• Caracas (Venezuela)

Ronald Nava García

Al instante

Un largo y complicado camino

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Ya les digo que dentro de esa enorme imperfección que constituye editar un diario hay áreas que sin corresponder al mundo periodístico sobresalen por los problemas que suelen entrañar y por la extraña confluencia entre lo científico o técnico y lo eminentemente empírico.

En la distribución de periódicos diarios se confrontan todos los días las estrategias más elaboradas para llegar a la gente, en las mejores condiciones, con la calle, con los distribuidores mayoristas, con los minoristas, con los kiosqueros, con los pregoneros. Y esa larga y variopinta cadena dista mucho de la perfección y también de la solidez. Hay en ella, por naturaleza, eslabones débiles que se rompen.

Esas rupturas ocasionan, en oportunidades, que el diario, que se hizo con esfuerzo y dedicación, no llegue o llegue tarde a las manos del lector que lo espera. Cree uno que es de lo peor que puede suceder sin contar que tiene una carga terrible de patetismo y de ridiculez, incluso.

Las quejas y reclamos de los lectores que no consiguen el diario, o lo reciben incompleto son, quizás, las que más engordan nuestros buzones de correo y nuestros teléfonos. Y esos lectores merecen, no sólo explicaciones concretas y soluciones oportunas sino mayor conocimiento de ese proceso que debería poner infaltablemente el periódico en sus manos.

Cree uno que estas líneas que estamos escribiendo deberían ser parte de la información corporativa que el diario, no la defensoría, debería ofrecer a sus lectores. Pero en nuestro país no es una práctica común que los medios, en general, informen sobre ellos y sobre su actividad. Está uno convencido de que esa información permitirá que el lector, o usuario, conozca mejor y más profundamente al medio.

La distribución de los medios impresos se ha complicado con los cambios de los modelos de negocio, y de hábitos y usos por parte de los consumidores durante los últimos años. Ahora, incluso, los diarios tienen que manejarse con alianzas entre ellos, y poner en manos de otro periódico la distribución de sus productos, especialmente en las rutas del interior del país. A dichas alianzas se suma el crecimiento de los intermediarios, tanto los mayoristas como los minoristas y detallistas, tales como los kiosqueros.

Hoy en día, esa cadena de distribución también pone en manos de terceros y cuartos el cada vez más creciente encarte de los productos adicionales del propio diario. Y eso comporta una gran responsabilidad que no siempre es atendida con seriedad y cuidado. Por eso, muchas veces usted tiene que reclamarle al vendedor para que le entregue la revista tal o el suplemento cual.

Todo lo anterior no exime al periódico de su absoluta responsabilidad en el hecho de que el ejemplar diario no se consiga o que el cliente lo reciba incompleto. El periódico debe agotar las previsiones y enfrentar los cambios que sean necesarios para que la entrega se produzca sin falta y completa. Si no lo hace está conspirando contra su propia existencia y contra la responsabilidad a que está obligado como medio de comunicación, que a eso también se refiere la credibilidad y el derecho a estar informado. O así.