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Reportero del Miami Herald contó la experiencia de su detención en Venezuela

Jim Wyss habla con los medios a su llegada de Venezuela |Foto vía @elNuevoHerald

Jim Wyss habla con los medios a su llegada de Venezuela |Foto vía @elNuevoHerald

Wyss informó que se comenzó a preocupar cuando estaba en el asiento trasero de un carro blindado sin identificaciones y escoltado por tres hombres fuertemente armados

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El periodista del diario estadounidense The Miami Herald, Jim Wyss, contó la experiencia de su detención de 48 horas en San Cristóbal, estado Táchira.

Wyss informó que se comenzó a preocupar cuando estaba en el asiento trasero de un carro blindado sin identificaciones y escoltado por tres hombres fuertemente armados.

"En ese momento había estado bajo custodia de la Dirección General de Contrainteligencia Militar de Venezuela durante 24 horas. No sabía qué esperar. Todo lo que sabía era que una´comisión´ aguardaba por mí", dijo el periodista luego de su llegada a Estados Unidos.

Explicó que sus problemas comenzaron el jueves en San Cristóbal estado Táchira, donde "había pasado el día entrevistando a líderes de la oposición y del partido en el poder acerca de las elecciones municipales del 8 de diciembre".

En la zona todos los entrevistados dijeron que el contrabando era un tema caliente que afectaba la situación económica en el país.

El periodista hizo un recuento de la crisis en el país para conseguir productos de primera necesidad de papel sanitario, arroz y pollo, lo que ha incrementado el contrabando con Colombia, donde los productos pueden ser vendido hasta por 6 o 7 veces por encima del precio oficial en Venezuela.

"Yo quería estadísticas sobre el contrabando y varias fuentes me dijeron que se las pidiera a la Guardia Nacional Bolviariana, que controla la frontera. Tras una llamada telefónica a su cuartel, me invitaron a hacer la solicitud en persona", explicó.

Agregó que todo parecía ir bien después de que se presentara como reportero y le dijeron que “el general” de la Guardia hablaría con él. "La tarde se convirtió en noche entre múltiples mensajes de que “el general” había encontrado un lugar en su agenda para mí. A las 7 p.m. -después de una cuatro horas de espera- les dije que tenía que irme. Me dijeron que no podía", puntualizó.

Después de la espera fue entregado al “inspector”, quien lo llevó a un carro blindado para llevarlo “a su oficina”.

"Su oficina era una casa como cualquier otra en una calle como cualquier otra en San Cristóbal. Las ventanas tenían múltiples barrotes. Una vez adentro, me dijeron que estaba siendo investigado por la contrainteligencia militar", agrega.