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3.000 familias siguen incomunicadas en Turgua

En la zona rural están cansados de atravesar a pie el fango de la trocha y de las deficiencias de los servicios

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Abandonados. Así se sienten los habitantes de los sectores San Andrés y Caracol, en la zona rural del Turgua, municipio El Hatillo, a pocos días de cumplirse cuatro meses del derrumbe que fracturó, el pasado 25 de agosto, la carretera y dejó aislada a la población.

Aunque se pueden observar máquinas que trabajan en la zona afectada, los vecinos consideran que las reparaciones de la vía son insuficientes y aseguran que su situación ha empeorado visiblemente.

De hecho, hasta la pasarela que estaba construida de modo provisional se cayó el 3 de diciembre producto de fuertes precipitaciones. Por esta razón, las personas que desean ir hacia pueblo de El Hatillo o a Baruta tienen que necesariamente pasar la trocha, con el cuidado de no resbalarse y luego esperar pacientemente, en el sector conocido como Mercal, hasta tomar un transporte que los saque del lugar.

Mélida Requena vive en El Caracol y trabajaba en el ambulatorio de Turgua. Dice que se siente deprimida porque desde que se cayó la carretera el personal de odontología se vio obligado a suspender las actividades, entre otras razones porque la especialista titular no se atreve a pasar con los equipos por el pantanoso trayecto.

La educación es otra de las áreas severamente afectada por el quiebre de la vía. Requena indicó que luego de la intensa lluvia de principios de diciembre, en cuatro escuelas de Turgua tuvieron que suspender actividades indefinidamente.

Los planteles afectados son el Liceo Concentración 200, de San Andrés, la escuela Armando Reverón, de La Hoyadita, en la Mano Amiga, de La Montaña, y el liceo Concentración Nacional de Turgua, en El Caracol, y quienes allí estudian pasan sus días con la incertidumbre de no saber cuándo reanudarán las actividades.

Las trabas. La realidad en Turgua se divide en un antes y un después de la trocha. Antes de llegar a ella, en los sectores El Caracol o en La Hoyadita, por ejemplo, vía Santa Lucía, el servicio de gas llega una vez al mes, indica Requena; mientras que al atravesar la trocha, por la salida que comunica con el pueblo de El Hatillo, el suministro lo hacen cada dos semanas.

Requena lamentó que tanto para las medicinas como para atender las emergencias sean los vecinos los que deben dar respuesta ante la poca claridad y definición de las competencias que corresponden a la Alcaldía de El Hatillo y los gobiernos de Miranda y nacional.

Un comentario generalizado entre los habitantes de la zona refiere, como quien cuenta una leyenda, cómo a los pocos días de la emergencia llegó la Gobernación de Miranda con maquinaria y equipos para reparar la vía, y el Gobierno central reclamó que serían ellos los que lo harían, con lo que impidieron que se concretara la primera iniciativa.

“Ahora ni unos ni otros”, dice Alexis Domínguez, habitante de El Caracol, quien ha tenido que salir varias veces de emergencia a llevar a alguno de sus vecinos hasta Santa Lucía, en vista de que la ambulancia que debería de estar de guardia no estaba disponible.

“He tenido que dar una vuelta completa desde acá hasta Santa Lucía para llegar a Caracas y trasladar a los enfermos al Hospital Clínico Universitario. Aquí hay que armarse de valor y seguir”, dice Domínguez, quien cree que la vía debería cerrarse hasta tanto se termine de construir, pues considera que mientras las personas pasen, así sea por un caminito, no habrá prisa por concluirla.

Paradójicamente, al pasar la trocha hay un cartel firmado por los voceros de los consejos comunales que informa que la vía tiene el paso cerrado desde las 7:30 am hasta el mediodía y de 1:00 pm a 7:00 pm; así como las motos tienen restricción para circular desde las 7:00 am hasta las 7:00 pm. Esto, como lo dijo un trabajador de la obra que pidió no ser identificado, es imposible de cumplir, pues no existe ni siquiera el cordel amarillo para escalar la montaña.

“Sólo Dios sabe cuándo se terminará este trabajo, pues es él quien está zumbando ese cerro para acá abajo”, dijo el obrero. Agregó que en este momento estabilizan el terreno (con la colocación de una pantalla y un muro) y hacen los estribos y el antepecho, que servirán de base para el puente que luego levantarán.