• Caracas (Venezuela)

Richard Blanco

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Richard Blanco

Nuestra Pastora, mi Pastora

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El municipio Libertador de Caracas está constituido por 22 parroquias, cada una de ellas poseen características que las hacen particulares. Hoy deseo hablarles un poco de La Pastora, mi parroquia, donde me crié y estudié mis primeros años, en la escuela Enrique Chaumer.

Lídice, Manicomio, Casco Central y Los Mecedores es el cuadrante que integra esta emblemática parroquia caraqueña.
La Pastora tiene una ubicación geográfica privilegiada por eso muchos la consideramos como la entrada y la salida de la ciudad de Santiago de León de Caracas.

A La Pastora se le puede llegar por varias vías, por la avenida Baralt, entrando por la esquina del Guanábano o por la esquina de Dos Pilitas. También se puede acceder a ella doblando en la esquina de Miraflores hacia la derecha, al igual que por la avenida principal de Manicomio, cruce de la avenida Sucre donde se encuentra la panadería Sagres que tiene muchos años en el sector.

Esta parroquia tiene muchos lugares emblemáticos. Entrando en la esquina de Guanábano, por ejemplo,  ya comienza parte de la historia que ningún pastoreño, o mejor dicho ningún caraqueño puede olvidar. Si giras tu mirada al norte, encontrarás el imponente Ávila  donde por cierto, comienza el camino de los españoles que en la época de la colonia transitaban cargados de mercancías y explosivos hasta los castillos ubicados en el sector, y finalizaban luego de varios días de caminata en el Litoral Central donde se encontraban el Puerto de la Guaira y la Casa Guipuzcoana.

A unos 100 metros del puente de Guanábano, se localiza la esquina de Amadores, lugar que nos recuerda al doctor José Gregorio Hernández quien murió arrollado por el único vehículo que existía en Caracas; fue la tarde de un domingo, el 29 de junio de 1919, momento que se disponía a comprar una medicina para un paciente cuando un vehículo que se desplazaba a 30 KM/H, una velocidad que para entonces era descomunal, lo arrolló. José Gregorio se convirtió en la primera persona atropellada por un vehículo en la ciudad de Caracas, si ustedes pasan por esa esquina verán en la farmacia un pequeño altar que los devotos del venerable cuidan con esmero y le colocan flores.

A unos 50 metros más adelante se encuentra el museo del pintor valenciano Arturo Michelena, es una casona azul de finales del siglo XVIII y principios del XIX, ahí se encuentran dos pisos con muebles, lámparas, objetos y obras del artista que fueron dejadas por legado testamentario a la nación por su viuda Lastenia Tello de Michelena.

Siguiendo el recorrido si cruzas inmediatamente del museo a mano derecha, se conseguirá la plaza La Pastora dedicada al prócer José Félix Ribas que según testimonios de los vecinos fue construida en 1804 y tuvo por muchos años una obra del artista Cruz-Diez, la cual fue levantada hace algún tiempo. Al frente se encuentra la iglesia de la Divina Pastora, cuya imagen de la virgen data del año 1817, una copia muy exacta de la original que se encuentra en Sevilla. Si hay algo que desde niño  me ha llamado la atención, son dos placas esculpidas en mármol que se encuentran ubicadas a los lados de la puerta principal del templo, las cueles dicen lo siguiente: La del lado izquierdo “Ninguno es tan bueno que no deba entrar” y la del lado derecho dice “Ninguno es tan malo que no pueda entrar”, ahí se casaron Hilda y Humberto, mis padres, en el año 1944.

En Dos Pilitas, se halla la sede de Sanidad desde 1940. En Lídice está desde hace muchos años el hospital de emergencia Dr. Jesús Yerena, el Hospital Psiquiátrico de Caracas en el Manicomio y muchos colegios, entre ellos el liceo Perú de Lacroix, el Juan Bautista Alberdi, el San Francisco Javier y el Monseñor Arias, también una de las estructuras más viejas de la ciudad, el puente Carlos III, que pasa sobre la quebrada Catuche que fue construido en 1784, y fue decretado Monumento Histórico Nacional, aún se conserva la placa de mármol colocada por primera vez. Son muchos los sitios históricos, pero recuerdo la bajada de los perros donde los jóvenes de la época disfrutaban pasear con sus mascotas  a cualquier hora del día.

La Pastora es recordada por los caballeros que llevaban serenatas a las puertas y los balcones a las muchachas del sector. Por sus comparsas y caravanas de los carnavales. También por el alumbrado y la alegría de las navidades que bajaban, al mismo tiempo que el amigo Pacheco quien en diciembre abría las bolsas cargadas de frío traídas sobre sus hombros desde Galipán, que obligaban a los habitantes del sector a abrigarse. Esa era La Pastora, la de los techos rojos, la de infinitas flores provenientes de Galipán, la de las verduras y hortalizas frescas de la Puerta de Caracas, la del vecino amable y cortés, la de la misa del deporte a las seis de la mañana todos los 6  de enero, La Pastora de la quebrada de Catuche.

Esta nuestra Pastora, mi Pastora, ya no es la misma. Las serenatas con instrumentos musicales y la voz melodiosa de cualquier muchacho de la época fueron cambiadas por disparos de armas que se escuchan a cualquier hora por los cuatro puntos cardinales.

Los rieles del tren que atravesaban las calles desaparecieron para darle paso a huecos que por la indolencia gubernamental cada día son más. Pacheco ya no baja a nuestra Pastora, a mi Pastora por tenerle miedo a la inseguridad, pero también por las construcciones ilegales que no permiten que esas bolsas con frío puedan llegar a las aéreas comunes de los parroquianos.

Nuestra Pastora ya tiene más habitantes, pero no hubo planificación urbanística a futuro. Muy pocos gobernantes le han dado cariño, por ejemplo el actual alcalde del municipio Libertador, Jorge Rodríguez, es un servidor ausente, ya no limpia las quebradas, la basura se encuentra a montón, la inseguridad roba, hiere, secuestra y mata.

Qué triste nuestra Pastora, mi Pastora, no la vamos a dejar morir, tienen que venir tiempos mejores para ponerla linda… Estoy seguro de que así será.