• Caracas (Venezuela)

Roberto Enríquez

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Roberto Enríquez

Prohibido hacer oposición

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Desde el Gobierno hemos escuchado un llamado a contar con una oposición responsable; en su ritornelo de hipocresía y cinismo exigen una oposición con la que se puedan debatir los grandes problemas del país y buscar soluciones. En carne propia he sentido la falsedad del gobierno ante esta solicitud.

En Copei hemos acudido en innumerables ocasiones a diversas instancias del gobierno para presentar propuestas, soluciones y planes de trabajo en diversas áreas: economía, producción agropecuaria, seguridad, turismo, educación. Hemos insistido en la necesidad de establecer un clima de discusión de los asuntos públicos de altura, respetuoso y pedagógico. Hemos enviado cartas públicas a emblemáticos líderes del gobierno para convocarlos al debate comprensivo sin renunciar a las posiciones de cada quien. En fin hemos actuado de forma responsable, precisamente para intentar evitar que ocurriera lo que hoy está pasando en Venezuela. ¿Y que hemos recibido cómo respuesta? La indiferencia o el vejamen.  No tengo duda de que el gobierno no quiere una oposición responsable, lo que anhela es una oposición servil y adulante, silenciosa y cobarde; vale decir, la verdad es que el Gobierno no quiere oposición.

Hay quien dice que la oposición debe pasar a ser alternativa. Y tienen razón, pero hay que tener cuidado con las exquisiteces semánticas. Para ser alternativa la oposición debe hacerle oposición a los yerros y abusos del gobierno. El expresidente Luis Herrera decía, con su genial sabiduría: “Oposición que no hace oposición se queda en la oposición”. Así las cosas, estoy convencido de la responsabilidad que tenemos de oponernos con mucha firmeza y coraje cívico a un modelo destructor y empobrecedor; así como, presentar un rumbo distinto, creíble e inspirador para sacar a Venezuela adelante; es decir, una alternativa.

Los socialcristianos creemos que el primer reto debe ser rescatar los valores de la venezolanidad, sacar al país de este terrible bache espiritual que está sufriendo. Reconciliar a Venezuela, no en torno a un partido o un caudillo; sino en torno a los valores: la solidaridad, el respeto al prójimo, la honestidad, la caridad, la educación y el trabajo. Esos son valores nuestros, no hay que importarlos; ese venezolano alegre y gentil debe volver a nacer de nuestros corazones.

El modelo económico socialista de expropiaciones, confiscaciones, invasiones y estatizaciones debe ser combatido y denunciado como el gran responsable de que los venezolanos estemos padeciendo la inflación más alta del mundo y los más humillantes niveles de desabastecimiento. El modelo económico socialista desbarató el aparato productivo haciendo a los venezolanos inmensamente más pobres. Desde nuestra perspectiva la alternativa es crear una economía moderna y con profundo sentido humano y social. Promover la empresa privada, poner a los empresarios a competir entre sí para que se beneficie el pueblo con mejores precios y calidad de bienes y servicios, y abundante oferta de trabajo bien remunerado. El gasto público inorgánico e ineficiente debe ser eliminado. En fin; proponemos la llamada economía solidaria o economía social de mercado donde el Estado sea el gran promotor y garante de equilibrios ocupándose de la salud, educación, seguridad, vivienda, vialidad e infraestructura, renunciando a esa disparatada tentación de convertirse en empresario y dueño de todo.

Dicho esto, podemos concluir que lo que en realidad el Gobierno quiere es prohibir que hagamos oposición; nuestra respuesta debe ser: hagamos oposición y seamos alternativa. ¿Quién dijo miedo?