• Caracas (Venezuela)

Rubén Osorio Canales

Al instante

El “como sea”

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Todos los analistas y todas las encuestas coinciden en que para el 6 de D el régimen va a las parlamentarias  dando tumbos sobre arenas movedizas, que pese al discurso agresivo, el ventajismo, la propaganda engañosa, las denuncias de intentos de magnicidio, guerras económicas, señalamientos de traición a la patria a todo aquel que se permita decir que en Venezuela hay una mega crisis política, social, económica que amenaza  a todos los venezolanos sin excepción, el régimen con elecciones transparentes perdería abrumadoramente y que con todo y  fraude,  el margen todavía sería victorioso a favor de la oposición.

Y uno se pregunta ante semejante panorama ¿cuáles son las razones de semejante debacle para un gobierno que durante dieciséis años lo ha  tenido absolutamente todo? ¿Qué es lo que impide que el libreto preelectoral del régimen  surta efecto? ¿Cuál es la razón para que  al pueblo no lo conmuevan ni el  psiquiatra de la revolución cuando acusa de insania mental a la oposición, ni cuando el presidente de  la AN insiste en perseguir a los editores críticos y denuncia supuestos planes subversivos y Maduro en coro con Cabello,   como paso previo a la confiscación, militarización, expropiación o lo que quiera hacer  con  la Polar desde hace tiempo anunciada, acusa a su Presidente de conspirar con el FMI y de paso anuncia después de una reunión con los hermanos Castro que estas elecciones “hay que ganarlas como sea”? ¿Por qué el régimen entra en estado de histeria cuando se habla de una posible rebelión popular de carácter democrático utilizando la única arma con que cuentan los demócratas que es el voto?  ¿Qué de tan grave es lo que ocultan que tienen tanto miedo a  perder la contienda? 

Y todas las respuestas a estas elementales preguntas parecen coincidir en que  en todos los estratos sociales, la conciencia ciudadana se cansó del discurso oficial, tan repetitivo, tan mentiros, tan inerte, que esa ciudadanía con pantalones largos,  lejos de dejarse engañar, se opone  a un país dominado por un régimen militar y comunista que se ha distinguido por su utilización del sistema de justicia con fines meramente políticos, su irracionalidad al servicio de las   malas decisiones, el nombramiento mayoritario para los altos cargos de militares y civiles sin idoneidad para ocuparlos, la calumnia, la sevicia y ensañamiento contra toda disidencia como discurso, todo lo cual ha servido como caldo de cultivo para la inseguridad, la corrupción, la justicia sesgada, la  intolerancia,  responsables, todas ellas juntas,  de este desastre con visos de tragedia que estamos viviendo.

Se  trata sencillamente de un desencanto colectivo de un pueblo que creyó en la palabra de un militar autócrata y populista,  un adicto incurable al culto de su personalidad  que una vez ganadas las elecciones imitando a Fidel, se declaró   comunista, que con un discurso manipulador,  resentido  y delirante, dirigido a los más necesitados, a los humildes de buena fe,  a los desinformados, a los más incautos,  y por qué no decirlo,  aprovechado por los parásitos y oportunistas que siempre han abundado en estas regiones, logró, copiando el modelo fracasado de los hermanos Castro, instaurar un régimen que como bien podemos ver con nuestros propios ojos, “el que tenga ojos que vea”, nos llevó a la ruina.  

Por supuesto que solo en un país con semejante régimen un presidente se permite decir, que “estas  elecciones las ganaremos como sea”, ratificando con ello  que para el régimen las elecciones son una suerte de farsa para el disimulo en tiempos en los que, solo   en apariencia, existe vigilancia, y repudio en los organismos internacionales contra las dictaduras. Pero es que acaso ese “como sea” pronunciado con desespero, es nuevo? ¿Es que los hechos a lo largo de estos larguísimos años no nos han dicho que estamos y padecemos un régimen que ha llevado en cada ocasión el “como sea” a niveles de paroxismo cuando sacando menos votos que la oposición obtuvo más diputados, es que no se burló de una decisión popular aplicando las leyes habilitantes,  es que acaso no representan el “como sea” los dakasos, el ventajismo salvaje aplicado en cada ocasión con todo el peso del gobierno, la prohibición expresa de una observación internacional independiente y confiable, todas  piezas fundamentales en esa escena de un crimen llamado fraude?   

Es obvio que el régimen ha actuado siempre contra la  ley y   contra la historia, que siempre ha preferido el juego sucio,   y que en un momento dado poco le importaría  internarse en la violencia y hasta llegar a la locura de  una guerra civil para retener el poder.

Con toda certeza no se equivocan  quienes piensan que  de pronto  el régimen estaría dispuesto a ir más allá de un fraude, más allá de una alteración grosera de los resultados, y de una vez por todas terminar de quitarse la máscara  poniendo en acto el discurso del Ministro de la Defensa  según el cual, “El único proyecto viable y posible que asegura la independencia y la patria es el proyecto bolivariano de Hugo Chávez, a cuyo frente está nuestro comandante en jefe Nicolás Maduro” , o aquel  pronunciamiento de Rangel Silva, según el cual, “Un hipotético Gobierno de la oposición sería vender el país, eso no lo va a aceptar la FAN”,  tesis que Maduro, Cabello,  el cogollo militar que apuntala el régimen  y los hermanos Castro,  presuntos afectados y dolientes directos de un cambio, promueven   sin reservas, ante la mirada indiferente de factores tanto nacionales como internacionales, que deberían prestarle la más debida atención.

Los movimientos del régimen son torpes y en vez de hacerlo subir,  los bajan a escalones nunca conocidos en este largo camino. Todo pareciera que a estas alturas el deterioro del régimen no tiene cura, lo cual no significa que no esté vivo. Todavía en plena fase terminal como las grandes enfermedades,  puede causar grande estragos y con esto quiero decir que si bien el optimismo es bueno,  la situación no está para fiestas. Lo que vendrá antes  y   días  después del 6-D hace pensar en un río muy revuelto buscando su cauce con grandes dificultades llevándose todo por delante,  antes de su  regreso a  algo parecido a la calma.