• Caracas (Venezuela)

Rodolfo Izaguirre

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Rodolfo Izaguirre

Gobernar mal es muy difícil

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En una atractiva novela policial de Daniel Da Cruz titulada Double Kill, editada en 1973 por Gallimard para la serie Noir dirigida por Marcel Duhamel, traducida al francés como La sombra de Caín, el periodista Jack Sargeant, víctima de una conspiración, es condenado a cadena perpetua pero con posibilidad de libertad vigilada al cumplir los primeros quince años de cárcel. Su empeño en la prisión es recibir educación de varios esclarecidos prisioneros recluidos allí por delitos fiscales o de altos vuelos intelectuales. Uno de ellos, que había hecho fortuna en Wall Stret antes de su intento de comprar a un testigo en un proceso antitrust, le dijo en tono indulgente: “En quince años tiene usted que ser capaz de prever las exigencias de una sociedad a la que el gobierno debe responder elaborando vastos programas; comprender los procedimientos técnicos y científicos requeridos para satisfacer esas  exigencias. Debe conocer las industrias que ejecutan a la perfección tales procedimientos para predecir cuáles son las que tienen suficientes recursos, dinamismo y relaciones políticas que les permitan alcanzar éxito con los dineros del tesoro público. Tiene que tener sentido de las finanzas para saber invertir en industrias útiles. Conocer a fondo las ciencias económicas, las finanzas, la sociología urbana, las leyes corporativas, la contabilidad, la tecnología de los ordenadores, las estadísticas, la mecánica y poseer estudios profundos de los programas de investigación desarrollados por otros gobiernos, tanto norteamericanos como de los demás países desarrollados”.

Leí este párrafo con atención y me pregunté si en estos últimos quince años el régimen militar instaurado por Hugo Chávez ha sido capaz de llevar adelante a plena satisfacción los señalamientos de aquel prisionero de la novela de Da Cruz y mirándome al espejo, dije ¡que no! ¡Que no ha sido capaz de hacerlo! y como hablan los académicos, me dije: “Antes bien, por el contrario”, los militares colocados en puestos de responsabilidad lo que han hecho es precipitar al país al abismo en virtud de su torpeza e incapacidad de gobernar. ¡Gobernar mal debe ser muy difícil!, me dije, desconsolado. El régimen lo ha logrado a plenitud, precisamente, por no estar preparado. Todo lo que apuntaba el prisionero de Double Kill se enseña en las universidades y no en los cuarteles, donde los soldaditos solo aprenden a disparar, acatar órdenes y combatir en alguna guerra hipotética, si consideramos que la última que conoció el país fue la de Ciudad Bolívar, ganada por Juan Vicente Gómez en julio de 1903 al derrotar a Nicolás Rolando después de cincuenta horas de dura batalla. Era el fin de las guerras civiles. ¡Guerras verdaderas! No como las que llenaron de vulgaridades la boca de Chávez o las “económicas” que diariamente inventa el régimen militar para culparnos de su ineficacia. Son las universidades, hoy ahorcadas por el régimen, las que enseñan a gobernar alejadas de los narcotraficantes. Es una de las glorias de la novela de Daniel Da Cruz: lograr que Jack Sergeant, un inocente condenado a perpetuidad, convirtiera la cárcel en una notable universidad que habría de dignificar su vida dentro y fuera de aquella sórdida prisión en la que quienes tendrían que estarían encarcelados a perpetuidad son los responsable del fracaso político, social, económico y cultural de Venezuela.