• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Torpes y furiosos

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No es necesario ser adivino, para decir que las parlamentarias,  de realizarse con transparencia, propinarían al régimen del desgobierno que hoy tortura a Venezuela, una de las más espectaculares derrotas en los anales de las decisiones populares, tampoco es un desatino informativo decir que la señales que emanan del centro mismo del poder, indican que está en vías de ejecución, un intento de fraude absolutamente descomunal producto no de un invento informativo, ni de la guerra sucia, si no de la propia voz de los amos del poder.

Aquí la mayor verdad de todas las que circulan, que son muchas, como que la escasez llegó para quedarse por largo tiempo, que la fabula del bolívar fuerte no pasó de ser un mal cuento, que la corrupción y la inseguridad se adueñaron del territorio, que las expropiaciones fueron un estruendoso fiasco, que las viejas tribus por arte de la impunidad y la concupiscencia  se multiplicaron, que el narco tráfico penetró las barreras del Estado, y que la soberanía está desde hace mucho tiempo en entre dicho,  que a    este gobierno se la acabó el discurso y las  fábulas que ahora cuenta entran en los espacios oscuros del terror. Después de dieciséis años  de pésimos resultados en lo político en lo social, en lo económico, pareciera que al régimen  no le ha quedado otro camino que la posibilidad de golpear la lámpara e imponer el recurso final de los regímenes autocráticos y totalitarios como es el despeñadero que significa la instalación formal de una dictadura sin que medie escrúpulo alguno. Y la verdad es que en eso andan desde hace dieciséis años sin haberlo logrado con sus artimañas en los predios del disimulo democrático,  gracias a la resistencia civil de una conciencia democrática que está en el ADN de los venezolanos que una y otra vez le ha puesto freno a los delirios estalinistas que anida el proyecto político que el castro comunismo mal sembró  en este infortunado país.

Las señales son abundantes y están tan a la vista que la comunidad democrática mundial se ha atrevido a denunciar que en Venezuela el régimen está ejecutando hora tras hora, un fraude descomunal, sin que los organismos internacionales hagan nada para detenerlo. Y a este punto es bueno aclarar que por fraude se entiende no solo el ventajismo evidentísimo, los abusos de poder, las acciones parcializadas del rector electoral, las continuadas agresiones al liderazgo opositor, las inhabilitaciones y otras artimañas, que lleven a  un resultado adulterado y fraudulento de las parlamentarias,  también lo sería su suspensión de la mismas por  escenarios que el propio régimen puede inventar para lograrlo. Las evidencias están a la vista. 

Por una parte Maduro dice abiertamente cada vez que se le antoja y de manera desafiante, que nunca permitirá que Venezuela sea “monitoreada” y que por lo tanto la oposición debe olvidar de una vez por todas la presencia  observadores del proceso electoral para las parlamentarias.  Ni el régimen, ni el organismo que rige el proceso quieren ver ojos extraños capaces de denunciar ventajismos, y atrocidades mayores en un evento que según él,  solo importa a los venezolanos.

En la otra esquina el troglodita que mal dirige la AN  usurpando funciones que no le corresponden, mientras blande su mazo de calumnias y descalificaciones con un lenguaje que enrojece incluso a los bajos fondos,  repite cínicamente que ya tiene más de trescientos opositores en la lista de los próximos inhabilitados y a esas voces se les une  ese compendio de ignorancia y fanatismo que se resumen en el actual Ministro de la Comunas llamado por sus afectos el virrey inauditable de Miranda, no encontró una mejor manera de manifestar su ira contra el nuevo SG de la OEA que acusar al señor Almagro de traidor y de enemigo de Venezuela por el solo hecho de haber dicho que el único que puede inhabilitar es el pueblo con su voto. 

Si hay una cosa cierta en este tipo de regímenes es que cada palabra proferida por miembros dominantes de la cúpula tienen todas destinatarios y objetivos precisos. Nada que salga de la troika visible puede llamar a engaño y todas proceden de otras instancias seguramente menos visibles pero con más poder definitivo a la hora de tomar decisiones. Y es a esa tecno estructura dictatorial a la que todo país que se respete debe enfrentar con las armas de la democracia que aún quedan, como es la solidaridad mundial de los demócratas y de los países democráticos,   más allá de los organismo internacionales hoy aparentemente de poca utilidad para estos menesteres, 

Si a esto añadimos las operaciones que a nivel de represión se ejecutan en las barriadas populares disfrazadas de acciones que favorecen  al pueblo que no son otra cosa que una manera de impedir, a sangre y fuego,  que el pueblo descargue su desencanto, su inmensa arrechera por las penurias a las que lo han confinado dieciséis años de engaños, comenzamos a comprender que las advertencias de los demócratas del mundo sobre el destino incierto de nuestro país con un  acento fundamental puesto en el peligro de una dictadura formalizada en nombre de una supuesta revolución, no es ni una estrategia desestabilizadora, ni un ejercicio de terrorismo informativo como pretenden señalar los más radicales defensores de las arbitrariedades del llamado proceso. La pata insolente de las tiranías existe y en nuestro caso está a la vera de nuestras puertas y no para tocar y pedir permiso, sino para arrasar con todo, incluida la cristalería, riéndose  a mandíbula batiente  de la Constitución y aplastando los derechos humanos.

¿Quiénes están detrás de semejante despropósito? ¿Es una decisión de la troika más visible, es producto del miedo a perder el poder legislativo que es como perder casi todo el poder y las  consecuencia que ello traería,  o es acaso una orden venida de otras partes impuestas por otros actores a los cuales estaría subordinada la cúpula? Materia toda hecha  la medida para que cada quien opine, en la mía es todo lo que dicen los escenarios indicados con un común denominador: miedo a perder el poder, lo cual trae consigo esa hiper inflación de la torpeza  que estamos viendo en un régimen que  nunca tuvo claridad,  aprisionado como está por intereses que nada tienen que ver con los verdaderos intereses de una nación llamada Venezuela. Más acorralado se siente, más torpe y furioso se hace, más se presenta el fantasma de una derrota electoral parlamentaria que tiene absolutamente merecida como consecuencia de todos sus abusos, atropellos, arbitrariedades, engaños, malas decisiones, más torpe y errático se hace y en esas circunstancias la espesura del fango crece, los errores cometidos se hacen cada vez visibles mostrando en carne viva  los estragos causados por sus despropósitos.