• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Juegos peligrosos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


 

Las patéticas intervenciones de la cúpula que hace vida en el corazón del régimen llevan como primer propósito borrarle la alegría a esos casi 8 millones de votantes por la oposición y con ello tratar de instalar sus amenazas y despropósitos en el imaginario colectivo con la intención de agriar el condumio navideño. Aun cuando la ciudadanía que votó por el cambio está clara en lo que quiere y comienza a ser vista con respeto en el continente y en el mundo, es bueno insistir en algunas reflexiones que puedan ayudar a disipar algunas dudas y sobre todo a abrirles los ojos a los venezolanos que, presionados por las amenazas del régimen, votaron a favor del proceso. Ellos tendrían que ser los primeros en entender que fueron y siguen siendo víctimas de una abierta manipulación y ocultamiento de la verdad, con solo escuchar y ver la respuesta de la cúpula del régimen privada de cualquier argumentación lógica, ante derrota tan contundente.

Esgrimir como respuesta y explicación que la culpa por la paliza recibida el 6 de diciembre fue de la guerra económica es sencillamente no haber entendido que ese, que fue el nutriente de la campaña del régimen, no fue creído por nadie en pleno uso de razón. Que el pueblo sí vio y asimiló que la única guerra económica que el país presenció fue la que el régimen declaró con las expropiaciones, con el acoso a la empresa privada, que los controles impuestos fueron causantes, entre otras cosas, del creciente desempleo, que haber recurrido con el auxilio de los precios del petróleo a las importaciones hirió mortalmente nuestro aparato productivo dejando a la población en estado crítico. Decir y repetir con obtusa insensatez que unos sujetos de la derecha impidieron la llegada de los productos a las manos del pueblo no pasa de ser una mala y patética fábula por parte de un régimen que se ufana en controlarlo todo, pretender que después de semejante derrota el pueblo crea en excusas tan palurdas, cuando desde hace tiempo perdieron todo rasgo de credibilidad,  es lo más parecido a la idiotez. Argumentar que en las colas, que según la señora Farías eran felices, se materializó la conjura de la derecha contra el régimen es un irrespeto a la inteligencia, sensibilidad y requerimientos de la gente; amenazar con no construir viviendas por no recibir el apoyo popular,  quejarse porque en apartamentos de la Misión Vivienda se celebró la victoria opositora, pasando por alto el daño que hicieron en muchas comunidades las OLP, son expresiones muy próximas a la ruindad, hablar de profundizar la “revolución” en vez de rectificar modelos y castigar conductas corruptas forman parte de la soberbia que el pueblo castigó el 6-D. Desde luego que    ese arsenal de insensateces que la cúpula fascista dispara a diario desde hace años explica cabalmente por qué fueron derrotados.

La pregunta es: ¿es consciente la cúpula gobernante de que con esa absurda conducta, no hace otra cosa que despertar la inclinación natural de nuestra gente para inventar historias de todo tipo que afectan en extremo al derrotado  y que siempre comienzan con preguntas naturales que se hace el pueblo: ¿Y por qué le temen tanto a una AN dominada por la oposición? ¿Qué es lo que no quieren que se sepa? ¿Será entonces verdad todo eso que se dice sobre corrupción, narcotráfico y violación de los derechos humanos? La ofuscación de  los derrotados del proceso es tan grande que con toda certeza no se han detenido a pensar y reflexionar sobre lo que se dice  en la calle, de haberlo hecho tendrían una actitud cónsona con la dignidad y no esta propia de pandilleros acorralados.

Lo que se escucha en la calle es más lapidario que la misma derrota. El descontento se convirtió en rabia, el murmullo se convirtió en voz viva y sin temor, la conjetura la dicen con la fuerza de una pretendida verdad y el malo de todas esas historias es siempre, a no dudarlo, el derrotado. Por ejemplo, en una mesa de un cafetín en Porlamar escuché los siguientes enunciados: en Fuerte Tiuna hubo enfrentamientos entre Padrino y Cabello, que ambos se habían sacado los trapitos sucios, unos afirmaban que los militares convencieron al gobierno para que los colectivos no salieran, otros decían que no fue Padrino sino un grupo de los llamados comacates quienes pusieron orden en la pea, que los juristas del régimen, según algunos, encabezada por Escarrá y aspirantes al TSJ, aconsejaron reconocer la victoria de manera ambigua y sin bajar la guardia, mientras organizan el plan B para apoderarse de todo; también escuché que Cabello, uno de los grandes derrotados en este proceso, renunciaría a la curul ante la posibilidad de ser inhabilitado por la nueva Asamblea y que en el cambio de gabinete Cabello ocuparía el Ministerio de Defensa, otros decían que la Vicepresidencia porque allí estaría más protegido, y otros aseguraban que estaba en marcha un petitorio en las filas del PSUV pidiendo la renuncia de los directivos del partido; unos hablaban de una larga lista de investigados por lavado de dólares, por la  DEA, y no faltaron ni las voces que hablaron de financiamientos a grupos terroristas, ni de aquellos que debatían entre una posible renuncia de Maduro y aquellos que, consecuentes con viejas posiciones pesimistas, dijeran con cara de resignación que el gobierno no reconocería el triunfo y que  todo estaba  perdido.

Mientras se prolongaba la tenida amenizada por lo más insólito de la fantasía vernácula, aparecieron voces que hablaban de una feroz lucha en el seno de la MUD por la disputa de la presidencia de la nueva Asamblea, el anuncio de próximas posiciones de gente en el exilio y hasta nombres para la presidencia en una eventual coyuntura electoral, todo lo cual no hace más que confirmar que nuestra exuberante imaginación tropical, de tanto inventar vainas, da en el blanco. Sin embargo, lo más cierto y equilibrado que escuché con insistencia y suspicacia fue: ¿Será que no quieren que se abran investigaciones sobre todo cuanto se ha dicho y se dice? ¿Por qué no se enfrentan Maduro, Cabello, Rodríguez, Flores, y toda la cúpula del régimen a la verdad incontestable de que fueron echados sin honores del afecto popular? A todas luces, haber reconocido sus errores francamente garrafales incluso en aquellas ocasiones en las que mostraban buenas intenciones, como es el caso de algunas misiones, habría dejado una puerta abierta para un posible reencuentro futuro, pero con esa actitud de agrio e inconsolable despecho no han hecho otra cosa que poner a la gente a escudriñar en el basurero de las verdades ocultas, desde donde salen “historias” que a veces rayan en lo inverosímil.