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En Santa Ana bailan el trompo en Semana Santa

Un total de 25 participantes de 5 equipos mostraron sus habilidades en el juego tradicional

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El Jueves Santo a las 9:00 en punto comenzaron a congregarse los participantes al juego del trompo a las afueras de la Alcaldía de Córdoba, en el suroeste del Táchira. Algunos se quedaron en la kilométrica cola que se formó por el Vía Crucis en el que asistieron habitantes de poblados cercanos como Vega Grande, Quinimarí y La Buenaña, entre otros.

En la medida en que se juntaron los competidores de cinco equipos para participar en el tradicional juego iban haciendo gala de sus destrezas en el manejo del trompo. Los de más experiencia llegaron con sus juguetes envueltos en una bolsita plástica. El reto: cumplir con un recorrido de más 15 cuadras para celebrar la Octava Vuelta a Santa Ana en Trompo.

El juguete tiene tal importancia en este municipio tachirense que su figura está en el centro de la bandera de esa localidad.

“Es un evento familiar en el que participan familias completas, incluso de otros municipios. Este año hubo una particularidad y es hicimos 800 trompos para los niños de las barriadas y así sembrar la identidad cordobense”, dijo Virginia Vivas, alcaldesa del municipio.

Los oriundos de Córdoba aseguran que las otras localidades de Táchira donde se baila el trompo –como Borotá, Lobatera, Táriba y Rubio– se inspiraron en el juego que se hace en Santa Ana desde el momento de su fundación cuando, según las crónicas, don Timoteo Chacón contrató en el año 1860 a un carpintero colombiano para que fabricara los accesorios de la casa fundacional.

El hombre también sabía hacer trompos y eso enamoró a los hijos de don Timoteo, que perfeccionaron la técnica y con el paso de los años el auténtico trompo santanero ahora se fabrica en Córdoba de la mano de Eusebio Vivas.

Luego del torneo los participantes y asistentes prosiguen con las actividades propias de la Semana Santa. “A Dios rezando y con el trompo bailando”, agregó Vivas.

Desde la monja

Alrededor de la monja –o círculo donde se da la partida a la competencia– los participantes enlazaron sus cordeles alrededor de los trompos y los soltaron a bailar. Otros en actitud retadora lanzaron los suyos sobre los de otros que estaban bailando. A ese movimiento se le conoce como “seca”. Y a veces la fuerza empeñada es tal que el trompo se parte y queda como trofeo para el que lo hizo.

“En junio cumplo 80 años de edad, y tengo 60 años bailando trompo. Todos los años participo en el juego. Estos trompos son hechos aquí en el municipio, no son chinos. Los trompos de Santa Ana tienen fama de buenos porque los hacen de madera de mortiño. Este nunca se raja”, señaló José Zenón Beltrán del equipo Los Titanes, y a quien llaman con cariño y respeto “el Veterano”.

Pablo Uzcátegui vive en el municipio Torbes donde ha sumado 18 triunfos con el baile del trompo, victorias que agradece a Dios y todos los santos. Desde que se celebra La Vuelta a Santa Ana en Trompo se va a Córdoba para participar. Este año fue la excepción porque debía guardar reposo.

“La tradición del trompo no me deja estar acostado y vine a ver la salida. Yo lo enrollo con la zurda y lo bailo con la derecha. El hecho de que me falte la zurda no quiere decir que no pueda hacerlo. Lo único que no hago es recogerlo con la mano, pero lo recojo con el cordel”, explica Uzcátegui.

“No sólo es enrollarlo y lanzarlo al suelo. Debe bujar, debe durar bastante tiempo bailando en la uña o en la mano, levantarlo con el cordel las veces que sea sin que deje de bailar, darle la vuelta. Es técnica”, dijo otro de los asistentes.