse por los caminos más oscuros de la propaganda y con ella  montar una opereta menor, una parranda, un bochinche, para ocultar toda su incompetencia, y su falso nacionalismo evidenciado en el abandono del caso de Guyana dirigido por Castro y Lula, y lo que es peor, ocultar  una realidad que no admite ni vendas, ni disimulos,  como  es el hecho de que en Venezuela reina la inseguridad, que el gobierno ha sido incapaz de someter a una delincuencia cada vez mayor que se esconde en la impunidad, que en Venezuela existe una corrupción galopante que el gobierno desde la AN se ha negado a investigar, salvo aquellos casos en los que se advierten intereses políticos muy concretos para descabezar a quienes estorban, que en Venezuela existen, están allí, a la vista de todos,  centenares de presos políticos agredidos por el sistema de injusticias instaurado para tal fin,  que en Venezuela ser disidente es un delito, que la protesta en defensa de nuestros derechos ha pasado a ser un acto de desestabilización cuando no  parte de un plan golpista,  o de un intento de magnicidio;  que en Venezuela los ingresos petroleros fueron dilapidados de manera brutal, que la pobreza campea y se extiende como hiedra fatal, que el desabastecimiento es una realidad que nos toca a todos,  todos los días, que el costo de la vida nos aplasta como a cucarachas, que nuestra juventud nos abandona sin esperanza de retorno, que el miedo está danzando por todas partes, sembrando incertidumbre y desesperanza.  

Sin embargo, ante realidad tan dantesca pareciera que para el gobierno no existe otro problema que montar una multimillonaria campaña anti imperialista, ir casa por casa presionando a la gente para que firme un documento contra las sanciones e ir recogiendo diez millones de firmas para presentárselas a Obama en el marco de  la Cumbre de las Américas a realizarse en abril en Panamá, acción que, no hay que llamarse a engaño,  trata de convertirse en la plataforma electoral del gobierno frente a las parlamentarias. Ellos piensan que montar este circo anti imperialista les da el respiro necesario para hacer que la gente olvide las verdaderas sanciones que el propio gobierno ha decretado y puesto en marcha contra el pueblo venezolano, sin entender que a pesar de la oposición  que tenemos, el pueblo entró de lleno,  si se quiere silenciosamente, las colas, la escasez, el desabastecimiento, la inseguridad, el costo de la vida, la impudicia, la corrupción y las mentiras le fueron quitando la venda al pueblo y lo han ido colocando  en ese mágico tránsito que llamamos despertar.