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"Uno nunca se prepara para este dolor"

El oficial de la policía del municipio Plaza fue el 79 en fallecer violentamente este año. Su familia aún lo llora

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Hace 10 días Naileth Amalia Navas se asomó por la puerta de la habitación que ocupaba su hermano Willibardo José Navas Rodríguez, oficial de Poliplaza, y se rió de su actitud despreocupada. Hace una semana, la misma mujer lloró mientras hacía la cola del Registro Civil para dejar los documentos relacionados con el fallecimiento del funcionario.

“Esta era una muerte anunciada, pero uno nunca se prepara para este dolor”, expresó.

Los registros del Consejo General de Policía dicen que Navas tenía cuatro años de servicio en el cuerpo de seguridad municipal, pero su hermana recuerda que en realidad el hombre pasó buena parte de sus 34 años de vida “tratando que no hubiese tanto muerto, controlando a la delincuencia”.

Sus inicios en la carrera policial los tuvo en Polizamora, hace ya 9 años. Era lógico pues toda la familia vivía en Guatire con él. Era instructor de Educación Física en liceos de la zona. Lo contrataron para que mantuviera en forma a los agentes y pronto él se transformó en uno de ellos. Posteriormente pasó unos años en la municipal de Acevedo. Su ideal era pertenecer a Interpol.

“Él siempre tuvo la intención de ser agente, pero en la familia le decíamos que lo pensara mejor, que no lo hiciera. En este país es muy duro ese trabajo. Es más difícil ser policía que hampón. Ellos (los delincuentes), por lo menos, saben a quién le corren”, afirmó Naileth Navas.

La muerte le llegó al oficial como ha ocurrido a la mayoría de los 79 funcionarios fallecidos violentamente este año en la Gran Caracas: mientras están en su tiempo libre, pero dotados con sus armas de reglamento.

Fuentes de Polizamora relataron que Navas estuvo en una cena con familiares y amigos en una de las zonas industriales de Guarenas. A las 3:30 am decidió que era hora de retirarse a dormir a su casa en Guatire, pero una mujer que estaba en el grupo le pidió que la llevara a su residencia en la moto. Navas, como lo describió su hermana, era casi un padre para sus amistades. Siempre ayudaba, siempre servía.

Pero esta vez la cortesía salió mal. La semana pasada, la mujer que le pidió el traslado permanecía bajo interrogatorio.

“Parece que lo picharon”, dijo un agente. Los matones tenían información privilegiada. Sabían que Navas estaba armado aunque iba vestido de civil. Cuando lo atacaron le dijeron, sin mayores preámbulos, que entregara la pistola. Eran cuatro los atacantes. El logró anular a dos. Los otros le dispararon por la espalda.

Su hermana no quiere quedarse con el recuerdo funesto del agente caído. Prefiere evocar en su mente las veces cuando el negrito Willi (como le decían) llegaba silbando a su casa. Un gesto característico. Cuando le llegaba a su madre con una rosa entre manos. Cuando ella sentía que los problemas la ahogaban él estaba allí para resolver, a la hora que fuese necesario.

Navas era el cuarto de siete hermanos. Era el que aglutinaba a los demás, el que armaba la fiesta. Un líder nato.
Su sepelio fue el domingo 23 de septiembre en el cementerio Ciudad Fajardo, en Guatire, donde estará siempre más cerca de la familia. Ese día el cuerpo policial, en pleno, acudió a dar el último adiós.

“Esto ha sido muy duro para nosotros”, dijo una oficial de Poliplaza.

La hermana del agente se sorprendió por la cantidad de compañeros de trabajo que acudió al camposanto.

“Tenía muchos años que no se veía un sepelio como ese. No le diré que fue gratificante. Eso sería así si él estuviera todavía con nosotros”, afirmó.

A la 1:00 pm volvieron a abrir las puertas del Registro Civil frente a la plaza Bolívar de Guarenas. Naileth Navas entró con los papeles de su hermano. Así, ella también pudo cerrar el círculo. Misión cumplida.

Primer aviso

En agosto de 2009 Willibardo Navas fue noticia sin proponérselo. Estaba en la persecución de unos delincuentes que habían cometido un robo en Guarenas.

Él iba en una motocicleta y en una maniobra equivocada se estrelló. Casi muere en el procedimiento. Siguieron meses de reposo. El agente tuvo numerosas excoriaciones y según su hermana hubo que tomarle más de 200 puntos de sutura en los hombros, parte en la que tuvo más daño.
Aún recuerda lo que le decían: “Mira lo que te pasó. Preserva tu vida y salte de ahí”. El hombre, desde luego, siguió su vocación.

Otro Familiar

Este ha sido el segundo miembro de la familia de Naileth Navas que fallece en forma violenta. Su tío Carlos Rodríguez fue ultimado a golpes durante un riña que se originó en una fiesta en Guatire en 2004.