• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Las batallas desiguales

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Estamos de acuerdo en que este régimen es tan malo que todos queremos que termine ya.

Estamos de acuerdo en que, como todas las batallas hasta ahora libradas, esta que nos toca a los demócratas librar frente a un régimen impúdico en sus métodos de lucha, sigue siendo desigual y también estamos de acuerdo en que por desigual que sea, la batalla hay que librarla hasta el final y sin desmayos. Que existan las vías para lograrlo sin que la sangre llegue al río, es algo que en ningún caso depende de los partidos que hacen vida en la MUD y en cambio sí está en manos de un  régimen que, por ahora se dedica a sus maniobras de siempre, o sea echarle tierrita en los ojos al pueblo, mientras reordena sus fuerzas y marca los linderos de sus campos de batalla. Y allí es cuando el monstruo se hace más peligroso sobre todo si la oposición, por razones extrañas, se descuida, se ahoga en falsos triunfalismo, baja la guardia o sencillamente apunta al blanco equivocado.  

En los actuales momentos, mientras la mayoría calificada de la AN trata de construir y poner las cosas en su verdadero sitio con leyes que tienen el propósito de devolverle a Venezuela un estado legal de decencia y progreso,  el régimen está concentrado en un solo propósito que es invalidar la victoria popular del 6-D, neutralizando a la AN hasta convertirla en un cascarón vacío y por esa vía desmoralizar a los 8 millones de electores del 6-D que tuvimos la osadía de votar por la oposición. En ese propósito se juega la vida.

No podemos pasar por alto esa suerte de camisa de fuerza representada por el TSJ que el régimen ha activado de manera obscena para impedir que la AN cumpla con sus deberes legislativos y contralores, tal como lo indica la Constitución. Demasiado miedo a las investigaciones de corrupción que están en proceso y que pretenden detener con la nueva “sentencia” del brazo armado del régimen, producida en uno de sus repetitivos y nefastos aquelarres.  Demasiado miedo a las leyes de desarrollo que anuncia la mayoría opositora que desnudan la incapacidad, incompetencia y malos propósitos de un régimen que tiene como legado destrucción y siembra de dolor en el pueblo.  Demasiado miedo a la Ley de Producción Nacional promovida por la oposición porque deja al desnudo la utopía enarbolada por el régimen y pone al país entero en funcionamiento pleno para sus grandes conquistas, incluyendo las sociales representadas en primer término por la reorganización gremial, la reconstrucción de una central obrera nueva y poderosa y una aproximación al pleno empleo y al salario justo. Demasiado miedo a la Ley de Amnistía porque ella indica un camino sólido para poner en marcha un proceso de reconciliación nacional, terreno infecundo y peligroso para quienes han promovido el resentimiento social y han hecho de los abusos, extorsiones y amenazas, un arma para sostener sus bajos instintos y oscuros propósitos. Tampoco podemos echar en saco roto la operación saboteo que contra la AN ha decretado el régimen con la deliberada intención de convertirla en una instancia inútil, ni la campaña puesta en marcha en boca de los más odiados y radicales representantes del régimen, según la cual la oposición es un fraude y fracasará en su propósito de realizar los cambios que el país reclama, campaña que para llevarla a cabo apelará, como de costumbre, a todos los abusos de su poder comunicacional. Como se ve, la pelea sigue siendo desigual porque el régimen, cual malandro en acción, no respeta reglas y no le quepa al lector la menor duda, de que ante una manifestación de grito y repudio de la voluntad del pueblo en la calle, por las penurias que a diario lo acosan, este régimen sería capaz, sin ningún remordimiento, de apelar a la fuerza así esto suponga sangre y muerte, así diga el ministro de la Defensa que los militares nunca más dispararán contra el pueblo, ¿o es que olvidamos ya el funesto grito de guerra que decretara el comandante?

Desde luego que este recordatorio tiene como única finalidad advertirle a la MUD y a todos los partidos que hacen vida en ella, que el régimen no ha perdido tiempo en protocolos, ni diálogos, ni otras formas civiles para bajarle intensidad a la crisis, todo lo contrario, como malandro acorralado se ha ido directo a la vieja estrategia de meter al enemigo en el ojo del huracán y arrastrarlo a la desgracia. La situación  por lo tanto requiere de la oposición sabiduría, estrategia, unidad de acción y pensamiento a toda prueba, sin olvidar que este es el momento de mostrar las soluciones que reclama el pueblo, alejados de envalentonamientos triunfalistas. No hay que olvidar que las emociones que provocan las victorias, sobre todo las políticas, son frágiles y duran según los resultados.

Las  del comandante duraron  porque al lenguaje populista añadió los regalos populistas que le permitió una chequera con fondos. Cuánto durará la emoción del triunfo opositor, es una pregunta cuya respuesta solo la puede dar la actitud de la oposición misma ante los reclamos con urgencia de un pueblo acorralado por las penurias. Es imprescindible que hoy más que nunca, la oposición tenga plena conciencia de la dificultad del combate y del terreno minado de trampas y de abusos que en estos diecisiete años un régimen arbitrario, obsceno y por naturaleza destructor como el que tenemos, sembró a lo largo y ancho del camino. Para contrarrestar sus efectos, los arrestos a lo Jalisco, como piden algunos, no le sirven en ningún caso a la oposición y en cambio le pudieran venir como anillo al dedo a unos radicales que esperan la más mínima señal para agredir y aplastar a un pueblo en estado de protesta con sus llamados escudos revolucionarios que, según muchos, están formados por colectivos armados e ideologizados y por los pranes y sus pandillas, ya convertidos en fuerzas paramilitares.     

La  realidad de hoy nos está diciendo que el régimen está dispuesto a todo para conservar el poder y con ello sus privilegios y su impunidad, que solo le queda mantener la hoja de ruta activada desde el comienzo y que no es otra que ofrecer sin cumplir, engañar, amenazar, chantajear y reprimir, y a la oposición seguir dando soluciones que el pueblo pueda ver y hacer suyas y por supuesto acertar en la agenda, en la escogencia de la ruta y de las armas a utilizar en este combate de resistencia que se anuncia. Los caminos democráticos a seguir están estampados en una Constitución que el régimen se obstina en profanar cada vez que quiere y que oposición y pueblo estamos obligados a hacer respetar si es que queremos ser de nuevo un país. Esta vez el régimen tiene una vergüenza que ocultar y la oposición un sueño realizable que exhibir.