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En Táchira a veces el humor se acaba más rápido que la leche

Al igual que la esperanza, la cordialidad es lo último que se pierde.

Al igual que la esperanza, la cordialidad es lo último que se pierde.

El Táchira es un escenario donde se confrontan la política y la fe, y aunque el terreno neutral es la capital, muchos se preguntan ¿A dónde fue a parar la ciudad de la Cordialidad?

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La próxima semana las cancilleres de Colombia y Venezuela discutirán la apertura de la frontera entre ambos países, y solo un día separará dicho debate de la celebración del Santo Cristo de La Grita, una advocación que arrastra numerosas personas del Táchira y habitantes de otros estados que han estado o vivido en la entidad fronteriza.

El estado se ha catapultado  desde agosto del año pasado  en diversos medios de comunicación por el cierre del puente Simón Bolívar, ubicado en San Antonio. Pero, más allá de esa frontera, dentro de las montañas tachirenses, por estos días hay una contienda.  “No eres tu, soy yo”; o San Antonio o La Grita, o la política o la fe, las personas se debaten entre lo uno y lo otro infructuosamente.

Ayuda divina

Atrás quedaron aquellos días, cuando había un mayor poder adquisitivo y personas de otros estados llegaban al Táchira, bien a la Feria Internacional de San Sebastián o al peregrinar hasta la Basílica del Espíritu Santo donde se encuentra la imagen del Santo Cristo de la Grita. Al igual que en otros estados, las tradiciones y las ferias eran celebradas con gran envergadura pero con el tiempo han debido adaptarse a las carencias.

Lo que muchos o todos de los que caminarán a La Grita, desde este fin de semana, pedirán fervientemente es poder sortear las numerosas vicisitudes que se viven por estos días, que no escatiman de espacios ni fronteras. Aunque esta semana la confrontación fe contra política se apodera del Táchira, es un fenómeno que se puede ver en cualquier rincón de Venezuela, donde hasta en una cola de supermercado, las personas le van rezando al santo de su devoción por conseguir leche, azúcar, pasta o cualquier producto.

Cordialidad en tela de juicio

Al hablar de los productos básicos e incluir al Táchira en la misma oración, se debe hacer referencia al característico pan andino, cuya producción ha ido descendiendo desde hace varias semanas y, al parecer, a los ojos de quienes viven en otros estados también la cordialidad, sinónimo de la capital San Cristóbal.

La cordialidad de los habitantes de la ciudad se puso en tela de juico con las llamadas guarimbas, cuyas imágenes al igual que las de las personas atravesando el puente, dieron la vuelta al mundo. Ahora, a quien sale de las colinas de San Cristóbal no le dicen ‘gocho’ o ‘gocha’, le preguntan ¿tiraste piedras? ¿eres guarimbero o guarimbera?, ya quedó como una marca como esos números que muchos se marcan en la piel para organizar las colas.

A pesar de eso,  el humor siempre está a flor de piel. Sin embargo,  a veces el humor se acaba más rápido que la leche. Es algo generalizado pero, en el caso de los que viven en San Cristóbal, fue desde febrero de 2014 que la GNB evaporó gran parte de la cordialidad que allí había, cuando la gente se vió en la necesidad de protegerse con barricadas.

Son esos momentos contundentes y decisivos los que hacen que vuelva a entrar la religión, que es la válvula de escape, donde la feligresía se apoya de la fe para pedir paciencia y que no falte el pan de cada día que, en el Táchira, es literal. A fin de cuentas en la entidad, como en toda Venezuela, desde cualquier perspectiva en que se vea la crisis, al igual que la esperanza, la cordialidad es lo último que se pierde.