• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

El cosmos vive en nosotros

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Lo recopiladores de la fascinante Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, aseguran que los primeros creadores de fantasías, en forma de mitos y leyendas, las emplearon para explicar todas las maravillas del universo que no podían comprender. Aseguran que “además del Cosmos que nos rodea, hay un Cosmos en nuestro interior, mucho más grande que cualquier cosa que podamos ver u oír con nuestros sentidos externos”.

Las imágenes exquisitas o terroríficas de nuestra imaginación, las voces y música de la mente, surgen de una inmensidad para la cual no tenemos nombre. El Caos dentro de nosotros contiene a todos los dioses y demonios inventados por la humanidad con toda su creatividad mágica concentrada en místicas semillas en nuestros corazones y nuestras mentes. Y podemos utilizar sus poderes para obtener alegría y libertad o para difundir la devastación física y espiritual.

Sin embargo, dicen los recopiladotes, podemos albergar la esperanza de llegar a comprender algo del inmenso Cosmos que tenemos dentro. Lo que llamamos fantasía es “el primer paso hacia dicha comprensión, porque es la electricidad de la imaginación, de donde brota todo el conocimiento, y al profundizar en los mundos soñados por otras personas, ellas pueden ayudarnos a comprender”.

En lo personal, no alcanzo a imaginar siquiera cuál habrá de ser el mito o la leyenda que explicaría, por ejemplo, la existencia del régimen militar bolivariano porque es tan desfasado, tan anacrónico que no logro ubicarlo en ningún tiempo y en ningún espacio geográfico, y mucho menos comprender su capacidad para causar estragos y torturas a quienes se atreven a cuestionarlo. Este régimen es como ese Cosmos terrorífico para el que aún tampoco tengo un nombre certero porque la actitud comunistoide, represiva y “socialista” del gobierno termina en un contradictorio y sorpresivo: “¡Dios proveerá!”. Pretende que se le trate y considere como un gobierno democrático pero es una tenebrosa dictadura militar; un régimen autocrático como los que siempre están agobiando y martirizando a las sociedades civiles en el Tercer Mundo.

Pretende heroicidades y solo asoma ruinas y desventuras: su única gloria es la de haber desmembrado y arruinado en quince años un país que llegó a conocer la prosperidad. Glorifica las armas mientras cierra las puertas y ciega las ventanas por donde siempre han entrado los aires renovadores del espíritu y de los conocimientos universitarios. Es un Cosmos achicado y lleno de asperezas, exclusiones, rencores sociales, irrespeto, violencia, corrupción y vulgaridades. Tal vez la única leyenda, el único mito que perdurará de él será el de haber convertido en pajarito al Comandante Eterno o el de mantener “vivo” al fallecido caudillo militar que inició la ruina física, moral y financiera del país dilapidando nuestra fortuna tal como hizo mi padre con la de mi mamá en un tiempo en el que las mujeres no estaban protegidas por la ley. En el maltrecho Cosmos que, para darle un nombre, llamaremos bolivariano, la vida es ¡una enfermedad! Solo hay bacilos de odio, bacterias trasmitidas por “patriotas cooperantes” y por grupos armados y violentos. Las finanzas, al estar en rojo alarmante, han obligado al sátrapa a buscar dinero en países distantes, sin lograrlo.

Contrariamente, en el Cosmos que se agita dentro de mí y que escucho sin ver están todos los dioses inventados por la humanidad, una flora y una fauna convertida en portentosos milagros. La Enciclopedia asegura que en él se encuentra también mi subvida, es decir, mi propio averno: un cielo que puede transformarse en infierno. En él soy Luzbel precipitándome en los abismos y soy, al mismo tiempo, el ángel de alas doradas que sube a la luz. Todas las fantasías y seres que viven en cielos inexistentes y en los túneles del subsuelo, todas las sabidurías, pero también todos los demonios infernales viven en mí pero, a diferencia del bolivariano, sé cómo sujetar a estos últimos y dominarlos. En todo caso, el lugar de los tormentos y las pesadillas se identifican única y claramente con el régimen militar bolivariano.