• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

La patria

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Estoy seguro de mi afecto y devoción por la patria venezolana, pero no milito en el grupo de quienes viven invocándola y glorificándola mientras le hunden el puñal militar por la espalda, le roban el dinero y condenan arbitrariamente a gente inocente solo por decir esto que digo o por pensar distinto y aspirar a vivir por ella y en ella, sin sobresaltos.

Estos “patriotas” hacen lo que Fred Mac Murray le hizo a Barbara Stanwyck en Double Indemnity, 1944, la película de Billy Wilder: mientras la abraza y le susurra al oído “Good-by, baby”, le pega un tiro en el estómago, que es donde mas duele.

La Patria, Bolívar, Martí, las banderas, son perfectos comodines tanto para invocar el bien como para perpetrar maltratos y mandarnos a la cárcel o al exilio.

Son tantos los crímenes cometidos en nombre de la patria que ella ha perdido forma y color; se desvanece como humo cada vez que la los caudillos civiles o militares, autoritarios o no, la hacen suya y tropezamos, nos perdemos entre los escombros que quedan de ella y tratamos de escapar del espanto que se apodera de nosotros; entonces nos extraviamos, errantes, en otros paralelos; en ciudades que no nos pertenecen. Un proyecto, tan desatinado como cualquier otro de los que propone el chavismo, pretendía instalar unas “¡bodegas patrióticas!”

Aurora Bernárdez, la viuda de Julio Cortázar en los Papeles inesperados que ella recopiló y publicó en Alfaguara dio a conocer un breve poema de su marido que habla sobre la patria: “Patria de lejos, mapa/mapa de nunca/ porque el ayer es nunca/ y el mañana es mañana”. Y termina diciendo: “Patria, cartas que llegan/ y otras que vuelven/ pájaros de papel/ sobre el mapa volando”. Cortázar podría haberse referido a los mensajes de los venezolanos que se han marchado del país voluntariamente o no, como despojos bolivarianos, negándose a aceptar el mapa de una patria deshonesta. La pandilla militar, extasiada, afirma tener patria mientras erosiona y dilapida los tesoros del país convirtiéndolo en la Stanwyck, es decir, en un lugar yermo y devastado, pero perverso en el que se perpetra el monstruoso fraude judicial contra Leopoldo López que involucra a fiscales y al gobierno. O muchachos apresados en Haití cargando ochenta kilos de cocaína y comprometiendo a la más alta autoridad. ¡Una vergüenza que no puede quedar impune! La torpeza es tal que los verdugos están fabricando en Ramo Verde a un futuro presidente y hay torturas en La Tumba. Siendo tan primitivo, Juan Vicente Gómez escuchaba a sus interlocutores y respondía diciendo: ¡Aja! Pero los oía sin tener que esperar, según la expresión de Diosdado Cabello a que la rana echase pelos.

También el Voivoda, abrumado por la inmortalidad, necesita tierra de los Cárpatos para perdurar en el tiempo que tanto lo aflige porque sabe que muerto en vida jamás conocerá el amor y con la tierra de Transilvania carga consigo la nostalgia de una patria que mantiene oculta en los ataúdes porque sin ella perdería su única verdad, es decir, el único amor que pudo haber conocido cuando vivió entre humanos como Vlad III, Vlad Dracúla, Príncipe de Valaquia conocido como Vlad Tepes, es decir, el empalador de los otomanos.

Me duele y avergüenza decirlo, pero mi patria bajo el chavismo no es honesta. Personalmente, estoy asqueado de los “patriotas” de este país; todavía mas, de los “cooperantes” porque ellos y sus amos son fascistas execrables. Julian Barnes en su libro sobre El loro de Flaubert, lo expresa claramente: “El mayor acto de patriotismo consiste en decirle a tu patria que está comportándose de forma deshonrosa, estúpida y malévola”. Y agrega que el escritor debe tener simpatías universales, y ser un proscrito por naturaleza: solo entonces puede ver las cosas con claridad. Barnes sostiene que Flaubert “siempre estuvo de parte de las minorías, de parte de los beduinos, los herejes, los filósofos, los ermitaños, los poetas”.

En la lengua inglesa patria es el “native country”, y “homeland” es la patria chica, pero es también “Fatherland” y aquí el nombre del padre va asociado a la idea de dominio que es potestad del padre así como la madre es imagen de la naturaleza y símbolo, según Jung, del inconsciente colectivo. Patria en inglés es Tierra pero no de la madre sino del padre porque el padre significa procreación, posesión y coraje. Es figura de autoridad, de fortaleza, de ley. Incluso, la concepción icónica católica de Dios es viril. ¡Él es la Patria celestial!

Pero mi patria son los helechos que cuelgan en mi jardín y adoro sus frondas. Reitero que cuando me preguntan por qué sigo aquí y no me he largado, respondo: “¿Qué hago con los helechos?”. Ellos son la configuración vegetal de mi verdadera patria no la áspera conducta militar que pretende dirigir mis pasos en el país que también soy, mientras dilapida 26 millones de dólares en ejercicios militares con el propósito de hacer sombra a las firmas del revocatorio. ¡26 millones que habrían servido para dar pan a un pueblo hambriento! Un ejército que humilla y doblega la dignidad de quienes padecemos la disolución de una patria convertida en pudridero que entrega nuestra alma a los cubanos y el hierro de Ferrominera a los chinos, encarcelando a sus opositores o traficando drogas al mismo tiempo que abalea a la patria como hizo Fred McMurray cuando le pegó el tiro mortal en el estómago de Barbara Stanwyck.