• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

¿Estallido social o rebelión popular?

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Los hechos lo demuestran, los saqueos a los comercios y a los camiones con alimentos, los atracos a vehículos y personas para despojarlos de comida y otros artículos de primera necesidad, la violencia colectiva en aumento provocada por el hambre que se está dando a lo largo y ancho de Venezuela, nos están diciendo que eso que llamamos estallido social, al que siempre nos referimos poniendo como ejemplo el Caracazo, ya comenzó y comenzó de manera espontánea y descentralizada, con lo cual queda demostrado algo que esta vaina que llaman pomposamente “revolución” no entendió, y es que cada región de Venezuela tiene vida propia, tiene su nombre, sus propios problemas y una conciencia creciente de la importancia de su autonomía.

Culpar a la oposición de estos hechos y a ese misterioso enemigo externo que el régimen describe y que no vemos por ninguna parte, tal como lo expresan los voceros del desastre cada vez que declaran, es, además de un ejercicio de cinismo extremo, una manera de señalar y de paso anunciar aperturas de juicios y sanciones con cárcel a los dirigentes regionales más activos y de mayor arrastre popular, que militen en los partidos de oposición. 

Lo cierto es que todo cuanto estamos viendo es el nefasto resultado de un plan de destrucción nacional que comenzó hace diecisiete años en un recorrido sin pausa ni tregua, emprendido por un régimen que, inspirado en el castro-comunismo, convirtió a Venezuela en Estado forajido. 

Narrar cómo fue el perturbador desarrollo de ese camino creo que lo hemos hecho todos cuanto nos hemos preocupado por el tema. Son páginas enteras llenas de advertencias que por lo visto en muy pocas ocasiones fueron tomadas con seriedad por un pueblo embrujado con un discurso vacío, por algunos sectores de la oposición y casi nunca, y sobre todo, por un régimen que no ha cesado deliberadamente de echarle leña a un fuego que ya ha comenzado a tomar fuerza inusitada en el escenario nacional. Si al principio encendió los fuegos del resentimiento social con un discurso plagado de mentiras, hoy, descubierto a plenitud en las mentiras de su agotado discurso, con la degradación de la insensatez, con la violencia de la represión extrema, con el levantamiento de expedientes falsos contra los factores de oposición y a un plan para exasperar a todo un pueblo que les permita al régimen decretar un estado de conmoción.

Nada nuevo porque ese ha sido el libreto seguido por todas las dictaduras del mundo desde que el mundo existe. La pregunta es: ¿se conformará el pueblo con los saqueos, como única reacción a este estado de cosas, o preferirá manifestar su rabia, sus frustraciones, su respuesta al engaño continuado al que ha sido sometido por un populismo extremo tan lleno de promesas incumplidas, como de amenazas cumplidas, asumiendo una rebelión a plena conciencia que le permita ir con ideas libres y sanadoras contra quienes han provocado la destrucción? ¿Serán capaces los factores que hacen oposición de contribuir con palabra y acciones certeras a crear las condiciones necesarias para una justa y pacífica rebelión popular? ¿Se habrá dado cuenta acaso el régimen que con su intolerancia, su represión, su incapacidad de rectificar para resolver la crisis humanitaria que vive el país, su ya psicótica adicción al poder para propio beneficio y nunca para beneficio del pueblo, está propiciando la rebelión en un pueblo ya cansado de tanto acoso?

Es necesario recordar que el de la rebelión es un derecho que tienen los pueblos frente a gobernantes de origen ilegítimo, o que teniendo origen legítimo han devenido en ilegítimos durante su ejercicio. Y ese es, sin duda alguna, el caso de Venezuela. ¿O es que este régimen con todo su comportamiento abiertamente dictatorial que magnifica todos los antivalores que mantienen a una dictadura, comenzando por la represión, no entró en la condición de gobierno forajido al violar los más básicos derechos humanos, y tratar de imponer por vías de la fuerza y el engaño, entre otras cosas, un sistema castro-comunista que nadie pidió, que nadie quiere y que ha ido inexorablemente destruyendo al país? ¿Es que acaso el desconocimiento de la voluntad popular y la guerra abierta contra la AN que el pueblo eligió de manera tan abrumadora, no contraviene el principio de la división de poderes?

Estado de rebelión no es, como pretenderá decir el régimen, un estado de guerra o de conmoción, es un derecho que pueden y deben ejercer los pueblos insatisfechos y conscientes del engaño, cuando los abusos de poder los golpean cada día más y sin remordimiento en su parte más sensible, como es el caso nuestro.

Los abusos de poder han sido demasiados y han golpeado, sin remordimiento alguno, la parte más sensible de un pueblo cada día más insatisfecho y más consciente del engaño, lo cual no solo ha provocado este estallido social que Venezuela sufre con sus nefastas consecuencias, sino que ha creado las condiciones necesarias para un estado de rebeldía que veremos cuando al instinto de la supervivencia que expresan los saqueos se le una la decisión de acabar con las causas que crearon el hambre. Una cosa es saquear por hambre y otra luchar contra todo aquello que la originó.

Estado de rebelión fue, para no ir tan lejos, el 23 de enero de 1958; es preciso recordar que para ese momento el pueblo no tenía hambre sino falta de libertad y en cambio ahora tenemos hambre sin libertad unidos a una descomunal corrupción, una perniciosa adicción al poder por el poder mismo, una recurrencia sistemática por parte de una cúpula ideológicamente indigesta,   y una asfixiante ineficiencia que ha llevado a un país rico como Venezuela a una crisis humanitaria que ha despertado compasión a escala mundial.   

No están equivocados quienes piensan que quien mucho atropella desde el poder, termina creando las condiciones necesarias para la rebelión popular. Contra esta máxima no pudo ni siquiera la Revolución francesa, esa que marcó un antes y un después en la historia de muchos pueblos. Como decía Jefferson, “la rebelión nunca le ha hecho daño a los pueblos, todo lo contrario”, máxima que me gusta recordar con aquella de Albert Camus cuando escribió: “Un hombre rebelde es uno que dice NO, y eso es lo que se escucha en todos los caminos de Venezuela”.

 

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.