• Caracas (Venezuela)

Roberto Patiño

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OLP: Un año de violencia y represión

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El 13 de julio se cumplió un año de la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. En este mes, el más violento en los últimos tres años en Caracas, y en la misma semana en que Nicolás Maduro entregó, de facto, el gobierno al ministro de Defensa Vladimir Padrino López.

Dos muestras de la ideología militarista y violenta que hoy nos gobierna.

Oficialmente, la OLP se inició con un operativo en la Cota 905. 200 efectivos policiales y militares realizaron allanamientos y detenciones. Fallecieron 15 personas,  seis de ellas con expedientes criminales según el Ministerio de Interior de Justicia. No se habló de las denuncias que posteriormente hicieron miembros de la comunidad: casos de allanamientos y entradas ilegales a hogares de civiles inocentes, con violaciones a los derechos humanos y donde, incluso, efectivos policiales claramente identificados despojaron  a las personas de dinero y bienes.

Así sería esta nueva fase, acorde al proceso de militarización que viene imponiéndose sobre el pueblo venezolano. Presentada como otras para controlar la delincuencia y la inseguridad y reducirlos altos niveles de violencia a los que estamos sometidos pero en realidad diseñada y ejecutada para hacer exactamente lo contrario: empoderar a los elementos delictivos, aumentar la inseguridad y la violencia en donde es aplicada, intimidar y reprimir a la gente que la sufre y la padece.

         El gobierno insiste en “militarizar”  el problema de la inseguridad y combatir  la violencia con más violencia. Premisas que, de acuerdo a las experiencias en Latinoamérica como en nuestro país, sólo han producido  muerte, corrupción, inseguridad y desconfianza.

La OLP sigue a las tristemente conocidas Zonas de Paz y es el reconocimiento, violento y estéril,  del fracaso de esta iniciativa. La generación de espacios de impunidad a los delincuentes, buscando una posterior conversión de estos en apoyos a los concejos y a la comunidad local, planteaba una estrategia con serios fallos y profundas inconsistencias, tanto en su concepción como en su práctica, para la reforma de los elementos delincuenciales y la solución de la inseguridad.

A un año de su implementación, las OLP no han “liberado al pueblo”,  han violentado sus derechos y ahora, además, lo reprimen.

En los saqueos y manifestaciones ocurridos en Cumaná a mediados de junio, motivados por la crisis alimentaria  y las muertes de los manifestantes de Cariaco, la OLP operó como fuerza represiva, efectuando detenciones masivas y encarcelamientos sin juicio. Ahora, como consecuencia del nombramiento del ministro de la Defensa al frente de la Misión Abastecimiento, la OLP también tiene atribuciones para actuar  en contra del mercado negro de comida y la “mafia bachaquera”, convirtiéndose en otro foco de agudización en la gravísima crisis de alimentos que vivimos.

En el trabajo que hemos realizado en la Cota 905, los habitantes nos relatan que viven atemorizados por los de “negro”, los funcionarios del SEBIN, quienes “no tocan puertas, las tumban”. Continúan serias denuncias de robos y abusos por parte de efectivos que sencillamente no son escuchadas por ningún organismo del Estado, ahora agravadas por denuncias de ajusticiamientos paralegales. Son las madres de los asesinados por el Estado las que más sufren con esta tragedia.

La manera de superar la violencia es a través del empoderamiento y el apoyo a los afectados por ella, con un trabajo mancomunado de los gobiernos locales y las organizaciones y líderes de las mismas comunidades, que existen y llevan años trabajando sin el reconocimiento merecido. La fuerza policial debe articularse con la gente, no en su contra.  Ya ha sucedido en algunos lugares de Caracas como el barrio de Catuche, en la Pastora, con resultados en vidas salvadas y comunidades integradas.

Las políticas de este gobierno como la OLP siguen oficiando aniversarios  que con crueldad, con ceguera, pretenden forzarnos a celebrar la muerte, el dolor y la infamia.

@RobertoPatino