• Caracas (Venezuela)

Richard Blanco

Al instante

No quería, pero debo irme

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Quisiera relatar a continuación esta historia cotidiana, obviando por su puesto el nombre, ubicación exacta, y las personas que mencionaré en este momento, que en su mayoría son jóvenes, pero en algunos casos son familias completas que buscan en otras latitudes lo que no consiguen en nuestra patria Venezuela.

Son las 4:30 de la mañana, Karina vive en Los Mangos de La Vega, tiene 22 años, su papa murió, porque llegando a su casa unos choros armados accionaron un arma de fuego contra su humanidad luego de atracarlo, además es hija única y su mamá se gana la vida vendiendo empanadas y pastelitos en la estación del Metro La Paz.

Karina, estudia en una universidad privada porque en una pública no consiguió cupo, donde era su ilusión prepararse. Ella debe cancelar 35.000 bolívares semestrales, que es lo que cuesta su carrera, además ayuda a su madre en la noche a preparar la masa y el guiso para la venta mañanera, ya se le está haciendo tarde y debe arreglarse para salir, pero la frustración es máxima al recordar que debe bañarse con un perolito de agua que tuvo que recoger en un momento pequeño pero de alegría, cuando vio salir el vital líquido de los grifos de su casa. Tenía una semana sin llegar el agua.

Como toda mujer venezolana, coqueta, que le gusta salir arregladita por muy humilde que sea, quiere secarse el cabello pero, para su sorpresa, se acaba de ir la luz. Ya se le hace tarde y tiene que seguir luchando con algo que no estaba previsto en su vida, recoge sus libros y corre a tomarse una taza de café pero no hay café en su casa, abre la puerta de su apartamento en el piso 7, toca el botón para llamar el ascensor y se le olvidó que no había luz, baja los siete pisos, agarra un Jeep que la lleva hasta la redoma de la India de La Vega y de allí para ahorrarse unos bolívares camina rápido hasta el Metro de La Paz, donde se come un pastelito de los que ella mismo ayudó a preparar el día anterior, rápidamente porque al observar el reloj se le está haciendo tarde y debe hacer la cola para entrar en el Metro y llegar a los vagones para que con suerte pueda entrar sin empujones y trasladarse en las maratónicas estaciones que han de conducirle hasta La California, en donde hará otra cola para agarrar el autobús que la lleva a la universidad.

Pero al fin llega, y tiene clases hasta la 1:00 de la tarde, luego le toca una sola clase de 5:00 a 6:00, lo que hace que espere en las instalaciones de la casa de estudios porque es distante y no pudiera retornar a la universidad, si sale a hacer cualquier otra diligencia.

Ya son las 6:00 de la tarde, hoy tuvo suerte porque le dio la cola su amigo Roberto que vive en Juan Pablo II, la distancia es larga desde La Urbina hasta La Vega, la cola interminable y el estómago de Karina ya le suena como pidiéndole comida, preguntándose que conseguiría mi madre hoy en el mercado de La Vega para cenar, porque en los mercados y abasticos por donde vivo, comida, ¡no hay!

Entre Roberto y Karina la conversación estriba en la asignación de un trabajo en equipo que le solicitó un profesor de una materia, en donde deben comprar materiales para una exposición, ella dice que están muy caros, Rafael dice: No te preocupes, hacemos una vaca y entre todo el grupo la pagaremos.

Ya a las 8:00 de la noche, su amigo la deja en la redoma de La India, ella se baja corriendo, esconde su celular y su cartera pero esta noche tuvo mala suerte, un choro la robó delante de todos los que estaban haciendo la cola para tomar el Jeep hasta el bloque 23, Roberto no se dio cuenta, ya había arrancado, quizás si hubiese bajado a auxiliarla el malandro le hubiese disparado porque cargaba una 9 milímetros en su cintura. Karina, dando gracias a Dios por estar viva, pálida del susto, y llorando desconsoladamente, subió al Jeep sin un centavo; Pedro, el conductor del Jeep le dijo: tranquila Karina no me pagues yo te llevo. Finalmente llegó hasta su casa, no le comentó nada a su madre para no angustiarla, Karina perdió su celular, los pocos bolívares que tenía y los apuntes del día de estudio. La luz no había llegado, subió siete pisos, vio a su madre, la abrazó y se dispuso a descansar.

Hoy al transcurrir tres meses de esta historia, Karina voló a Argentina, sin dólares, en búsqueda de nuevos horizontes que permitan satisfacer sus ideales, nunca quiso irse, pero la necesidad la obligó.

Por otra parte, Roberto pisó el mural tricolor del Aeropuerto para viajar a Miami en donde aún espera la residencia que le permitirá seguir adelante.

Ambos, al igual que miles de venezolanos, hoy están fuera de la patria que los vio nacer, donde no tuvieron la suerte que esperan tener en otros países, y pensando que muy pronto retornarán a su querida Venezuela.

El compromiso es grande, nos pertenece a todos el futuro de Venezuela, la oportunidad no está a la vuelta de la esquina, pero la esperanza está cifrada el próximo 6 de diciembre, en donde debemos votar para sellar el cambio. Todos somos los dueños de Venezuela, somos los dueños de la historia porvenir, no perdamos la oportunidad de votar masivamente.

 

*Diputado por Caracas a la Asamblea Nacional

Presidente encargado de ABP

Candidato de la Unidad por el Circuito 5 de Caracas (Antímano, La Vega, Caricuao, Macarao y El Paraíso).