• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

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La intención del régimen de dividir a la oposición está viva, claro está, pero más viva está su intención de irritarla hasta que reviente y hacerla caer en terrenos condenables, por eso su sevicia contra los líderes políticos presos, su intolerancia ante la crítica y la ansiedad sin disimulos de algunos, por verlos muertos. Ese es riesgo cierto, pero de allí a  caer en una paranoia  que impida la acción política de los partidos que integran la unidad representada en la MUD,  hay un trecho demasiado grande. Es cierto que un poco de orden en el concierto hace sonar mejor la orquesta pero ese orden no puede de ninguna manera inhibir  el espíritu de lucha  de partidos, de asociaciones y personas en una crisis tan profunda como la que vive el país. Crisis como las que tenemos, con un gobierno que pretende silenciarlo todo y atribuirle a otros sus propias culpas con el fin de sacudirse la rabia del pueblo y de paso adormecer a todo el mundo, necesita, como el hombre del agua y del pan para vivir,  de actos de protesta democrática   que lo mantengan despierto. 

Una oposición conservadora muy proclive a cubrir con marcada formalidad sus actos,  ante un régimen que abusa de poder, que controla los medios, que ha instalado un férreo sistema de censura, que cuenta con todos los poderes, incluidos el poder electoral,  para aniquilar cualquier movimiento, que utiliza la violencia y el miedo como estrategia para anular toda disidencia, poco o nada tiene que buscar en una contienda tan llena de ventajismos y arbitrariedades. Dormirse en las formalidades, andar muy preocupados por mantener la fachada sin atender las áreas fundamentales de la resistencia democrática, es igual a construir las paredes de una casa olvidándose de las puertas para entrar o salir de ella y esas fallas en la construcción de la unidad abren las puertas a la crítica en muchos casos con razón. 

¿Se ha preguntado la MUD, y más que la MUD los partidos más nombrados y con historias más conocidas, por qué  tanta gente  (más del sesenta por ciento) que hace también oposición están fuera de ella? ¿No será que en medio de todo el discurso antigobierno, la MUD se conduce con las viejas estructuras de los partidos tradicionales ya desgastadas, las mismas que han impedido la renovación continua de sus liderazgos, las mismas que impiden la incorporación de nuevas visiones, las mismas que aplican el criterio de la centralización del poder y de las decisiones sin tomar en cuenta la voz y el sentir de la periferia? 

Muchos, cada día, desde que anochece hasta que amanece, hablan  y pregonan  el cambio pero en muchos casos cuando los escucho me viene a la mente la frase gatopardiana “que  todo cambie para que todo siga igual” y agrego que es bastan te peor, en el caso de  la llamada revolución bonita.   

Si hay una palabra  que corre el riesgo de  perder fuerza y contenido porque de tanto usarla en vano, nada dice, ni hace, esa es la palabra cambio. Los venezolanos estamos escuchando esa palabra desde el momento mismo de ser concebidos y nuestra gran frustración es no haberlo visto nunca como nos lo han  dibujado desde siempre líderes y partidos,  con ribetes de sueños libertarios que nunca se cumplen, con promesas de igualdad que no pasan de ser quimeras para el engaño, con dibujos que en sus líneas nos hacen ver fronteras nuevas llenas de esperanzas,  pero que en verdad resultan espejismos, con las mismas promesas conjugadas hasta el infinito  y que terminan siendo, tal como lo nombra el sabio lenguaje popular, “más de lo mismo”.

Creo que para darle  sentido, utilidad y concreción  a la palabra cambio, la dirigencia política opositora está obligada  a entender y asimilar que de lo que aquí está en juego es  salvar a toda la Nación  del régimen castro comunista,   que por esa razón está obligada a concretar su agenda en puntos tan fundamentales como:   luchar en la calle y a fondo por la  libertad de los presos político,  luchar sin tregua y  en la calle por la igualdad de condiciones en la lucha electoral, imponer la visón de observadores verdaderamente imparciales a lo largo y más allá de todo el proceso electoral y no solo para el momento de votar, presentar un proyecto legislativo que recoja,  además de la inquietud popular,  las razones del fracaso de estos tres lustros de gobierno llamado revolucionario, punto por punto que son muchísimos,   incorporar a esa lucha a todos los desengañados del régimen que día a día crecen como el arroz, y dejar bien en claro que esta es una lucha entre una cúpula  castro comunismo armada,  sin escrúpulos y lleno de malas intenciones y la democracia. Eso bien dicho con el lenguaje de una democracia decidida y valiente, ayudaría a concretar la unidad de abajo hacia arriba que es la verdadera y más importante de las unidades, indispensable para derrotar el autoritarismo. De lograrse la victoria, a esto habría que añadir un plan verdaderamente maestro para hacer valer el poder de esa mayoría,  para lo cual se requiere sabiduría y estrategias políticas de  gran calibre que lleven a un gran acuerdo nacional de todas las fuerzas políticas sin exclusión  que le brinde al país la paz que hoy día no tiene. 

Reitero que es hora de que la MUD y los partidos que la conforman entiendan que quien necesita salir victoriosa en esta lucha que ya lleva dieciséis años, es la Nación, es Venezuela y no los partidos. Que solo si entienden que  del 80% de venezolanos que quieren votar contra el régimen  hay un  elevado número que no está con la MUD y tienen las mismas poderosas razones, que las que tienen los que si están con ella para querer derrotar al régimen. Solo bajo los dictados de esa comprensión  se podrá llegar a la alianza nacional necesaria para emprender los cambios urgentes del desastre que esta tempestad nos dejó.