• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

Joropo, alpargata y oposición

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El joropo  con alpargatas de la oposición está  por comenzar y  lo primero que hay que recalcar  es que en este momento la oposición la forma  80% de los venezolanos y no solamente la que está en la MUD,  así que es bueno decir que   el arpa, el cuatro y las maracas, están a la disposición de los cantantes que  quieran  afinar sus   rimas para el contrapunteo. Aquí no valen ni trochas, ni  errores, ni  falsos esdrújulos. Los argumentos están a la vista y solo falta que entre en juego  el mismo sentido común que aplica el buen cocinero para que su plato sea intenso, auténtico y hecho con honestidad a la medida de de treinta millones de comensales que quieren saborear la luz después de una terrible oscuridad que se resiste a cederle  su lugar a la esperanza. Para ello tenemos que pensar, mirar, oler, tocar, cortar, probar, analizar y ejecutar y cada uno de esos verbos  conjugarlos de la mejor manera posible y sin distracciones. 

Lo que está a la vista no es un juego de cartas, ni una pelea de gallos, es la vida de una nación que tiene el derecho,  porque se lo ha ganado, a ser libre, plural, democrática,   pujante y constructiva para convertirse en una gran nación y dejar de ser esta falsa patria en la que hoy por hoy solo reinan las penurias, por lo tanto  la ruta de la oposición está marcada por la falta de soberanía como lo demuestra entre otras cosas, el caso Guyana y la injerencia de Cuba, Rusia, Bielorusia y otros aliados incluidos los islamistas;   por una dependencia cada vez mayor que nos obliga a importar todo lo que consumimos gracias a que este gobierno adoptó una economía de puertos intervenida además, por una reiterada e insaciable corrupción; por una economía en extremo raquítica, gracias a un absurdo sistema de controles; por expropiaciones irracionales que terminaron por matar nuestro aparato productivo; por una inseguridad que nos mata a todos sin distingo de color político, por una corrupción que nos ha dejado en la carraplana, por un desabastecimiento que nos tiene al borde de un estallido, por unos presos políticos convertidos en pruebas fehacientes de que la libertad en este país no existe,  por plagas nunca antes conocidas y menos aun en tiempos de aparente bonanza como son estos dieciséis años de ingresos petroleros que se fueron por las alcantarillas.  De esa línea  ninguno de los voceros de la oposición puede salirse ni un centímetro.

El enemigo sabe que está muy mal ante la opinión pública nacional e internacional, pero  es mañoso, en vez de defenderse ataca como fiera herida, no importa si lo hace con mentiras que ya nadie cree,  se mantiene en la línea del fraude continuado con aliados incondicionales como son el CNE, el MP, los tribunales en todas sus instancias y en especial la sala constitucional, las FAB que,  sumados todos  a sus malas intenciones y al aparato comunicacional que utilizan las 24 horas del día sin ningún pudor, hacen una “fuerza” para nada respetable, pero “fuerza” al fin.    Si hay alguien que sabe lo mal que está es el gobierno, de allí los golpes a la constitución, los abusos de poder que por ahora en esta recta se ha materializado en  la decisión tomada por Cabello de eliminar las elecciones del Parlatino, hecho ante el cual,  como era de suponer, el CNE no dijo ni pío. 

Para nadie es un secreto y mucho menos para el pueblo que la padece todos los días, que lo de la revolución bonita se ha ido descubriendo como una gran farsa que ni siquiera las dádivas que otorgan ciertas misiones todavía existentes, pueden   disfrazar, que después de tantas promesas se han mostrado en la escena de manera indecente todas las plagas que trajeron decisiones señaladas en su momento como errores  garrafales que solo conducirían al precipicio,   que después de haber escuchado una y mil veces que la revolución bonita nos convertiría en una gran potencia, el resultado a la vista es que lejos de hablar de rectificación, la cúpula cívico militar nos amenaza  con más infiernos.

Ante una situación tan grave como esta solo queda la unidad de propósito de toda la disidencia y esa no es otra que seguir el itinerario que nos indica la Constitución. Desde luego que la idea de ir a unas parlamentarias para con una victoria darle un giro de 180º al rumbo de  la Nación  es más que válida,  trascendente y necesaria, pero hay que lograr que pase de ser un sueño para convertirse en una realidad y eso se logra llamando al electorado con el ejemplo de la lucha.  Hay que trabajar   con pasión de gladiador y orgullo de peleador callejero, hay que incluir y hay que incluirse, hay que contaminarse, academias y académicos, ONG y militantes, gremios y agremiados, hay que hablar con voz fuerte y dejar la murmuración cotidiana que comienza siempre con la pregunta: “¿cuándo saldremos de esta pesadilla?” y que como respuesta  siempre encuentra  un robusto, obstinado y estéril silencio.  Es necesario dejar a un lado los resquemores, la desconfianza, andar pensando todo el tiempo en el propio beneficio y actuando desde la disidencia como si el enemigo estuviese en la disidencia y no en quienes desgobiernan el país.  Ya habrá tiempo para la discusión pero en este momento lo prioritario es rescatar la democracia, No voy a decir que esta es la última oportunidad de la democracia, porque ella es un libro abierto que, aun extraviada como está,  sabe  hacerse presente en el momento menos pensado, pero de lo que si estoy seguro es que el reto que tiene toda la disidencia, es uno solo y no es otro que reunirse en una unidad compacta  capaz de elaborar un programa basado en el sentido común y con las razones profundas de la democracia que,  con su solo enunciado,  pueda borrar esta locura de modelo prolongada en un tiempo torturantemente largo y que la nueva oligarquía cívico castrense pretende prolongar en el tiempo hasta el fin de los tiempos.  Lo que le queda a la oposición dentro y fuera de la MUD es conjugar los verbos del cocinero que son pensar, mirar, oler, tocar, cortar, probar, analizar y ejecutar y por supuesto conjugarlos muy bien.