• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

A los acompañantes

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El CNE como sumiso brazo ejecutor de las decisiones  de la cúpula gobernante decidió invitar para el 6-D, a una comisión de Unasur solo en calidad de “acompañantes”, lo cual nos hace pensar que su presencia aquí es la de unos turistas electorales, porque eso de nombrar a los amigos íntimos del régimen como avalistas pasivos de actos ventajistas y hasta de un fraude como el que está en marcha desde hace meses y años, sin voz, sin votos y con derecho únicamente a comentarios complacientes, no hace otra cosa, y así lo ha entendido el mundo democrático, que dejar al descubierto, además de sus miedos a perder el poder mal habido y peor ejercido, la verdad de un régimen que no cree ni admite la alternancia en el poder, elemento vital para que la democracia exista.

Toda vez que en esa comisión hay algunos personajes que deben sus éxitos a las sendas que invita a recorrer la democracia, como por ejemplo el señor Leonel Fernández quien la preside, me gustaría saber qué piensa del lenguaje que a diario en cadenas de televisión y radio desde el señor Maduro, el presidente de la AN, pasando por ministros, altos funcionarios y hasta el último jefe civil afecto al régimen, por no hablar de los colectivos armados, utilizan para decir que no reconocerán un triunfo de la oposición y que como dijo el propio presidente, “ante el supuesto negado de un triunfo de la oposición, nos vamos para la calle donde nosotros somos candela con burundanga”, más otras amenazas que hablan de plomo y sangre.

¿Piensan ustedes que ese lenguaje  mafioso y cuartelario desde el poder de un régimen demostradamente arbitrario tiene algo que ver con la democracia? ¿Piensan ustedes que quienes así se expresan gozan en verdad del fervor popular? ¿Pueden ustedes creer que quienes así amenazan en la antesala de unas elecciones para elegir los representantes del pueblo, tienen méritos para representarlos? Sé que la respuesta la esconderán en las faldas de ser invitados para acompañar y nada más, pero aun si lo pregunto. También me gustaría preguntarles si por casualidad han leído con verdadera atención e intención democrática las cartas de Almagro a Jaua, uno de los mayores responsables del desastre que vive el país, y las dieciocho páginas llenas de verdades irrebatibles que el secretario general de la OEA elegido con el voto de todos sus gobiernos, dirigiera a Tibisay Lucena, o si por mera casualidad leyeron la carta abierta de Macri a Maduro solidarizándose con los presos políticos de Venezuela antes de ganar las elecciones presidenciales de su país y si le han dedicado la reflexión necesaria a su promesa de pedir la exclusión de Venezuela de Mercosur y que se le aplique la Carta Democrática. 

Deseable es que se las lean de verdad con ojos de demócratas, y si en verdad lo son estarán en capacidad de entender que a un régimen, agotado como están todos sus argumentos, estériles como son sus llamados al pueblo para que lo acompañe en sus despropósitos, asustado como está ante la eventualidad de perder el poder absoluto alcanzado a punta de un verbo delirante, falso, cargado de promesas y golpes sucios, solo le quedan los recursos que el fascismo ofrece para intentar conservar el poder, sobre todo ahora que anda tan mal herido de tiempo y circunstancia.

Diecisiete años con ese mismo ritornelo, con la amenaza sangrienta haciendo de letra y estribillo de una canción desafinada con la que han pretendido mantener su desgobierno destructor lleno de incumplimientos, violaciones del Estado de Derecho, excusas incoherentes y pésimos resultados, son demasiadas cosas malas en algo más de tres lustros, aun para un pueblo sometido a un lavado de cerebro las veinticuatros horas del día, un pueblo que a pesar de la manipulación y el ocultamiento de información del régimen, ha ido contabilizando las incoherencias de un populismo irracional y exacerbado, materializadas en la ruina económica del país, el desabastecimiento, una moneda que de “fuerte” pasó a no tener ningún valor, la muerte del aparato productivo, la corrupción y el despilfarro de recursos que nos han puesto en la trágica situación de no encontrar ni siquiera medicinas y otros bienes esenciales, todo lo cual nos deja una  fotografía exacta del momento histórico que estamos viviendo: una “revolución” que se desploma porque nunca ha sido, no es y nunca lo será. Por eso a nadie, ni siquiera a ustedes, señor Fernández y a los miembros de su comitiva, les debe extrañar que el régimen mantenga en tono de desesperación la insistencia de permanecer en el poder exigiéndole de paso a una población cansada de tanto maltrato que se calle porque, de lo contrario, caerá sobre ellos las iras de su candela y su burundanga. No importa que no opinen, no importa su silencio, importante es que sus conciencias lo hayan entendido y asimilado, cuestión que no me cabe la menor duda lo hacen los demócratas de verdad.