• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

Recados del más allá

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Hay quienes aseguran que al producirse una muerte temporal, la conciencia sobrevive. Muertos que regresan a la vida. Escapan del cuerpo, observan todo lo que los rodea porque lo hacen desde un nivel de percepción distinto al de quienes permanecemos vivos.

Son muchos, al parecer, los testimonios de personas, generalmente mujeres, que al salir del estado de coma o de una muerte temporal causada pongamos por caso de asfixia prolongada, aseguran haber visto una luz muy blanca e intensa y detrás de tan extraordinario y sorprendente resplandor logran ver el rostro de algún ser querido. Mi hermana Margarita al emerger de una larga y problemática operación quirúrgica afirmó que había visto a su hermana Liliam, muerta hacía muchos años, que le dijo dulcemente: “¡Qué haces aquí? Nada tienes que buscar en este lugar. ¡Vuelve a tu casa!”.

Los evangelios se preguntan quién resucitará y responden diciendo que resucitarán todos los hombres que han muerto: “Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida y los que hayan hecho el mal, para la condenación”. Resucitó el propio Jesús. Es decir, el único mortal que, en efecto, ha regresado de la muerte. Lo hizo Lázaro, pero volvió a morir cuando un soldado romano lo mató después de preguntarle: “¿Tú no eres Lázaro, uno que resucitó?”.

Harry Houdini que nació en 1874 cuando Budapest pertenecía al imperio austrohúngaro y murió en Detroit en 1926 se llamaba en realidad Ehrich Weisz y era uno de los seis hijos del rabino Mayer Weisz. Se hizo famoso por sus artes de magia. Era capaz de escapar de cárceles, esposas, ataúdes, camisas de fuerza; hasta de un tonel lanzado en las cataratas del Niágara. Murió de peritonitis cuando tenía 52 años y antes de morir prometió a su esposa que escaparía del lugar donde estuviese y regresaría. Pero jamás regresó. ¡Es que no hay manera de regresar! Se trata de un viaje que ninguno de nosotros hemos emprendido en vida y nadie sabe de qué se trata. Se asegura que es un viaje hacia la eternidad, hacia la oscuridad de lo desconocido.

Para algunos, la muerte es la suprema liberación. La muerte posee una ambivalencia: la vida permanece ligada a la muerte al punto de que comenzamos a morir desde el instante en que llegamos a la vida, y la muerte, a su vez, es “el manantial de la vida” porque se renace en la luz y en la claridad.

Cuando Amaranta Buendía se ofreció a llevar cartas a los muertos todo Macondo se estremeció y a las 3:00 de la tarde había en la sala un cajón lleno de cartas. Quienes no quisieron escribir le dieron a Amaranta recados verbales que ella anotó en una libreta con el nombre y la fecha de muerte del destinatario. “No se preocupe, tranquilizaba a los remitentes, Lo primero que haré al llegar será preguntar por él y le daré su recado”. 

El último recado recibido del más allá no es de Amaranta Buendía ni de ninguno de los destinatarios, sino de un desconocido; se refiere a las elecciones del 6 de diciembre y dice textualmente: “Mandan a decir Carlos Andrés y Caldera ¡que a Hugo Chávez le dio un ataque!”.