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Vivir al borde del abismo

Decenas de familias de Ciudad Guayana residen a los pies de farallones que amenazan con devorar sus casas

Decenas de familias de Ciudad Guayana residen a los pies de farallones que amenazan con devorar sus casas

Decenas de familias de Ciudad Guayana residen a los pies de farallones que amenazan con devorar sus casas

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Ya no existe el patio de la casa de Sidonio Freites. Un hueco profundo en el fondo de su vivienda se lo tragó. Una tarde de 2011, en la temporada de lluvia, vio cómo su mata de aguacate, de lechosa y un cuarto para las visitas caían al final del farallón. Desde entonces, cada temporada de lluvia le recuerda la voracidad del hueco que día a día crece en el patio de la vivienda y afecta a otras 22 familias en la comunidad de Pinto Salinas, localizada en el municipio San Félix.

Desde la calle, las fachadas no dan cuenta del riesgo: apenas 2 metros de cemento separan a Freites de un barranco de casi 30 mts de altura, depósito de aguas de lluvia y basura.

Freites usó las manos para poner cada bloque de la residencia y se niega a deshabitarla, pese a que, el resto puede terminar en el piso de esa fosa profunda conocida como cárcava.

Como él, la mayoría de las familias en situación de riesgo se niegan a desalojar sus viviendas. Desconfían del Estado. "Ellos lo que quieren es agarrar los terrenos y construir aquí y vender. Luego, dejarnos sin casa a medio terminar", aseguró.

En otras áreas de Ciudad Guayana cientos de familias también están esperando una solución. Habitan al borde de terrenos que parecen golpeados por un meteorito; de ahí que los embargue el temor de que un día esos huecos se ensanchen.

De alto riesgo. Con base en datos de la Coordinación de Desarrollo Urbano de la Alcaldía Socialista de Caroní, hay 62 cárcavas activas en el municipio. De esta cantidad, 60 están en San Félix, según el diputado al Consejo Legislativo por La Causa R, César Ramírez.

El funcionario calcula que en esa localidad hay 30 familias afectadas por cada cárcava, lo que da un resultado de 1.800 familias en esta situación.

De todas las zonas, la más riesgosa es Alta Vista, donde Ramírez cree que 84 familias se encuentran perjudicadas.

En ese sector, unos pocos metros separan al edificio Manantial del borde del hueco de más de 30 metros de profundidad, abierto en junio de 2012, cuatro años después de su última rotura.

La cárcava no sólo amenaza a diario a las familias del conjunto residencial y de la urbanización Roraima, sino que impide el tránsito por una de las dos vías de acceso al hospital Uyapar.

Además, la alcaldía no dispone de los recursos necesarios para hacer la reparación y la Gobernación del estado Bolívar se comprometió a ayudar, pero se ha hecho poco.

La presidente de la junta de condominio de la residencia Manantial, Morella Guerra, comentó que varios vecinos han decidido vender sus apartamentos.

Tanto en San Félix como en Puerto Ordaz las familias esperan que se avecine un nuevo proceso electoral para que les presten atención. "Es la única manera de que resuelvan", señaló Sidonio Freites.

Historia. Partiendo de los datos de la Alcaldía de Caroní, de las 62 cárcavas activas, 7 son de alta peligrosidad.

"Se desconoce cuándo el relleno sedimentario (Formación Mesa) comenzó a levantarse. Se supone que fue a lo largo, cuando la incisión por los ríos se fue desarrollando en escarpes empinados y muy inestables".

El fenómeno, señalan en un informe de febrero de este año, ocurrió a finales del Pleistoceno, cuando el clima era más seco que en la actualidad. En las últimas tres décadas la erosión de las cárcavas de Ciudad Guayana se ha ido incrementando conforme aumenta el torrente de las quebradas y la creación de los procesos de vertientes.

El geógrafo Gustavo Veitía, estudioso del desarrollo de las microcuencas, expuso en la década de los ochenta el plan rector de la ciudad que estableció que varias de estas zonas eran de reserva. Una vez perdida la planificación, el crecimiento improvisado hizo permisible la construcción en zonas de riesgo.

Sin embargo, aunque se estableció que esos terrenos no eran habitables, la inversión es impostergable. "Lo más recomendable es que ninguno de esos terrenos sean habitados. Hay que hacer una protección de todo el talud de donde cae el drenaje, y hacer un trabajo mayor", afirmó el geólogo.