• Caracas (Venezuela)

Roberto Enríquez

Al instante

Roberto Enríquez

El diálogo inevitable

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Regresó a Venezuela la delegación encabezada por nuestro vicepresidente Nelson Maldonado y Orlando Molina de Roma. Allá cumplieron la misión que les asignó la Dirección Nacional de Copei  de consignar ante el secretario de Estado del Vaticano, monseñor Parolin, la solicitud, respaldada por cerca de 1.300.000 firmas, de pedirle al papa Francisco la mediación  por la libertad de los presos políticos.

Los socialcristianos entendemos la política como una lucha misionera, peregrina, rebelde, profética y como un incansable apostolado de unidad. No nos consideramos mejor que nadie. Pero actuamos en base a un orden ético, moral e ideológico en donde los valores de la vida, la libertad, la justicia, la bondad, la caridad, la educación y el trabajo son irrenunciables.

Fuimos a Roma a solicitar la ayuda del papa para Leopoldo, Ceballos, Escarano, Simonovis y los presos de conciencia en Venezuela. Como lo haríamos si en otro gobierno, Maduro, Cabello, Jaua, Carreño o Ameliach, por citar algunos, fueran perseguidos o puestos en prisión en lugar de permitírseles hacer oposición en el marco de las reglas del juego democrático. Espero que con este comentario no me salgan con la cantaleta de que les estoy lanzando una amenaza subliminal. ¡Pues no! Estoy hablando desde la pulpa más firme de mis convicciones humanistas cristianas. La Venezuela que debemos construir en el futuro próximo no debe tener ni un preso o exilado por razones políticas.

La crisis socioeconómica se profundiza aceleradamente. Como lo dije en la cadena del pasado 10 de abril, “el modelo económico socialista fracasó”. Si a eso le agregamos la vertiginosa caída de los precios del petróleo más el cerco financiero que con la desidia del gobierno venezolano nos están tendiendo las bestias hambrientas de Wall Street, metiendo a Venezuela en el grupo de países acechados por los fondos buitres; vemos como nuestra soberanía está bajo acoso y nuestro porvenir hipotecado por la codicia de quienes actúan como los amos del mundo; ayudados por la hipocresía y negligencia de los revolucionarios criollos de panfleto y proclama. Incapaces de entender que una revolución que no garantiza la unidad del pueblo, prosperidad social, desarrollo económico e instituciones confiables puede ser cualquier mamarrachada menos una revolución.

Es en este delicado contexto que desde Copei solicitamos a Ernesto Samper (por quien no sentimos ninguna simpatía), que evaluara la condiciones para retomar el proceso de diálogo. En el mismo sentido se han pronunciado desde la Iglesia Católica el nuncio Aldo Giordano y el presidente de la CEV monseñor Diego Padrón. A pesar de tener un gobierno irresponsable, Venezuela merece una oposición responsable. No la pantomima de oposición que desde el oficialismo quisieran: una oposición que no haga oposición. Sino una que encarne alternativa de futuro, firme y valiente, pero que también tenga  la mano extendida para dialogar con el adversario en la búsqueda de soluciones a los ingentes problemas que sufre el país.

Si entendemos que “el diálogo es un mecanismo para la comprensión del prójimo, una estrategia para la paz basada en el amor, el  respeto y el perdón” como dijo san Francisco de Sales, hasta el más obtuso entenderá que en Venezuela el diálogo es inevitable. Es cuestión de tener voluntad política, sin pretender  poner a nadie de rodillas, porque todos somos venezolanos; la masa no está  pa’bollos.