• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

Una canción francesa

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Una canción popular durante el Terrorismo de la Revolución Francesa decía: “Los antiguos romanos solo tenían pan y circo, ¡pero los franceses de hoy se conforman con el circo!”.

La expresión original se encuentra en Las sátiras, del poeta latino Juvenal y se refiere a la demagógica práctica política, muy en boga durante el imperio romano, de mantener quieta y contenta a la gente para obtener votos electorales beneficiosos.

César regalaba trigo o lo vendía a muy bajo precio. Y mantenía combates sangrientos entre gladiadores y festejaba que leones hambrientos se comieran a los primeros cristianos ante la euforia del público que colmaba las gradas del circo. De manera que la práctica oficialista de comprar u obtener votos mientras distrae a la muchedumbre no solo es vieja sino antigua y ajustada a la ambición y voracidad del mandatario de turno en cualquier época o lugar. Se estima que una vez César obtuvo 200.000 votos a su favor regalando trigo. Lo mismo hizo el emperador Aureliano 3 siglos más tarde: repartió a 300.000 personas 2 panes gratuitos por día.

Fue esta odiosa astucia política y populista lo que enardeció a Juvenal. Por eso escribió: “Desde hace tiempo –exactamente desde que no tenemos a quién vender el voto–, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, huestes y legiones, en fin, todo, ahora deja hacer y solo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo” ...Nunc se continent atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

La situación venezolana es peor que la romana en tiempos del César o de los franceses durante el Terrorismo de la Revolución porque no tenemos pan, pero tampoco hay circo. Estoy por creer que durante el largo período del Imperio romano o mientras Robespierre guillotinaba a nobles y plebeyos por igual, la situación no habría sido muy diferente de la que padecemos en la hora actual bolivariana sin pan ni circo. El desconcierto asomó porque el propio Robespierre también dejó su cabeza en la cesta sangrienta en la que caían las de los guillotinados. 

Los historiadores consideran que aquel terror se justificaba porque Robespierre se defendía así de las conspiraciones internas y foráneas que aseguraba se tejían contra la Revolución; pero al hacerlo desató una ola de ajusticiamientos a gentes de la nobleza y también a quienes reclamaban pan. Era como si se repitieran la escasez, el bachaqueo y la cárcel que es práctica bajo el socialismo bolivariano.

Este es nuestro circo: la búsqueda incesante y humillante de pan y medicinas. Somos el alimento de los leones hambrientos del circo romano. ¡Somos gladiadores! Cada uno de nosotros trata de defenderse del otro harto de hacer cola desde la medianoche para comprar aceite, huevos o pañales y recibimos del César como regalo, a cambio del voto, una bolsa de comida o las tabletas que se les entrega a los escolares, pero que los malhechores apostados a la salida del colegio se las roban sin que sepamos si es el propio gobierno el que lo ordena o si son, en verdad, delincuentes despiadados que se apropian de ellas.

Es nuestro circo porque no hay otra manera de que festejemos la vida en plazas y parques. La alegría cedió el paso a la amargura de constatar que no hay pan pero tampoco hay circo. Afortunadamente, algo tenemos: “¡Tenemos patria!”, y podemos recordar no solo al poeta Juvenal y la vigencia de sus célebres sátiras que parecen escritas durante la pesadilla bolivariana, sino una vieja canción francesa muy popular en tiempos de terror desatado por Maximilien de Robespierre, guillotinado el 27 de julio de 1794 por aquello de que “¡a cada cochino le llega su sábado!”, como ocurrió, en efecto, el sábado 6 de diciembre, ¡la cabeza del régimen bolivariano cayó en la cesta de los guillotinados!