• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

Las llaves

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las llaves abren no solo las puertas de nuestras casas sino las del cielo. Pero así como las abren, también las cierran. Este y no otro es el poder que tienen sobre nosotros. Nos dejan afuera o permiten que entremos a veces sin permiso de los dueños, pero no en mi casa sino en la de San Pedro porque Él tiene los originales de todas las llaves que existen. Dos llaves aparecen en el escudo papal. Una es de plata y la otra es de oro aludiendo al parecer además de las del propio Pedro a Jano, la deidad romana de dos rostros que miran en direcciones opuestas y se la considera símbolo del anhelo de dominación general. La de oro resplandece porque representa al poder espiritual de la Iglesia Católica y la de plata es oscura, opaca porque su poder es político, temporal, terrenal. El cordón que las une es el símbolo del vínculo entre los dos poderes.

Me tocó ver no solo las exequias de Juan XXIII, il “Papa saggio” como lo llamó el periódico comunista L`Unitá, sino la aclamación del nuevo Papa. El ritual que transcurrió en la Plaza de San Pedro fue electrizante porque el nuevo pontífice transitó por la plaza entre la algarabía de la multitud de feligreses: ¡Evviva il Papa! ¡Evviva il Papa! mientras el cardenal Ottaviani, en el momento en que yo estuve, anunciaba tres veces seguidas, solemnemente, por los altoparlantes: “¡Sic transit gloria mundi!”. ¡Asi pasa la gloria del mundo! haciendo énfasis en la fugacidad del poder y de la gloria.

¡Llave de luz y de aciertos y otra, de oscuridad y humana fragilidad!

La llave es símbolo, además, de iniciación porque abre las compuertas del conocimiento. En algunos países del oriente del mundo es objeto sagrado porque con ella se abre la despensa en la que se guarda o almacena el arroz considerado también como alimento del espíritu.

¡El sol es otra llave! Abre los días cuando de regreso de su viaje nocturno por el  mar permite que amanezca. Dios es la llave de la creación y sentados a un lado de su trono están su Hijo y los que gozan de la buenaventura que le permitió usar la llave de una plácida eternidad, y en nuestra humana y transitoria vida política en la silla democrática de acuerdo con las circunstancias solo se sientan el déspota o el demócrata, ambos llevando colgada en el cuello la  llave de su autoridad. En sus manos, significa poder, norma, regla, decisiones, responsabilidades,  pero también desgracias, castigos y arbitrariedades. Siempre será humano el margen de nuestros errores y  equivocaciones como la de Nicolás Maduro al perder la llave,  dejarla caer y perderla para siempre particularmente cuando se trata de la llave del poder absoluto, el formidable símbolo de la autoridad. Una llave que no admite copias. Es la llave maestra del reino, la comarca, el país, el imperio mismo.  Pero también la que abre la puerta de la astucia política y de la inteligencia que él, Maduro, tampoco tiene. De allí la respuesta del sagaz artesano cuando le pidieron que fabricara la llave de la felicidad y pidió que le trajeran la original.

A Nicolás no se le baja la fiebre desde que supo que había perdido la llave del gobierno. Da pena ajena verlo buscándola con desesperación inventando disposiciones absurdas para que sus ministros la encuentren sin lograrlo; molestos porque ahora es otro venezolano llamado Ramos Allup quien tiene la nueva llave que abre, al menos, y ¡por ahora! las puertas del hemiciclo.

¡Nicolás no sabe qué hacer! Tampoco acepta el hecho irrefutable de que la mayoría de los venezolanos no lo quieren, que no le perdonan haber perdido la llave sin haber hecho nunca  buen uso de ella, de haber cerrado, contrariamente, las puertas por las que habrían podido entrar las fiestas y los regocijos. Ahora, tardíamente, trata de forzar algunas de las puertas mas endebles impulsado por la ciega fuerza de la desesperación creyendo que al hacerlo respirará aires mejores. Pudo haber acudido a sus dos sobrinos para que, drogados, lo ayudaran a derribarlas pero ellos están ausentes del país. ¡Uno, llora, mientras el  otro, canta!  Y los militares dicen que no están allí para derrumbar puertas a culatazos sino para hacer sentir el peso de sus armas en la política. ¡Lo que aún no llegan a comprender es que las armas políticas más eficaces, a la larga,  son las del pensamiento y la honestidad y las tenemos nosotros! ¡Son nuestras llaves y con ellas abrimos ya las puertas de la Asamblea Nacional! Falta encontrar al cerrajero que cambie las cerraduras  del Tribunal Supremo de Justicia o esperar que alguien, desde adentro, abra algún día las puertas  que dejarán salir a la justicia hasta ahora allí encerrada.