• Caracas (Venezuela)

Richard Blanco

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Richard Blanco

Y cuando tú estés preso ¿qué pasará?

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El pasado domingo 25 de enero acompañé a la cárcel de Ramo Verde en Los Teques a los expresidentes Andrés Pastrana de Colombia y Sebastián Piñera de Chile, con la finalidad de visitar a Leopoldo López, Daniel Ceballos y otros presos políticos del régimen. Estaban allí también Lilian Tintori; los padres de Leopoldo; el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma; su esposa Mitzy de Ledezma; la diputada María Corina Machado; algunos parlamentarios de la unidad, entre ellos Andrés Velásquez, Eduardo Gómez Sigala, Américo de Grazia, Edwin Luzardo, Juan Guaido, así como demás miembros de la Mesa de la Unidad Democrática y amigos que se acercaron en el día de visitas que tienen los que allí se encuentran injustamente detenidos.

A unos metros del Mercado Municipal de Ramo Verde, un grupo de personas con franelas y gorras alusivas al partido de gobierno se apostaron en el lugar en donde nos gritaban vulgaridades, como ellos solo saben hacerlo, mientras pateaban y rayaban nuestros vehículos, y a uno más que otro se le notaba arma de fuego en su cintura. ¿Su función? Joderle la paciencia a esta comitiva, intimidarnos, cosa que no pudieron lograr, ya que a pesar de las ofensas y daños a la propiedad, pudimos llegar hasta el portón número 1, escoltados con una gran caravana de funcionarios de la Guardia Nacional y del Sebin, que “custodiaban” a los presidentes Pastrana y Piñera.

Al llegar, como siempre, estaba un coronel o general, no sé con exactitud su jerarquía, pero que en todo caso comandaba este contingente de funcionarios, y luego de una fuerte comunicación entre los expresidentes y ellos, fue negada la visita a dichos hermanos.

Quiero manifestar como expreso político mi más frustrante malestar, ¡visitar a un preso es un genuino acto de caridad!

En nuestra legislación se establece claramente que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, pero estoy convencido de que la violación de los derechos humanos más elementales de estos compatriotas, y otros que están en las mismas circunstancias en otras cárceles como los valiosos estudiantes universitarios, son violados reiterativamente. No tienen respeto con la dignidad de la gente.

En esta oportunidad, una vez más ni siquiera a los padres de Leopoldo ni a su esposa les permitieron el acceso, me pregunto en voz alta: ¿qué esconden? ¿Abusos? ¿Maltratos físicos y psicológicos? Es una orden que viene de muy arriba, no tengo la menor duda, es una instrucción precisa de hacerlo sufrir  más, incluso estando detrás de los barrotes de su opresión, ¡qué canallas! Esta instrucción viene desde el Palacio de Misia Jacinta.

Hoy recuerdo la campaña de virtudes y valores de la Cuaresma, como preparación para la Semana Santa, permítanme escribirles textualmente algunos párrafos de lo que leí en esta proclama de la iglesia:

“Lo experimenté, escribió el cardenal Mguyen Van Thuan, en la prisión, todos esperan la liberación, cada día, cada minuto. En aquellos días, en aquellos meses, muchos sentimientos confusos me enredaban la mente, miedo, tristeza, tensión…

”Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir”. (Carta a los Hebreos, 13,3).

Imagino que es el mismo sentimiento de nuestros hermanos presos en ese momento. Yo sé, porque lo viví, que un día en la cárcel es una semana, una semana es un mes, un mes es un año, el tiempo pasa lentamente, nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de oprimir a un inocente, el no estar cerca de nuestros seres queridos es un dolor que se lleva por dentro, muy  dentro del alma, y nadie lo conoce hasta que lo vive. La vida no es ni se hace como a uno le parezca, todo está debidamente planificado por un ser superior a nosotros. Es Dios quien sabe lo que ha de ocurrirnos. Nada es eterno, algunos se creen invencibles y están equivocados, ha de llegar su momento, y el castigo será superior porque “Dios provee” de justicia divina, justicia verdadera, y aquellos que deben seguir su ejemplo y dar verdadera justicia por el poder que ostentan pero lo que hacen es dar con “el mazo” de la injusticia al inocente, al indefenso, serán castigados rigurosamente por la justicia de Dios. Qué vergüenza la que tuvimos que vivir con estos expresidentes. Qué “bienvenida” tan sucia. Los venezolanos no somos así. Nosotros resolveremos nuestros propios problemas, cada día se acerca ese momento, no necesitamos sino paciencia y la entrega exclusiva de cada uno de los hijos de Venezuela para salvarla de esta pesadilla que le ha tocado vivir, pero cuando se trata de la vejación, el irrespeto a los derechos humanos de cualquier ser en el mundo, no hay fronteras que impidan el levantamiento de la voz unánime para defender a los perjudicados, esto fue lo que hicieron Pastrana, Piñera y Calderón.

No hablen de intromisión política. No sean cobardes, recuerden que el poder no es eterno y que a cada uno le llega su momento. Seguro estoy de que allí estaremos viendo el cambio que la patria se merece. Convencido quedé que ahora más que nunca la voz de estos expresidentes se sumará a la de múltiples voces en el mundo que pedirán al unísono libertad para Venezuela. Les salió el tiro por la culata.