• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Pueblo y oposición juntos

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Casi todos los analistas coinciden en que, si hasta ahora las condiciones para un acuerdo pactado para resolver la crisis entre gobierno y oposición eran muy pocas, con la decisión del TSJ de darle vigencia al decreto de emergencia económica, previamente rechazada por la AN, el régimen decidió jugar duro y cerrar esa puerta demostrando, una vez más, que su vocación al irrespeto no tiene límites. Haber utilizado al TSJ para violar la Constitución después de la aplastante derrota que sufriera el 6-D es una prueba más del saboteo continuado que han asumido para desconocer la nueva AN y forma parte de toda una estrategia de confrontación de un régimen que se niega a morir constitucionalmente.  

Todos saben que el discurso político del régimen se agotó, que la realidad le está indicando al pueblo que estos diecisiete años fueron perdidos, que el palabrerío pronunciado no sirvió de nada, que con esa emergencia impuesta a lo macho el régimen quedará expuesto como el único responsable del desastre, que todos estamos claros en que con los niveles de ineficiencia y corrupción la crisis del agua, de la electricidad, de la salud, del abastecimiento, del costo de la vida y de todas las trágicas calamidades que todos esos factores traen consigo, seguirán martirizando al pueblo porque la única forma de lograrlo y eso en el mediano o largo plazo, es tomando las medidas necesarias y esas no le sirven al régimen por ser altamente impopulares. No podría el régimen por ejemplo liberar los precios, eliminar los controles, poner en marcha la unificación cambiaria, reactivar el aparato productivo, enfrentar el descontento que provocaría una nueva devaluación, y muchas otras medidas urgentes y necesarias, incluido el aumento de la gasolina, para salir del atolladero, sobre todo ante la perspectiva de unas elecciones para gobernadores y alcaldes y teniendo como una espada de Damocles la amenaza de varios instrumentos constitucionales para recortar su mandato. De tal manera que la realidad es que, como el cuento de Andersen, el régimen está desnudo.

La situación nos está anunciando una confrontación en alta escala que exige una más completa oposición democrática que vaya más allá  de la que institucionalmente hace la bancada opositora en la AN. Con ello quiero decir que nuestros diputados requieren el apoyo decidido de todos aquellos que les dimos el voto. Ante una situación tan precaria y próxima a la tragedia en que está sumida Venezuela, no podemos ser simples espectadores de lo que sucede en ese escenario, ni mirar impasibles cómo un régimen que no se caracteriza por tener escrúpulos democráticos no solo hace caso omiso a lo que la mayoría democrática decida, sino que arremete con alto reconcomio contra cualquier situación que los afecte, utilizando recursos del Estado para agitar con su  militancia más radical cada rincón de la calle. ¿Se imagina, querido lector, qué estaría sucediendo si la situación fuese diametralmente opuesta? Tendríamos las expresiones más radicales en la calle y no cubriéndolas con pétalos de rosa precisamente. 

Nuestros diputados hacen todo cuanto pueden y lo están haciendo bien. Luchan por una Ley de Amnistía que abre las puertas a una reconciliación nacional. Buscan con denuedo enterarse de las irregularidades y tratan de instrumentar sus correctivos ejerciendo su natural función contralora. Dan la batalla por programas sociales que benefician a las grandes mayorías, como es el caso del otorgamiento en propiedad de las viviendas, la relativa a la de los cestatickets para los pensionados y jubilados, los programas propuestos para enfrentar un sistema de salud colapsado y el programa para producir más y mejor. Cada día anuncian nuevas iniciativas que son batallas cívicas propias de la democracia, que tendrían que ser acompañadas y celebradas con manifestaciones populares a lo largo y ancho del territorio nacional.

Hace falta ver en acción las asambleas populares en barrios y urbanizaciones difundiendo esas ideas para que el pueblo no solo se entere de la verdad y las razones de la lucha, sino para que las haga suyas. Ayúdate que Dios te ayudará. Ni el plebiscito que destronó a Pinochet, ni la revolución de Vaclav Havel, ni el movimiento Solidaridad, ni la caída del Muro de Berlín, ni muchos otros procesos de cambio ocurridos en el mundo, hubiesen sido posibles si esos pueblos se hubiesen quedado esperando en sus casas el desarrollo de sus respectivos cabildeos. Con el pueblo discutiendo en la calle lo relativo a su destino, el régimen tendría una pared impenetrable que no le permitiría dar virtuales golpes de Estado con decisiones como las que toma el TSJ, violando claramente la Constitución. 

Lo que está pasando en el país reclama el protagonismo de todo un pueblo que votó por un cambio pacífico y democrático y por lo tanto no admite la pasividad del espectador. El pueblo tiene que ser protagonista porque de lo contrario nada distinto a la espeluznante inseguridad e incertidumbre que reina en el país sucederá, todo lo cual significaría tener que soportar el peso de una depresión colectiva por la oportunidad perdida. Se avecinan tiempos demasiado difíciles, tiempos de indignación colectiva que no pueden tomar desprevenida a la unidad democrática, todo lo contrario.

El momento que estamos viviendo puede ser histórico, para bien o para mal. Para bien será si la victoria del 6-D nos conduce al cambio que el pueblo exige, y para mal, si esa premisa no se cumple. La situación exige hoy más que nunca un liderazgo y una unidad a la altura del compromiso inaplazable que significa salvar a Venezuela. Un liderazgo que entienda que solo con una unidad como la que se logró para llegar al triunfo del 6-D será posible un cambio que reivindique a la nación y a un pueblo. Estar preparado y verdaderamente consciente para enfrentar democráticamente los peligros y los megafraudes de un régimen castro-comunista que desde antes de llegar al poder fue y siguió siendo golpista a lo largo de estos diecisiete años es estrictamente obligatorio. 

Hoy más que nunca la conducción política de la oposición requiere de una total conexión con el pueblo para poder enfrentar con éxito la arbitrariedad, el ventajismo y la impúdica desfachatez del régimen, y para ello es necesario que quienes hicieron posible la victoria del 6-D entiendan que a la nueva AN hay que acompañarla en su lucha. Dejarla sola sería un verdadero desatino.