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Primera profesora se une a huelga de hambre universitaria

La profesora de la ULA, Lilia Rosales | Foto: @oscar_zalazarq

La profesora de la ULA, Lilia Rosales | Foto: @oscar_zalazarq

Lilia Rosales, profesora de Farmacia de la Universidad de los Andes, fue la primera docente en unirse

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El pasado martes 4 de junio, cuatro estudiantes de diferentes facultades de la Universidad de los Andes decidieron declararse oficialmente en huelga de hambre frente al rectorado de esta casa de estudios. "@Mov13FARBIO: Estudiantes ULA inician HUELGA de HAMBRE en Rectorado ULA” fue el tweet que dio a conocer la iniciativa.

 

Unida a esta situación y gracias a la información suministrada por @Movimiento13, pudimos conocer que Lilia Rosales (47 años), profesora de Farmacia en ULA, decidió unirse a la huelga en apoyo a sus alumnos y aseguró sentirse molesta por la falta de atención por parte del Gobierno. “Los profesores que aún tenemos ética, queremos enseñar bien pero no podemos; el Gobierno no ayuda. Simplemente ya estoy cansada de la precaria situación por la que atraviesan mi familia y mis alumnos”, expresó la docente al destacar que ella y su familia intentan sobrevivir hace dos meses con un ingreso mensual de apenas 1.200 Bs.

 

La Dra. Rosales, quien además de tener una maestría en Farmacocinética Clínica y un doctorado en Farmacia Hospitalaria Clínica en Barcelona-España, también es madre de familia y divorciada. Sus dos hijos, escandalizados por la decisión tomada por su madre, finalmente le brindaron apoyo en su lucha por recuperar los derechos perdidos. “Mi hija de 24 años estudia Derecho, mientras que mi hijo de 20 años tuvo que detener su carrera de Contaduría para trabajar tres noches a la semana como portero de una discoteca y ayudarme con los gastos de la casa”, comentó indignada.

 

Lilia Rosales es la primera profesora en unirse a la huelga de hambre que comenzaron los universitarios en el país. Asegura que no se detendrá hasta conseguir su objetivo final: Recuperar sus derechos como profesional y como persona, restablecer sus comodidades y vida diaria; hace meses sus servicios domésticos están cortados y sus posibilidades alimentarias son escasas. “Lo único que quiero es que el ministro Calzadilla y el Gobierno Nacional se den cuenta de la situación, necesitamos un aumento de salario y unas instalaciones dignas en la institución”.