• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Porque les da la gana

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Porque le da la gana es el único argumento oficial para ejecutar cualquier despropósito. En esta Venezuela conflictiva, estimulados sus desencuentros por la perversidad de un poder  prepotente que se cree y se siente ilimitado e invencible capaz de agitar las aguas y sacudir con mayor fuerza los vientos del huracán,  se hace necesario recurrir a la reflexión y tratar  de poner la palabra justa en su sitio para que todos la veamos mejor,   pensemos mejor y actuemos mejor.

Y digo esto en momentos en  que el insulto y la descalificación parecen ser el texto y el subtexto único del  mayor responsable  de nuestra desgracia como país, que no es otro que un régimen que no cesa de utilizar el lenguaje del odio y  la descalificación que lo han caracterizado a lo largo de estos tres lustros.  El odio fue siempre el hecho dominante en el lenguaje de las autocracias, las dictaduras y los gobiernos totalitarios. Dividir a la población entre los que están conmigo, que supuestamente son los buenos, y los que no lo están,  que se supone son los malos,  es una de las principales misiones de toda tiranía y peor aún si estas son populistas y  pretendidamente ideológicas y hacerlo a punta de mentiras degradando de paso el lenguaje, ha sido una constante en estos largos años de neo dictadura en Venezuela con el perverso propósito,  no solo de dividir a los venezolanos, sino de dañar y desprestigiar a la democracia como forma de gobierno y con ello poner en estado de sitio a la libertad.

De allí que el exhorto que a diario hacen articulistas, analistas, observadores, historiadores y dirigentes sociales de alto prestigio a la dirigencia política oficialista para que utilice un lenguaje de altura con el cual dirimir diferencias y encontrar soluciones, cuente con el apoyo incondicional de todos aquellos ciudadanos que queremos un diálogo sereno, educado, positivo, lleno de civismo, alentador y constructivo como lo hemos venido señalando,  hasta ahora sin éxito,  única manera de salvar a Venezuela y llevarla,  todos juntos,  a empinarse por encima de las dificultades.  

A estas alturas negar toda culpa como lo hace el oficialismo obtuso, esconderse en la acusación y el insulto, inventar  enemigos cada vez que pone sus tortas,  hecho que es absolutamente plural y cotidiano, apelar a la calumnia, pegar gritos y apelar a la vieja costumbre de los comunicados condenatorios, no hacen otra cosa que ponerlos cada día más en evidencia como un gobierno de filiación dictatorial encerrado en una burbuja que le impide ver la realidad y, ciertamente,  así no se gobierna.

Allí están a manera de vivo ejemplo el silencio del régimen ante los casos de Andorra, y los dineros camuflados en los paraísos fiscales, las irregularidades de Pdvesa,  el desastre de la empresas expropiadas,  las reacciones siempre viscerales ante los señalamientos hechos a altos funcionarios del régimen, la negativa de la bancada oficial a que se investiguen casos que,  por su gravedad, tendrían que ser investigados a fondo y sin presiones para llegar a la verdad, los pronunciamientos y adelantos de opinión por parte de los poderes públicos que actúan como sentencias previas e inamovibles siempre sesgados,  impidiendo con ello todo recurso de investigación. Atrincherarse en la negación de cada cuestionamiento, recurrir al insulto, imponer un sistema de censura para que el ciudadano quede aislado de la opinión crítica, enjuiciar y encarcelar a líderes y comunicadores,   negar lo evidente y aferrarse al poder a como dé lugar, es una estrategia que los separa cada día más del afecto popular.   Lo dicen las encuestas, la gente en las calles y en las colas, lo dijo el pueblo verdaderamente pueblo el domingo pasado  cuando mostró sus inmensas ganas de votar en las primarias de la oposición,   se siente en la mirada de la gente cuando se topa con la imagen de los jefes del gobierno y se manifiesta en la misma exacerbada insensibilidad de un  régimen que,  ante la crítica ciudadana cada vez más vociferante, recurre al funesto expediente de la represión, sencillamente porque le da la gana.  Por ese camino se llega a las profundidades del infierno y eso no es para nada recomendable.

Lo que queremos es un diálogo profundo para encontrar soluciones, una pequeña luz de entendimiento que nos permita echarnos al hombro a esta Venezuela hoy herida en sus cuatro costados por formas de gobierno ajenas a nuestro entendimiento y poner en ello lo mejor de cada uno porque Venezuela,  después de todo y aun cuando una cúpula perversa lo niegue porque le da la gana, es de todos y cada uno de los ciudadanos que la habitamos.