• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

Al instante

La Internacional

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¡Fue pequeño elgrupo que en el cementerio despidió a César Rengifo pintor y dramaturgo!Después de las palabras de algunos de los presentes, viejos y empobrecidoscamaradas del Partido Comunista Venezolano, ocurrió algo desconcertante. Unniño, en representación del alumnado del Instituto de Educación Integral quedirigía Belén San Juan, sacó de la camisa un papelito. Lo miró y comenzó acantar la Internacionalcon lamentable desafinación.

Salvo Héctor Mujica, mi mujer, yo mismo y alguienmás, ninguno recordaba la letra del himno tantas veces entonado en momentos degloria o de derrumbes políticos. Lo que se escuchó fue un apagado murmullo delque sobresalían nuestras voces y la del desafinado escolar. Un himno fracasado,casi un llanto, un susurro: “Arriba, parias de la Tierra. En pie,famélica legión” (….) “Agrupémonos todos, en la lucha final. El género humanoes la Internacional...”y la tristeza recorrió aquella solitaria zona del cementerio.

El homenaje quequiso rendir aquel niño resultó patético porque Rengifo fue uno de losvenezolanos que con mayor fidelidad ajustó su obra creativa y su actitudpolítica e ideológica a los principios que marcaron y orientaron una vida quecomenzó en 1915. Una vida difícil que recorrió el crispado siglo XX,ideológico, lleno de peligros y acechanzas para los seguidores del marxismo,pero que terminó cuando el socialismo real se desplomó en el muro de Berlínobligándolos a inventarse una nueva utopía o lo que es peor a convertirse, añosmás tarde, en miserable cola de ratón de un corrupto populismo bolivariano conel que Rengifo no se habría involucrado.

Pintor ydramaturgo, César es considerado como una de las bases fundacionales de nuestroteatro y hay quienes lo consideran como el Padre de la dramaturgiacontemporánea venezolana. Martin Hahn en su brillante ensayo “SeñorShakespeare, ¿qué lo trae por aquí?”, incluido en Venezuela Siglo XX. Visionesy Testimonios, publicado por la Fundación Polar, afirma que dentro delarchipiélago que era el teatro venezolano en los años cuarenta y cincuenta delpasado siglo, Rengifo fue como un volcán porque no sólo sacudió al archipiélagocon las novedosas estructuras de sus piezas sino que “abrió las puertas a lamodernización de la dramaturgia nacional”. Sus obras, particularmente Lo quedejó la tempestad, son montadas frecuentemente en los barrios por gruposjuveniles independientes, lo que demuestra que sus proposiciones continúansiendo válidas a nivel popular. Es como si César estuviese prolongando en ellosla pasión y el amor hacia el teatro y hacia su sostenido compromiso social.

No creo haberconocido a un venezolano que haya hecho de su propia conducta un modelo taninalterable de vida. Su obra pictórica revela, además, a un artista plásticoque a lo largo de su vida mantuvo una correspondencia entre su posiciónpolítica, desafiante e inconforme y el verismo plástico de su pintura ajena alos “ismos” que han terminado por precipitar ese glorioso o angustioso“¡sálvese quién pueda!” que impulsa a los artistas en la hora actual. 

En el Centro SimónBolívar de Caracas hay una obra suya: el Mural de Amalivaca, realizada en losaños cincuenta que narra los mitos del dios tutelar del Orinoco y de lostamanacos orinoquenses. Augusto González del grupo teatral Máscaras y exdirector de Sacven puso en el mural muchos mosaiquitos. Fue uno de los grandesregalos de César a la ciudad en la que nació el 14 de mayo de 19l5 y en la quehabría de morir 65 años más tarde, un 2 de noviembre de 1980, entregado a latierra por un grupo de tristes camaradas ¡que no sabían la letra de la Internacional!