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"Nos dijeron que estaba controlado, regresamos y explotó otra vez"

El ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, calificó de "infamia" la versión circulada recientemente de que en Amuay olía a gas, durante los días previos | Foto: Raúl Romero

El ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, calificó de "infamia" la versión circulada recientemente de que en Amuay olía a gas, durante los días previos | Foto: Raúl Romero

Confusión, desorientación y falta de información fueron elementos comunes después de la tragedia

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En la huida sólo hubo llamas y humo. El estruendo causado por la explosión en el Centro de Refinación de Paraguaná, ocurrida el 25 de agosto, fue una triste sorpresa. En La Pastora ­una urbanización cercana a Amuay­ cuentan que fueron guiados por la intuición a zonas protegidas del impacto. "Empezamos a correr para salvarnos, en el camino vimos gente que estaba herida. Todo era muy confuso, no esperábamos una tragedia así; nos fuimos desorientados a lugares que pensábamos estaban menos afectados", dijo María Teresa Navarro, habitante del sector.

La confusión se presentó los primeros cuatro días. En un testimonio recogido por el grupo Brigadas Azules de la Universidad Central de Venezuela ­que hizo trabajo de campo en Amuay­ se afirma en el sector Alí Primera, localizado detrás de los galpones de Puramín: "Aquí (los guardias nacionales) nos dijeron: `Tranquilos, ya está controlado (el fuego). Nos regresamos a casa y eso explotó otra vez".

Aunque en el estallido de Amuay se contó con el auxilio de 222 bomberos, 141 miembros de Protección Civil de varias entidades y otro grupo de rescatistas y guardias nacionales, algunos vecinos se sintieron abandonados a su suerte.

La mayoría de los rescatistas se concentraron en la refinería.

Carlos Gouveia y Gladiola Quintero, un matrimonio residenciado en La Pastora, tuvieron que maniobrar para sacar a su hija menor debajo de los escombros. "Fue difícil, pues creo que la lastimé debido a la desesperación, no sabía cómo actuar", confiesa Gouveia.

En las cercanías del Centro de Refinación de Paraguaná están las poblaciones Alí Primera, San Rafael, Creolandia, La Pastora, la urbanización Antonino, Ezequiel Zamora, y dentro de la refinería, la zona residencial de militares El Campito. Navarro, que vivió 50 años en La Pastora I, nunca recibió orientación sobre cómo actuar ante una posible emergencia en la refinería. El resto de los vecinos entrevistados en una semana aseguró que tampoco tenían preparación para evacuar el lugar en caso de accidentes.

Un bombero del municipio Los Taques, que participó en las labores de rescate, aseguró que no recordaba simulacros de desalojo en las comunidades aledañas al Centro de Refinación de Paraguaná.

José Bodas, sindicalista de Petróleos de Venezuela, compañía encargada de la refinería, señala que en la práctica no hay programas de contingencia en la petrolera que preparen a la población. "En las propagandas de la empresa se anuncia que hay una política destinada a las comunidades, pero en la realidad no se hacen esfuerzos por educar en casos de accidentes. No sólo se trata de misiones sociales, también hace falta preparación ante emergencias", agregó.

Las acciones preventivas ejecutadas por Pdvsa se divulgan en boletines, alertas, normas, leyes, entre otros documentos informativos. Se destaca la capacitación técnica del complejo petrolero en el cual se imparten para el personal talleres de combate de incendios, protección respiratoria y técnicas de rescate, según el Balance de la Gestión Social y Ambiental 2010 de la empresa. No se mencionan, sin embargo, simulacros destinados a preparar a las comunidades sobre cómo afrontar posibles emergencias en la refinería.

Tampoco se refieren a sistemas de alerta externos que pudieran advertir a la comunidad adónde acudir.

Otro tipo de angustia se registró en algunos sectores de Alí Primera. Los damnificados de la tragedia se sintieron confundidos ante el colapso de los refugios. En Jairo Rada tuvieron que dormir en las calles y sólo fueron trasladados a un centro de acopio después de seis días.

Una mediana suerte. Bodas agrega que la tragedia pudo ser peor: "En el Centro de Refinación de Paraguaná trabajan alrededor de 8.000 personas en el día, pero en la noche se queda un personal de turno ­en las áreas de seguridad, laboratorios y operaciones de planta, especialmente­ que alcanza 500 empleados. La suerte también benefició a la gente que se salvó de la explosión porque no laboraba en ese momento".

Las vacaciones, igualmente, pudieron influir en una menor concentración de familias en las comunidades vecinas a la refinería. "Muchas personas estaban fuera, en otros estados. Eso, quizás, los salvó de esta tragedia", dijo Jenny Gouveia.

Los vecinos de La Pastora I también relatan que la hora de la explosión, 1:10 am, salvó a los visitantes de los restaurantes y comercios cercanos a la refinería. "Acá hay un local que se llena siempre de gente. Pero gracias a Dios había cerrado antes de la explosión, la tragedia hubiese sido peor", indicó Oleida de Nóbrega.