• Caracas (Venezuela)

Roberto Durrieu Figueroa

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Berni: nueva paradoja

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El escritor inglés Chesterton era reconocido por su capacidad para detectar antinomias o contradicciones lógicas. Por ese motivo, se ganó el mote de “Príncipe de las paradojas”. Sin duda, el escritor inglés habría tenido aquí y ahora mucho con qué entretenerse.

Las últimas afirmaciones públicas del secretario de Seguridad, Sergio Berni, quien propuso modificar la ley de migraciones “para que los extranjeros que delinquen sean deportados a su país de origen y no vuelvan nunca más”. El funcionario aclaró, eso sí, que su propuesta no era para nada xenófoba, sino que apuntaba a “agilizar el trámite de expatriación”.

La propuesta parece de lo más normal y atractiva, tanto que fue avalada, a grandes rasgos, por otros políticos de envergadura. El diputado Sergio Massa, por ejemplo, dijo que estaba de acuerdo con discutir una política migratoria “que permita expulsar a aquellos que vienen a la Argentina a delinquir”. Pero la propuesta, por más seductora que parezca, conlleva a múltiples contrasentidos manifiestos.

En primer término, esta iniciativa niega el “principio de territorialidad” que rige en nuestro país, Argentina, desde los comienzos de la república. Sobre la base de ese principio de corte soberano, cualquier persona (nacional, residente o extranjero) que cometa un delito en territorio argentino será juzgada por nuestros tribunales penales y a la luz de las leyes penales del país.

Por eso, la idea expuesta de deportar al extranjero a quien delinque produciría sin duda una mayor impunidad e injusticia: en lugar de ser condenados, como lo exige la ley, por nuestros jueces penales, los ciudadanos extranjeros serían privilegiados con la “expulsión” a su jurisdicción de origen.

Y cuando digo “privilegiados” es, sin lugar a dudas, porque los jueces del país de origen no podrían, aunque quisieran, juzgar al reo por delitos cometidos en la Argentina y deberían liberarlo de inmediato.