• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

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Rodolfo Izaguirre

El país como maqueta

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Siendo joven visitaba con frecuencia a mi amiga Lucía Pecchio, arquitecta, fallecida en edad temprana. Ella era entonces vecina de Alejo Carpentier, lo que me valió acompañarla muchas veces a casa del ilustre vecino y tener el privilegio de escuchar al escritor y musicólogo cubano cuya gratísima conversación y claridad en los asuntos que trataba eran para mí música de ángeles. Además de verlo y oírlo personalmente, disfrutaba de otra alegría: su columna diaria en El Nacional de Caracas titulada “Letra y Solfa” de la que tanto aprendimos. Como es sabido, el autor de El reino de este mundo y de Los pasos perdidos vivió años en Caracas y llegó a ser figura importante en la publicidad Ars. No estoy muy seguro de si la visión que ofreció del país venezolano como una maqueta fue en las conversaciones en su casa o en alguno de sus artículos de “Letra y Solfa”, el hecho es que quedé fascinado.

Él descubrió que Venezuela resultaba un lugar de prodigio para cualquier productor cinematográfico porque a solo una hora de avión desde Caracas el cine podía encontrar la locación exigida por el guion de la película, puesto que toda la geografía del mundo existe en el país, pero en pequeña escala; como si fuese una maqueta. Mencionó algunos ejemplos: ¿el film exige nieve? Allí está Mérida. No es precisamente los Alpes, pero hay nieve. ¿Es selva lo que se busca? Allá está la amazonia venezolana. No es todo el Amazonas pero hay una jungla apreciable que basta para la filmación de las secuencias que pide el guion. Es más: está el cerro Autana que es una montaña mágica y la caída de agua más alta del mundo. Si lo que requiere el productor no es nieve sino desierto, sol y arena, tenemos los médanos de Coro. No son el Sahara, pero para las tomas que se necesitan resulta desierto suficiente hasta para Lawrence de Arabia. ¿Llanos? Sí. Los tenemos y, además, hay garzas, por si se busca un poco de color local; algo de tarjeta postal. No son la taiga, no es la pampa, pero en ellos cabalgó Doña Bárbara. ¿Las aguas por las que navegó Ulises? ¡En algún lugar del Caribe el cine puede construir Ítaca! Y así fue enumerando Carpentier locaciones que no solo componen la geografía del mundo, sino que todavía hoy siguen esperando el cine a solo una hora de vuelo desde Caracas. Pero también iba construyendo un país en pequeño. ¡Como si fuera una maqueta!

Que yo recuerde, no mencionó al país político que también podría apreciarse como una maqueta. Si alguien pregunta: ¿Se practica la democracia? Diré que se trata de una democracia autoritaria camino de convertirse en una pavorosa dictadura militar. Si preguntan si el país sufre una dictadura, diré que sí, pero no la de Stalin, ni la de Castro ni la de algún sátrapa africano o del Lejano Oriente sino la de un régimen que organiza y gana elecciones presidenciales o elecciones para la Asamblea Nacional en las que curiosamente quienes obtienen más votos son los que menos curules ocupan y persigue con saña a ciudadanas preclaras como María Corina Machado. ¿Hay libertad de expresión? Yo escribo estos comentarios para El Nacional, pero El Nacional está ahogado y acorralado por el régimen militar que le niega divisas para abastecerse de papel y mantiene sobre todos los diarios y revistas una hegemonía comunicacional. ¿Es cierto que se trata de un país mágico en el que pueden volar las alfombras? Las alfombras no, pero los alimentos básicos, sí. Y podría agregar que también lo hacen los comandantes inmortales ¡convertidos en pájaros! Pero exceptuando la corrupción, los narcotraficantes enchufados en el gobierno y la aflicción de la gente, todo lo demás está condensado; en pequeño, como si fuese una maqueta.