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La desolación comienza a imperar en La Punta y Mata Redonda

Transitar por las calles más cercanas al muro de contención es toparse con una escena de desolación | Foto: Laudelyn Sequera

Transitar por las calles más cercanas al muro de contención es toparse con una escena de desolación | Foto: Laudelyn Sequera

La opción para adquirir casas a través del mercado secundario en cualquier región del país fue presentada a los propietarios de estos urbanismos

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Frustración, tristeza, impotencia y hasta la resignación de tener que salir de sus casas a donde sea, se puede observar en los rostros de las personas que aún habitan en los urbanismos La Punta y Mata Redonda, zona de alto riesgo del sur de Maracay debido al aumento acelerado del nivel del lago de Valencia.

Transitar por las calles más cercanas al muro de contención es toparse con una escena de desolación, calles de barro, maleza, agua estancadas y basura. Donde meses atrás había casas habitadas por familias de clase media, hoy sólo hay ruinas. Sus habitantes las han desocupado buscando sitios más seguros alejados del peligro que representa la cuenca.

Algunos han llevado sus enseres a casas de familias u otros pasan los días entre sus casas y los espacios cedidos por amigos en sus hogares o los refugios habilitados en hoteles.

Los que habitaban como inquilinos han sido los primeros en abandonar las casas. Los propietarios que viven en la zona se niegan a desalojar los inmuebles hasta tanto el Estado los indemnice o los reubique en otras viviendas. No quieren ir a refugios y perder lo poco que les queda.
En las puertas y paredes de las casas están las muestras de hasta donde ha alcanzado el nivel del agua cuando ha habido fuertes precipitaciones.

La delincuencia se ha aprovechado de la situación y han desvalijado las casas desocupadas: se han llevado puertas, ventanas, techos y hasta los juegos de baños.

En las paredes de las viviendas están las marcas de la palabra SOS, que representa la exclamación de ayuda de las más de las 600 familias que aún residen en la zona, teniendo como vecino un enorme cuerpo de agua, que se ha convertido en una amenaza constante en el lugar. Muchos propietarios comentan que la única persona que les ha dado la cara es Rafael Morales, director del hospital Los Samanes, el centro de salud que está a pocos metros de los urbanismos.

Vecinos señalan que gracias a su apoyo y diligencias es que algunos han sido sacados a refugios u otras casas.

Iraima Ruiz, que vive en la manzana 11, expresó que la forma más rápida y expedita de solucionar la situación es que los indemnicen: “No hay tiempo para esperar que busquen casas en el mercado secundario o el primario, tiene que revertir la medida de cambiar casa por casa y nos den la indemnización; en tres días abandonamos los urbanismos”.

Esta semana a los propietarios de las casas afectadas les plantearon que el Estado buscará inmuebles a través del mercado secundario en cualquier parte del país.

Vecinos de la zona comentaron que la entrega de estas viviendas sería de acuerdo con un avalúo que hicieron las mismas autoridades en la región.

Explicaron que debieron entregar una planilla en la que precisaron los metros de terreno, de construcción, anexos y cuántas personas habitaban en cada una de las viviendas; sobre la base de estos datos le asignarían otra casa a través del mercado secundario.

El Estado compraría casas basándose en un tabulador de 600.000 a 800.000 las casas pequeñas; de 800.000 a 1.200.000, las viviendas medianas, y hasta 1.500.000 las casas con mayor extensión de terreno y construcción.

Iraima Ruiz señaló que existe todavía 80% de propietarios en la zona que piden su indemnización económica.

Los habitantes de Mata Redonda y La Punta esperan abandonar los urbanismos, a más tardar, en diciembre.

Sin fecha de salida. El martes 9 de octubre, el Ejecutivo regional emitió un decreto de desalojo preventivo de 638 familias que habitan esta zona porque el agua del lago estaba sobrepasando el muro de contención construido hace 6 años. La medida se tomó por el temor a que con el paso del agua se registre una anegación lenta, pero progresiva de la zona.

Fue ese día cuando algunas familias comenzaron a abandonar el lugar; sin embargo, según el último reporte emitido por Protección Civil, 168 familias han sido trasladas a los moteles y hoteles dispuestos para los afectado del lago.

El decreto de desalojo fue extendido a doce comunidades aledañas a la cuenca y en estos sitios de hospedaje también han llevado a familias de comunidades de Brisas del Lago y Paraparal, que también tienen el agua del lago dentro de sus casas.

En el hotel turístico Las Américas, situado en Brisas del Lago, fueron habilitadas el sábado 20 habitaciones “por sólo 4 noches”, comentó uno de los encargados; de eso ya han transcurrido 6 días y las familias continúan en el mismo sitio.

Al motel Lancelot, en la avenida Aragua de Maracay, llevaron a las familias de Mata Redonda y La Punta. Nelly Rodríguez, junto con su mamá Bélgica Sánchez, lleva una semana viviendo en este sitio. Ambas son personas de la tercera edad, cuyos hijos y nietos decidieron que fueran llevadas a este albergue para su tranquilidad.

“Es triste salir de mi casa donde viví por más de ocho años a prácticamente un refugio, no es fácil porque no estamos con la familia, pero dejamos todo en manos de Dios”, expresó Rodríguez. En la habitación asignada para madre e hija tienen solamente su ropa. En la habitación siguiente duerme un hijo de Nelly Rodríguez junto con un nieto. El resto de las cinco personas que integran el núcleo familiar se quedaron en su vivienda de Mata Redonda, por temor a que se las desvalijen.

“Aquí hay bastante vecinos que durante el día trabajan y en la noche vienen a dormir, así como también muchas mamás con sus hijos a las que no les quedó otra que venirse a estas habitaciones”, comentó Nelly Rodríguez, quien expresó que en la tarde se puede ver a los pequeños jugando entre los estacionamientos de las habitaciones.

La permanecía de estas familias en los moteles no tiene una fecha tope, a las personas no les han dicho cuándo les darán su nueva casa: “A nosotros nos trajeron hasta acá y no sabemos cuándo vamos a salir”. Les llevan desayuno, almuerzo y la cena.
Los moteles ya se encuentran copados y el censo se realizó hasta el pasado lunes.