• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

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Rodolfo Izaguirre

Navidades violentas

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Para bien y para mal, el cine se ha ocupado de la Navidad desde Duro de matar hasta las viejas películas de Cary Grant. Hay de todo, ahora, en las películas sobre la Navidad: monstruos verdes, Papás Noel asesinos, terroristas que tratan de volar edificios, ancianos bondadosos, pero sin alcanzar la cúspide a la que llegó Kriss Kringle (Edmund Gween) en El milagro de la calle 34, de 1947 tal vez la película más sensible y conmovedora que se haya realizado sobre la Navidad. Un actor como Bing Crosby se deleitó cantando “Blancas Navidades” en un homónimo y aburrido melodrama de los años cuarenta mientras las actrices más famosas se ocupaban de vender bonos para sostener la guerra contra los nazis y adornar arbolitos de Navidad.

Hoy, las navidades caraqueñas tienden a ser cada vez más terroríficas bajo el régimen militar.

Hay una lista de películas que, ambientadas en la Navidad, ofrecen situaciones inesperadas o impropias, al punto que en la Cinemateca de Bogotá pudo realizarse un ciclo que incluía títulos como Duro de matar. Por su parte, la Página 12, de Argentina, aseguraba que en el cine las Navidades fueron primero blancas y felices. Después vino la depresión y se pusieron oscuras. En los años 60 se volvieron bizarras, con marcianos y todo. En los 80, directamente monstruosas. Y en la hora actual, la violencia es moneda de uso corriente en las Navidades de cualquier país. En Negra Navidad, 1974, un asesino aterroriza un orfanato en plena Nochebuena. En Gremlins, la Navidad de un pueblito se transforma en pesadilla con la llegada de unos monstruos que enloquecen y se multiplican al entrar en contacto con el agua.

Duro de matar, (1988), es la película de acción navideña más tradicional: John McClane (Bruce Willis), va a buscar a su mujer para reconciliarse, y se encuentra con que el edificio ha sido tomado por un grupo terrorista. El extraño mundo de Jack presenta a unos engendros del Halloween que se apoderan de la Navidad y en The Grinch, Jim Carrey es un ser verde y peludo que detesta la Navidad..

Scrooge ha conocido varios remakes pero en todos aparecen los famosos espectros de Dickens que atormentan al viejo avaro.

Así, pues, junto a los villancicos y sus buenos deseos, también coexisten el terror y la violencia. Personalmente adoro las melodías navidadeñas, pero me atraen también los films góticos y de acciones violentas precisamente porque su violencia es esencialmente cinematográfica. Lo que me irrita es la actitud de la gente que se siente obligada a ser meliflua, bondadosamente cursi e inundada de sentimientos de paz y amor, pero sólo por estos días de gaitas crispantes, aguinaldos bobalicones y campanitas de ángeles. Después de Reyes, volvemos a nuestra real y violenta cotidianidad apoyada en la escalofriante lista de cadáveres que esperan ser retirados de la morgue de Bello Monte. Hasta el hosco régimen militar siente la presión y sucumbe, tímida y cautelosamente, a la necesidad de atemperar la rigidez de su conducta: reduciendo las torturas y los castigos que inflinge a sus adversarios en los hacinamientos carcelarios mientras mira, sin ver, cómo los juguetes, las hallacas, el vino y el pan de jamón remontan los cielos arrastrados por los renos de Papá Noel. Un estrellado manto de hipócrita mansedumbre tiende a envolvernos durante estos días de paz y amor angelicales. No olvidemos el fervoroso deseo expresado en uno de nuestros aguinaldos: “Si el Niño Jesús hubiese nacido en el llano sería un niño venezolano”.

Desde luego, son inescrutables los designios del Señor cuando evitó semejante gentilicio: ¡al niño venezolano ya lo habríamos matado para robarle los zapatos!