• Caracas (Venezuela)

Ronald Nava García

Al instante

Lo de El País es una llamada a zafarrancho general

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Ya les digo que la enorme pifia cometida por el diario español El País al publicar con “todos los hierros”, que esto incluye despliegue en primera plana y presencia en todos los formatos disponibles, la foto falsa de un Chávez intubado, desborda las cuatro paredes y los extensos alcances de ese diario, y es una alarma global que grita en cada sala de redacción de este mundo en que vivimos. Y las defensorías de los lectores no escapan a esa llamada a zafarrancho general.

Este triste episodio despliega un enorme interrogatorio sobre sus causas y consecuencias, tan amplio que obliga a una simplificación quizás no tan simple. Creemos que se hace evidente la ineficiencia o la falta de alcance y rigurosidad de los controles de calidad, tanto los tradicionales como los desarrollados para atender los tiempos que corren; es decir, el espacio infinito que significan Internet, los medios digitales, las redes sociales y hasta el periodismo que llaman ciudadano.

Visto lo sucedido, vale recordar lo que en varias oportunidades hemos planteado desde este espacio, cuando nos hemos preguntado si acaso no hace falta que los medios, y concretamente los diarios, diseñen y pongan en operación una política editorial para manejar el error, que no estamos hablando de lo acostumbrado que pudiera esconderse detrás de esa denominación, de ese concepto de “política editorial para manejar el error”. Se trata de ir más allá.

Pareciera que no es una casualidad que el diario que más ha pensado y escrito sobre ese concepto sea El País. Que sepamos, desde hace más de un año la cosa viene siendo considerada en las oficinas de La Gran Vía, tal como lo han dejado conocer públicamente. Y esas consideraciones son producto de los errores del periódico y de las múltiples y consuetudinarias quejas de sus lectores.

Y uno no deja de sorprenderse de cómo un diario tan robusto en recursos y experiencias que incluye un ejemplar de defensoría de los lectores, pueda enfrentar cada día una situación semejante. Obviamente que las explicaciones desbordan el acotamiento de lo que pudiera pensarse normal. Es un suponer que detrás de ello hay otros motivos, otras causas.

Diseñar y poner en funcionamiento una política que merme esos errores es un trabajo enorme. Y lo es no sólo porque signifique inversión y costos, sino porque constituye un cambio tremendo en la forma de pensar que va más allá de todo lo que hasta ahora han pensado para enfrentar los retos y los problemas que viven los diarios y de los cuales hemos escrito tantas veces en estos últimos años.

Si el camino que se vislumbra para los diarios es el marcado por la calidad, el análisis, la profundidad y el manejo decente del lenguaje, la cosa es más demandante, más exigente, más necesaria. Y ello no es un problema de El País, es un problema de todos los que comparten el segmento editorial y su posicionamiento mercadotécnico, guardando las distancias naturales que existen.

Creemos que han tocado a zafarrancho general, esa voz urgente que clama por una revisión a fondo de lo que ocurre cotidianamente en los diarios del mundo. O así.