• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

¿De cuál diálogo hablamos?

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Se suele decir que muchas manos en el caldo lo ponen morado y hasta lo hacen incomible. Y eso puede estar ocurriendo en los fogones de la patria  cuando vemos a tanta gente metida  en este asunto del diálogo, último camino que le queda al régimen para distraer la atención, tratar de recobrar fuerzas  y alejar,  no solo el revocatorio,  sino los peligros de una obligada renuncia presidencial y con ello el desplome definitivo del régimen. 

Entre el anuncio de  la Carta Democrática, el problema de la doble nacionalidad, la insistencia opositora sobre el revocatorio, la presión internacional, la arrechera popular expresad minuto a minuto  en cada rincón de esta tierra, y algunos actores y gobiernos que todavía se manifiestan sino como aliados  del régimen cívico militar que mandó para la porra a la democracia en nuestro país, han comenzado a poner sus interesados oficios en el diálogo como vía para resolver la crisis que vive Venezuela. Ese paso al cual sistemáticamente  se han negado las voces más preponderantes de la intransigencia radical del régimen, la misma que se ha hecho la ciega, la sorda y la muda frente a los reclamos del episcopado nacional, la misma que con artilugios de la casa amarilla impidió el viaje del Canciller del vaticano para mediar sobre este asunto, la misma que desconoce los padecimientos de una crisis humanitaria en el país, no deja de ser sospechoso, No dejo de manifestar mi desconfianza en esos actores  y señalar su oportunismo cuando todos hablan de Unasur  sin tomar en cuenta a la OEA. Es sospechoso, profundamente sospechoso,  que el señor Samper un político que anda siempre en el borderline  de la ilegalidad mafiosa, se haya tomado la molestia de ir a hablar con el Papa cuando el régimen suspendió la visita del Canciller del Vaticano. Es sospechoso que Leonel Fernández quien anda detrás de su reelección en la República Dominicana, que en ningún momento firmó los acuerdos de los ex presidentes democráticos reclamando más democracia para Venezuela   y que siempre ha figurado como aliado de este régimen, muestre tanta solicitud por un diálogo,   él lo sabe, que  el régimen utiliza como herramienta de distracción. Es más sospechoso aun si quien anuncia los primeros intentos de diálogo es la Canciller del régimen quien además de no haber  escatimado insultos contra Almagro por sus muy justas observaciones y reclamos,  ha manifestado en más de una ocasión que todo acto de la oposición incluido el diálogo, obedece a una intención golpista.  Es más sospechoso todavía que en el seno de un régimen dividido en siete toletes,  algunos  de ellos, o quizás todos, nunca se sabe, incorporen  la desinformación para producir desconciertos y desacuerdos. De la satrapía  se puede esperar cualquier cosa.

Y para finalizar con el tema de las sospechas hay que decir que este reality show que el  régimen y sus aliados pretenden montar,  se hace definitivamente sospechoso cuando   el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, uno de los representantes del gobierno en República Dominicana y quien ha tomado impúdica posesión del cargo de presidente del CNE,  dijo estar 100% seguro de que este año no hay revocatorio. A confesión de partes, relevo de pruebas, así el laboratorio de guerra sucia del régimen invente las historias que les dé la gana.  En este nuevo escenario podremos saber quién es quién y cómo  juega en el tablero político nacional.

Como la lógica de la política indica,   la oposición,  montada como está en el revocatorio, como también lo está la inmensa mayoría de los venezolanos, que quieren revocar a Maduro,  ha puesto sus condiciones para ir a un  diálogo tan sorpresivamente propuesto con pésimas intenciones por partidarios de un régimen castro comunista que sintiendo como siente  cada día la proximidad de su fin, apela a este recurso pero manteniendo la represión en la calle “a toda muerte” para expresarlo en el argot propagandístico del régimen. 

Tiene razón la MUD al poner como condiciones para sentarse a dialogar con un régimen en cuya palabra no se puede confiar, de exigir el revocatorio este mismo año, la liberación de todos los presos políticos y el regreso de los exiliados, la independencia del poder legislativo, el absoluto respeto a la Constitución, independientemente a una posible aplicación de la Carta Democrática, proceso muy largo en el que  el difícilmente traducible lenguaje de la diplomacia, sobre todo cuando esta no quiere comprometerse  marca no solo el discurso sino  largas pausas que parecieran no tener fin.

Si hay diálogo,  bienvenido, pero eso sí, de cual diálogo estamos hablando, del  que quiere imponer el monstruo de las siete cabezas con armas desenfundadas y apuntando  como lo manifiesta la cúpula, o el diálogo verdadero, con la presencia y la voz de todos los actores políticos, la sociedad civil sobre todos los temas que agobian a este cada vez más desolado país.