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Obispo de Puerto Cabello: “Venezuela está hoy necesitada de respeto mutuo”

Monseñor Saúl Figueroa Albornoz, obispo de la diócesis de Puerto Cabello, en la bendición del mar | Foto: Tibisay Romero

Monseñor Saúl Figueroa Albornoz, obispo de la diócesis de Puerto Cabello, en la bendición del mar | Foto: Alcaldía de Puerto Cabello

Monseñor Saúl Figueroa Albornoz, obispo de la diócesis de Puerto Cabello, realizó la bendición del mar, una tradición que se cumple cada Domingo de Resurrección desde hace 153 años

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Desde antes de las 6:00 am de este domingo, cientos de fieles del estado Carabobo y de otros sitios del país se reunieron en el malecón de Puerto Cabello, para celebrar la edición 153 de la Bendición del Mar, que se ha vuelto ya tradición en esta ciudad de la costa carabobeña.

Los feligreses, con imágenes religiosas y botellas de agua en sus manos, comenzaron a acomodarse en tierra firme frente a la gabarra dispuesta para oficiar la eucaristía. Al igual que los últimos años, desde el mar, en sus lanchas y peñeros, un grupo de pescadores y surfistas en sus tablas esperaron la bendición del domingo pascual.

Monseñor Saúl Figueroa Albornoz, obispo de la diócesis de Puerto Cabello, ofició la celebración eucarística. Las notas musicales las colocaron los miembros de la banda municipal Bartolomé Salom.

“Hoy domingo de Resurrección celebramos esta gran misa, un día donde el retorno de Cristo debe ser nuestra principal creencia. El apóstol San Pablo dijo que si él no hubiese resucitado todo hubiese sido en vano, y el puente entre la tierra y el cielo se hubiese caído para siempre, por eso afirmamos que él nos ha abierto el camino al cielo y no debemos anteponerlo ante otra cosa”, señaló. 

También afirmó que a diario se viven problemas comunes, angustias, enfermedades, crisis financieras, pero ante eso hay una respuesta si se coloca la confianza en el Señor. “Al bendecir el mar, Jesús se convierte en una vida que nos recuerda que fuimos bautizados, el bautismo es la muerte del hombre viejo y el nacimiento del nuevo, por eso nos llevamos esta agua bendita que recuerda nuestro propio bautizo. Los frutos del espíritu son el amor, la paz, la paciencia; Venezuela está hoy necesitada de respeto mutuo, por tanto hermanos roguemos al resucitado a que nos dé el don de la paz, que no nos quedemos en la crítica, que aportemos soluciones”, expresó monseñor Figueroa Albornoz.

Luego de la homilía,  bendijo las aguas y los fieles creyentes elevaron sus envases, mientras las embarcaciones sonaban sus sirenas.

Monseñor Figueroa Albornoz también pidió por los pescadores, así como por las empresas públicas y privadas que se relacionan con el mar, las navieras, almacenadoras, transportistas, por la preservación del eje costero de Carabobo y solicitó a los ciudadanos que cuiden los mares, al tiempo que reiteró que el mar y el agua son signos de la presencia de Dios.