• Caracas (Venezuela)

Roberto Enríquez

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Capaces de todo e incapaces de nada

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Ver cómo una banda armada tomó por asalto de madrugada una de las sedes más importantes de Copei, el edificio del Frente de Trabajadores Copeyanos, y secuestró durante toda la noche a quienes allí dormían, para después traficar con seres humanos, y luego salir en los medios del Estado con la infamia de que en esa sede se ocultaban artefactos explosivos, demuestra de lo que es capaz este gobierno. Son capaces de todo, de hacer todo el daño posible, de lastimar a niños inocentes, de maltratar gente humilde, solo para justificar coartadas que fusilen moralmente a sus adversarios políticos.

Ese es solo un ejemplo de lo que son capaces. Dañar, odiar, destruir, vejar, humillar, difamar. Esas son las grandes artes del gobierno. Poner preso al alcalde mayor por suscribir un documento político. Nuestros nuevos constitucionalistas criollos han inventado el “delito semántico”. Según estos creativos teóricos la palabra “transición” es un delito si la pronuncia la oposición; pero cuando ellos hablan de “transición al socialismo” no hay delito alguno. No tuvieron el coraje de darle debate político al “documento de la transición”, presentar argumentos para contradecirlo, pero sí se les ocurrió la brillante idea de poner preso a Ledezma. Capaces de todo, pues.

A Leopoldo López lo llaman el monstruo de Ramo Verde por la dolorosa muerte de compatriotas que todos sabemos se generó a partir de la escalada de violencia que provocaron los asesinatos del 12 de febrero de 2014. A Henrique Capriles lo llaman asesino por ejercer su derecho político de cuestionar un resultado electoral. Capaces de todo.

Capaces de lanzar al exilio a líderes como Rosales, Ortega, Poleo, Vechio; sin contar a los cientos de miles de venezolanos que buscan refugio en otros países desesperados por darle una vida mejor a sus familias. Capaces de despedazar la economía venezolana aplicando un modelo salvaje de expropiaciones, invasiones y confiscaciones probadamente fracasado en otros países del mundo. Capaces de todo por aplastar, controlar, arruinar y atemorizar.

Pero en su carestía de talento también son incapaces de nada por unir a los venezolanos. Son incapaces de nada por respetar nuestras garantías constitucionales para hacer política. Son incapaces de nada por respetar los derechos sociales y económicos de los venezolanos. Atropello tras atropello van colmando la paciencia del pueblo. Pero eso les importa poco. Son incapaces de nada por reflexionar y rectificar. Da espanto decirlo pero la verdad es que hoy Venezuela está montada sobre un barril de pólvora que el menor chispazo puede hacer explotar y son incapaces de nada por buscar puntos de encuentro nacional fundamentales para conjurar  el peligro.

Esta capacidad para todo lo malo e incapacidad para nada de bueno ya no es un secreto a voces en el continente. Ya no es un grito contenido sino la voz que retumba estentórea por cada recoveco de América. A partir de la Cumbre de las Américas, el gobierno venezolano pasa a ser el principal problema americano; dándose el gusto de desplazar a Cuba y Colombia. Esto es algo que va a ir marcando una pauta distinta en las relaciones diplomáticas del continente con Venezuela.

“Al mal no se le derrota haciendo el mal, al mal se le derrota haciendo el bien”, nos dice el papa Francisco. Debemos enfrentar con serenidad y firmeza tanta injusticia y amedrentamiento. Sin permitir que nuestros corazones se llenen de odio. Las cosas van a cambiar. La voz del pueblo dará su veredicto en el marco de la Constitución. Las parlamentarias son el camino. ¡Fuerza! No perdamos la esperanza.