• Caracas (Venezuela)

Robert Gilles Redondo

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Si fuera venezolano

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Si Maduro fuera venezolano quizá reaccionaría de ver la miseria del pueblo porque el país es rico, le sobra la riqueza humana, natural y material y, porque al fin y al cabo, el problema de uno siempre fue el de todos y jamás permitiríamos que otro pasara hambre. Pero ya no se puede ocultar la verdad: estamos en la miseria y es injustificable que mendiguemos comida en las puertas de los supermercados, actuando como salvajes para conseguir uno que otro producto alimenticio. Los venezolanos nunca fuimos fieras hambrientas, lo somos porque esta revolución arrasó con todo y nada ha dejado. Campos abandonados, empresas expropiadas y destruidas, un aparato productivo desmantelado, la inflación más alta del mundo, eso es la revolución.

Si Maduro fuera venezolano sería incapaz de ordenar esa cruel represión con la que se pretende acorralar el deseo insaciable de libertad que todos tenemos ahora. Porque nos hartamos. Un estudiante incendiario o cualquier otro venezolano opositor a este nocivo sistema no tiene que ser reprimido, ni encarcelado, ni vejado, ni torturado, mucho menos asesinado. Los venezolanos no somos eso, la nobleza es la identidad de este país. Los 78 presos políticos y los exiliados son el resultado de una revolución totalitaria que jamás ha aceptado la disidencia democrática.

Si Maduro fuera venezolano despertaría del letargo de su estupidez ideológica y actuaría. Nuestros niños mueren en los hospitales porque no hay medicinas. Los enfermos parecen estar condenados a morir porque lo más absurdo ha sucedido: también desmantelaron  el sistema de salud de nuestro país. ¿Puede haber algo más nefasto? La inexistente guerra económica no es responsable que los enfermos no tengan medicinas, el único responsable es este Estado fallido y corrupto que se cruzó de brazos y dejó caer a Venezuela en el abismo.  

Si Maduro fuera venezolano se apartaría porque lo que queda de nosotros los venezolanos y de nuestra “Tierra de Gracia” son ruinas. La juventud sin esperanza y peor aún: la esperanza del futuro se esfuma mientras Maduro siga en el poder que usurpó tras la muerte de quien lo eligió. Porque los venezolanos no lo elegimos, creo que aprendimos de aquella generación del siglo XIX y nunca más nos hicimos seguidores de los Boves de nuestra historia, aunque en el camino se haya tropezado con el error de 1999 por el desespero que había producido la incapacidad de renovar la democracia tan valiosa que teníamos, incapacidad que significa también la confabulación de tantas personas que permitieron la llegada de Hugo Chávez, el error mayor.

Si Maduro fuera venezolano se avergonzaría del avanzado estado de descomposición de la República. Es un ultraje a nuestra nación la existencia de un Estado cuyos poderes están coludidos maquiavélicamente para defenestrar la soberanía que se expresó el 6 de diciembre cuando la amplia, muy amplia mayoría, de venezolanos eligió una nueva Asamblea Nacional porque nos convencimos de luchar democráticamente frente a la opresión y el vil egoísmo. Y en este empeño no vamos a vacilar, conquistaremos la libertad.

Si Maduro fuera venezolano, pero no lo es. Eso explica su torpe empeño en seguir destruyendo al país y su incapacidad mental de solucionar la trágica crisis que padecemos. Eso explica también que no sienta vergüenza que sus familiares y los más altos cabecillas de la revolución, como Diosdado Cabello, estén involucrados en el narcotráfico y en el lavado del dinero que robaron del erario público.

Y como no es venezolano y es un usurpador que carece de legitimidad, estamos en el deber de echarlo porque ya basta. Es la hora de despertar el alma nacional porque si no lo hiciéramos seguiríamos atrapados en esta tragedia que nos arrebató al país. Pero sé que prevalecerá el coraje y la determinación que siempre nos ha caracterizado y al final, después de esta oscura noche, el sol de la libertad alumbrará el camino de la nueva Venezuela.