• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

Rodolfo Izaguirre

¡Cuando caiga el mango!

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando no se podía pasar en mangas de camisa por la plaza Bolívar o con un paquete en la mano porque se irrespetaba la figura ecuestre del Libertador, los mayores alquilaban sillas y se sentaban en la plaza a conversar. Creo que abandonaron esas tertulias después de la caída de Medina Angarita no porque se desvanecieran sus ánimos sino porque se fueron muriendo de viejos. Se les conocía como “Los edecanes del Libertador”. Mi papá fue uno de ellos. Llegaba a las cinco y media de la tarde, alquilaba su sillita y repasaba la agenda del día con los contertulios. Eran, principalmente, comentarios ácidos o risueños sobre mujeres o amigos no presentes y sobre el negocio de bienes raíces; pero más que todo, sobre política.¡Profetizaban! No faltaba quien asegurara con vehemencia que la caída del gobierno era inminente porque tenía informaciones de que el general Peñaloza, o como quiera que se llamase el insurrecto de turno, se había alzado en el Táchira; que se lo había dicho esa mañana en el mercado de San Jacinto el propio hermano de Peñaloza. Otro “Edecán” informaba sobre movimientos “raros” en los cuarteles y otro mas comentaba que en Miraflores el “Hombre” estaba arrecho porque uno de los líderes opositores “estaba hablando muchas pendejadas” ¡Mi papá no soltaba palabra! Cuando el reloj de la Catedral daba las siete se levantaba: “¡Hasta mañana! ¡Me voy a cenar y luego iré al cinematógrafo!”.

La verdad es que siempre surgirá un cuñado de la vecina del general o del ministro asegurando que tanto el ministro como el general andan en algún tejemaneje para tumbar al presidente. Pero conspiraciones de esta naturaleza ¡ya no se practican! La tendencia bolivariana prefiere la acusación directa, pero desde el gobierno y no desde la sillita de los edecanes. Sin mostrar ninguna prueba, a menos que ésta sea subliminal o de “interpretación”, es el gobierno quien acusa a la oposición de conspirar para tumbar al gobierno o para matar al presidente revelando algunas inocentes e ilegales conversaciones de los “conspiradores”.

Fueron tantas las veces que Hugo Chávez afirmó que lo iban a matar sin que le ocurriera ningún rasguño que se convirtió en el muchacho perseguido por el lobo en el valle del Nerdenthal. ¡Con Hugo Chávez y ahora con su sucesor, la mentira y la absurdidad se adueñaron de la política... y del país! Hay, incluso, quienes no creen en el percance de la propia muerte del comandante; en cambio, para colmo del absurdo, hay quien jura haberlo visto transformado en pajarito y haber hablado con él. Da la impresión de que las alocadas y reiteradas acusaciones de magnicidio en lugar de emanar del palacio parecieran inventadas por los fantasmas de los edecanes de Bolívar antes de que la Catedral diera las siete y mi papá se fuera al cinematógrafo.  

Me acuerdo de las profecías que arrasaron a Caracas cuando Jesús María Castro León, el nieto de Cipriano Castro, se le ocurrió invadir desde Colombia por la frontera del Táchira en abril de 1960: “¿Que el hombre ya viene?” “¡Que trae más de dos mil hombres!” “¡Que la vaina está peluda”! “¡Que el gobierno va a caer esta misma noche porque me lo dijo la prima de la vecina del secretario del ministro de la Defensa!”

Situaciones como éstas son las que explican el email que acabo de recibir en el que su remitente agradece a familiares y amigos que, ¡por favor! no le sigan mandando más profetas ni profecías “sobre lo que todos queremos y esperamos”. El mismo email asegura que todos y todas: profetas y profecías, son falsos y establece, además, que el último profeta verdadero fue san Juan Bautista. El autor del email  ruega encarecidamente que si le van a profetizar algo que ese “algo” sea un hecho consumado. Y acaba su mensaje diciendo: “Díganme solamente: ‘¡Cayó el mango!’ y correré a mi empobrecida bodega para servirme un trago: de cocuy  o champaña, ¡lo que sea!”