• Caracas (Venezuela)

Roberto Enríquez

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Roberto Enríquez

Un llamado a la cordura

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Copei está siendo sometido a un proceso de hostigamiento, cerco, acoso en donde se ha llegado al extremo de tirotear  la casa de habitación del presidente de nuestra organización en el estado Falcón, dejándole una nota amenazante sobre su actividad política. Amenazas de similar tenor está sufriendo nuestra dirigencia a lo largo y ancho del país. También hemos sufrido la invasión violenta de sedes del partido como ocurre con el edificio Montral de la avenida Las Palmas, en donde fueron retenidos y luego desalojadas las personas que viven allí, venezolanos de origen muy humilde, por individuos armados, traficantes del dolor humano, que pretenden imponer el imperio de la fuerza por encima del imperio de la ley. Estamos siendo difamados simulándose hechos punibles como el supuesto hallazgo de material ilegal; además de la ominosa solicitud formal de ilegalización de nuestro partido ante el CNE, acompañada de acusaciones infundadas de golpistas por parte del presidente de la Asamblea Nacional. No tenemos duda de que esta escalada pretende distraer al pueblo venezolano de sus verdaderos problemas y evitar el debate necesario para encontrar soluciones de fondo a la pobreza, inflación, escasez e inseguridad.

Este contexto tan difícil, no puede sacarnos a los socialcristianos de nuestra misión de vida y apostolado político por la paz y la unidad. La Venezuela que soñamos en Copei se inspira en el mandato cristiano del amor y la opción preferente por los pobres, sufrientes y abandonados. Los venezolanos no podemos aceptar que en nuestro país prevalezca el odio sobre el amor; triunfe el rencor sobre el perdón. Los venezolanos debemos saber pedir perdón y perdonarnos si queremos construir en nuestro país una civilización basada en el amor y la prosperidad para todos por igual. No podemos confundir perdón con impunidad. El perdón es el primer paso para el reencuentro y la reconciliación nacional.

En Copei nos sentimos obligados a predicar con el ejemplo. “Practica lo que predicas” nos enseña el Papa Francisco. La lucha por la justicia social comienza por ser justo. Por ello; a pesar del difícil momento que estamos atravesando, queremos expresar nuestra más sincera disculpa a la señora fiscal comisionada para la inspección en la sede de nuestro edificio Montral el día de los acontecimientos señalados. Sin tener ninguna culpa de lo que allí ocurría, ella fue vejada y maltratada. Su condición de ciudadana, mujer y madre; fundamentalmente su condición de ser humano nos imponen pedirle disculpas a ella, sus hijos, familiares, amigos y compañeros, por los inmerecidos agravios recibidos. Hacemos votos para que cosas como esta no vuelvan a repetirse más nunca.

En descargo; pedimos comprensión para la desesperación y el mal momento que estaban viviendo y continúan sufriendo las compañeras que fueron sacadas por la fuerza de sus habitaciones, y esa terrible sensación de indefensión ante el atropello que no deseamos a nadie.

Ante la infamia, en Copei estamos resueltos a encender antorchas de luz en medio de la oscuridad más profunda. A seguir luchando junto a nuestro pueblo desamparado por los cambios redentores en el marco de la paz y los mecanismos que nos abre la Constitución. Más allá de lo político, social o económico; estamos convencidos de que Venezuela está sufriendo una crisis del alma, de valores, una dolorosa crisis espiritual. De allí la importancia que tienen los testimonios; desde Copei perdonamos a quienes nos ofenden y pedimos perdón por nuestras ofensas. Así como redoblamos nuestras fuerzas y espíritu de combate cívico por la victoria del pueblo hacia “la justicia social en una Venezuela mejor”.

Firmamos como un gesto de solidaridad cristiana (aquella que se asume corriendo los mismos riesgos del hermano en desgracia, como sucede con Antonio Ledezma) y de rebeldía cívica ( aquella que enfrenta el abuso de poder con el coraje de la paz, las ideas y la palabra, renunciando a toda forma de violencia), el Acuerdo de la Transición; además seguimos y seguiremos recogiendo firmas en todo el país, ya llevamos varios millones de firmas. Somos millones de venezolanos firmando; no hay razón alguna para ponernos presos; además el gobierno no tiene cárcel para tanta gente.

Se puede estar de acuerdo o no con el documento de la transición; pero de ninguna manera, es aceptable, que le quiten la libertad a un compatriota por subscribirlo. ¡No tengamos miedo!

Con la fe puesta en Dios y la confianza en nuestras propias capacidades, ¡los venezolanos saldremos adelante!