• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

La madre

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En un dibujo de Quino el vendedor ambulante pregunta a Mafalda: ¿Está tu madre? y ella responde: ¿Cuál de ellas? Porque existe la madre amorosa, la que obliga a tomar la sopa, la que es dura y áspera, la que... La madre es la primera portadora de la imagen del ánima; imagen de la naturaleza. Contrariamente, la madre terrible es figura de la muerte. En el “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, García Lorca se refiere a ellas: No se cerraron sus ojos/cuando vio los cuernos cerca,/ pero las madres terribles/ levantaron la cabeza./ Y a través de las ganaderías,/ hubo un aire de voces secretas/ que gritaban a toros celestes,/ mayorales de pálida niebla.

La madre es fuente del agua de la vida y por ello, un ser que se supone sagrado. Jung sostiene que la madre es símbolo del inconsciente colectivo, del lado izquierdo y nocturno de la existencia. En los juegos adolescentes y en ciertas ocasiones, polémicas, de peligro y de reyertas, surge la alusión a la madre pero en forma despectiva, obscena, groseramente vulgar: ¡el coño de tu madre! que puede generar incluso una muerte violenta o un juicio por difamación. En mis lejanos tiempos escolares, la injuria se respondía con otra igualmente ácida: “¡La tuya que es mi comadre!” Pero son tiempos idos porque recuerdo que la jueza Dinorah Yosmar González dictaminó a favor del productor de un esperpéntico programa televisivo llamado La Hojilla y sostuvo que mentar la madre a alguien, particularmente a la de Miguel Henrique Otero, no constituía agravio alguno. Era como otorgar nuevamente al Agente 007 licencia para matar.

La generosa liberalidad del chavismo ha convertido a todos y a cada uno de los venezolanos en artistas; no cree en la meritocracia; elimina los exámenes de admisión en las universidades; desacredita los títulos académicos otorgados por universidades de prestigio y valora desmedidamente los que conceden las bolivarianas. Y, lo más novedoso: podemos mentarle la madre a quien se nos antoje sin temor a parar en la cárcel o ser demandados por difamación lo que, al parecer, se ha convertido en una peligrosa arma política en manos del régimen.

Alguien, digo yo, se tomará el trabajo de recopilar y prologar un libro que recoja las veces que Manuel Caballero en sus artículos dominicales asomó el nombre de la progenitora de José Vicente Rangel sin nombrarla de manera explícita. Un alarde de ingenio y de perfecto dominio del sarcasmo, de la ironía y del lenguaje que muchos de nosotros, opositores al régimen, envidiamos porque si lo manejáramos con la inteligencia de Caballero contribuiríamos a enaltecer la diatriba y sacarla del pantano.

Tengo una lista muy larga que cada día tiende a enriquecerse de sujetos a los que me gustaría mentarles la madre. Pero son anhelos que quedan allí, en la mera intención, porque no soy dado a injuriar ni a ofender a nadie, ni siquiera a los más enchufados bolivarianos. Tampoco sé si darle o no las gracias y aplaudir o rechazar a la jueza Dinorah Yosmar Gonzalez por abrir las compuertas y dejar correr libremente el mayor insulto que manejamos los venezolanos contra ese ser sagrado que es fuente de vida, así sea ella una madre terrible o una estrella en la constelación del lupanar.